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CRÍTICA DE VISITORS

Por Enrique Abenia
   
Se trata de una modesta producción australiana que pudo verse en
la edición de cine fantástico y de terror de Sitges 2003 y que se lanzó al
mercado del DVD a finales del pasado año, aunque estuvo a punto de ser
estrenada en nuestros cines. No hay que confundirla con la entretenida
Los visitantes, otra cinta de terror que llegó hace algunos meses a nuestras
pantallas.


La premisa de la que parte el filme es interesante y el director no alarga
el inicio en largos preámbulos. Tras una pequeña presentación del personaje
de Georgia y su entorno, la acción pasa a desarrollarse en alta mar, donde
tiene lugar el grueso de la trama. La atmósfera que impregna a la película
es envolvente, aterradora y muy bien conseguida a pesar del escaso
presupuesto con que fue realizada. Este ambiente nos introduce poco a poco
en la mente cada vez más paranoica de Georgia (interpretada con amplia
solvencia por la emergente Radha Mitchell, presente en cintas como Pitch
Black
y Última Llamada) que empieza a confundir la realidad con su
imaginación debido a la soledad en la que se encuentra. En este sentido, uno
de los mayores logros del filme son los extraños diálogos que Georgia
entabla con su gato, como si éste pudiera seguir una conversación, todo un
indicio de que la locura se apodera de la protagonista.


Las visiones no tardan en aparecer y es aquí donde se nos muestra lo
particular de la película, que sustituye las convenciones del cine de terror
psicológico por un terror más bien existencial, donde la protagonista se
plantea diversos aspectos de su vida. Este giro argumental puede resultar
tan estimulante como molesto, ya que los aficionados al terror puro y duro
pueden verse decepcionados y considerar Visitors como una obra fallida con
más drama que tensión. En cambio, habrá otros que vean el filme como una
muestra más de que el cine de terror de los últimos años tiene más mensaje
de lo que se pueda creer a simple vista.


Independientemente de las preferencias de uno u otro, Visitors es una
entretenida película que sirve para pasar el rato con creces, sobre todo por
su pretendida originalidad. Lástima que los secundarios no estén a la altura
de Mitchell, pues Susannah York resulta algo histriónica y Dominic Purcell
(al que pronto veremos en Blade Trinity) no da la talla en su actuación.

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