CRÍTICA DE CRONOS

Por Carlos Marín
 
Allá por el año 93 un joven director mexicano rompía en el mundo cinematográfico con una película de vampiros arriesgada y diferente. Su nombre era Guillermo del Toro y desde entonces ha ido subiendo escalones a velocidad de rayo, pasando de director promesa a una de los realizadores estrellas en el panorama cinematográfico.

Y es que Cronos es toda una muestra de lo que del Toro lleva proponiéndonos desde siempre: el gótico-romántico impregnando la pantalla, personajes extraños e incomprendidos, el color y la imagen como método de comunicación... Todo rodeado con una clara referencia a la Hammer y a los monstruos (no tan monstruos) de la época (el paralelismo entre la relación abuela-nieta con el niña-monstruo del Frankenstein de Karloff es más que evidente).

Se podría decir que la película que nos ocupa es más un cuento de hadas oscuro y trágico que una típica historia de vampiros. El guión se preocupa de mostrarnos un pequeño melodrama fantástico, donde los detalles y las relaciones entre personajes son tan importantes como los hechos que hacen avanzar la historia.

Puede que la intención de ahondar en tanta personalidad y en tanta minuciosidad de personajes el ritmo acabe decayendo, y acabe pareciendo que el tiempo, elemento fundamental y central de la trama, pase lento y despacio, acabando en una pequeña montaña rusa que no logrará satisfacer al amante de duelos finales o sangrientos desenlaces.

Se nota que, aunque apunte tan buenas maneras, del Toro es novato en la dirección y se le escapa mucha fuerza visual, aún por su esfuerzo en codificar los colores en pantalla con tanta astucia (esa fábrica azul fría, esa niña con vestido rojo...), para que al final pase desapercibido hasta para el que se intenté involucrar más en lo que ve que en lo que escucha.

Por lo demás, Cronos es una magnífico bautizo cinematográfico, algo más que el típico método de aprendizaje que tantos y tantos directores nóveles suelen ofrecer; una película sobre el paso del tiempo, los lazos familiares y el dolor de ver que todo, absolutamente todo, es finito. Y eso que es una película de vampiros...

Lo mejor: la originalidad del concepto y la potencia visual del mexicano (el plano final es bellísimo). Mención especial al gran Federico Luppi.

Lo peor: La poca sustancia que se puede sacar de un material tan bueno como el de partida. Que del Toro, ahora con más años de experiencia a sus espaldas, no vuelva al género vampírico. Toda una pena.
 
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