CRÍTICA DE DRÁCULA 1972 (DRÁCULA 73)

Por Miguel Martín
 
¿Alguien puede resistirse a comprar/ver una película sobre Drácula cuya frase promocional es “El Conde ha vuelto, observa a las chicas más bonitas de Londres… y le gusta todo.”? Desde luego un servidor no.

Tras un breve prólogo en el que Van Helsing muere junto a su eterno enemigo Drácula, la acción del film se traslada a un Londres en plena explosión pop. El mítico vampiro resucitará con la ayuda de un joven la mar de rarito cuyo apellido Alucard pone a las claras desde el primer momento sus malvadas intenciones.

La Hammer decidió en los años 70 actualizar algunos de aquellos monstruos míticos que le habían hecho alcanzar sus mayores éxitos, pariendo entre otras películas este demencial experimento de estética kitsch en la que la participación del Conde Drácula se reduce casi a apariciones estelares. Para la ocasión la mítica productora reclutó a dos de sus actores de renombre para los papeles principales: Christopher Lee una vez más se encargó de dar vida al emblemático vampiro Drácula, y Peter Cushing se metió en la piel del cazavampiros Van Helsing (y descendientes).

El protagonismo de la historia recae en un grupo de jóvenes y adinerados hippies que caen gordos desde su primera aparición (eterna actuación musical incluida). Su comportamiento idiotizado y feliz les hace ser unas víctimas propicias para el Conde, y sus muertes no causarán el mayor impacto en el espectador. Es más, de algunas de ellas es probable que incluso se alegre demasiado.

El film tiene algunas buenas escenas, como la extraña misa satánica en la iglesia abandonada o la muerte de Alucard, que demuestra que además de ansias vampíricas también le embarga una enorme cantidad de gafe. Además resulta entrañable ver a Lee ventilarse a las más atractivas jovencitas del film (si es que Drácula de tonto no tiene un pelo…). Eso sí, la inclusión de música setentera para las persecuciones rompe cualquier tipo de tensión. Y la estética colorista tampoco ayuda demasiado a meter en situación al espectador.

“Drácula 1973” entretiene, divierte con su formato similar al de un cómic (solo falta que apareciera Blade para rematar la faena). Pero de terror, nada de nada. Además el guión guarda incoherencias de todo tipo (sobre todo a nivel de las edades de los personajes y en la desubicación permanente de escenarios), pero más de treinta años después de su estreno se puede ver como una curiosidad freak de lo más divertida.
 
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