CRÍTICA DE EL VALLE DE GWANGI

Por Miguel Martín
 
Entretenida película cuyo mayor aliciente es disfrutar de los diferentes animales extintos a los que da vida la técnica stop-motion del maestro Harryhausen.

Resulta meridianamente imposible no mantener fija una sonrisa en los labios ante un argumento de proporciones tan bizarras: ‘El Valle de Gwangi’ es una extraña mezcla entre un western y una película de monstruos pretéritos. No en vano el final del mismo es un calco del de ‘King Kong’, lo que le da manga ancha a Harryhausen para marcarse algunos momentos únicos en la labor de los efectos especiales.

Por lo demás, ‘El Valle de Gwangi’ nos muestra unos personajes que caen simpáticos al espectador (al menos en su mayoría), principalmente por sus contradicciones y sus reacciones imposibles. No olvidemos que se trata de una película de 1969, por lo que las gotas de machismo se muestran de manera evidente. Ello hace que la relación entre la pareja protagonista sea completamente anacrónica a día de hoy, lo que causará más de una carcajada a lo largo de su visionado.

El argumento de ‘El Valle de Gwangi’ es tan simple desde su punto de partida que es difícil que defraude a alguien. Se trata de un film plano a la par que entrañable en el que los vaqueros se ven envueltos en una aventura con dinosaurios (aunque de vez en cuando aparecen también desconcertantes referencias a maldiciones o leyendas gitanas). El caso es que no deja de tener su gracia ver cómo los jinetes cazan a los monstruosos reptiles a lazo.

Lo dicho: una bizarrada en toda regla.
 
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