Maestros del mal: Los 60 mejores actores y actrices en papeles de villanos



Un buen villano tiene potencial para robar cualquier película en la que aparezca. Algunos actores, sin embargo, temen esta clase de roles, por miedo “a que ensucien su imagen”, o les quite potencial estelar en la industria del cine. En otros casos, los actores solo visitan estos roles esporádicamente.

Sin embargo, también hay estrellas y veteranos actores que han desempeñado estos roles infinidad de veces, y su imagen cinematográfica está asociada a estos papeles. Este artículo está dedicado a estos grandes profesionales, que han demostrado su talento en infinidad de personajes malvados y retorcidos (y que en muchos casos se las han apañado para convertirlos en las verdaderas estrellas de dichas películas).

Criterios de selección:
Se valora el haber interpretado a personajes icónicos, en tanto en cuanto dichos personajes requieran una labor de interpretación más allá de darle sustrato físico. Por ejemplo, estar dentro del traje de Godzilla o Gamera durante la saga no sería suficiente, dado que la labor reconocible pertenece más al efecto especial. En cambio, Andy Serkis, especializado en papeles de captura de movimiento, en los que rara vez se le ve la cara, sí aporta una calidad interpretativa suficiente (y sobrada) además de que resulta reconocible como actor.

Se requiere una carrera prolongadamente dedicada a estos roles, con multitud de papeles de este estilo, a lo largo de décadas, dejando su sello en los mismos. Si un actor ha hecho como mucho uno o dos villanos en su vida, aunque la interpretación sea espectacularmente magnífica, como Henry Fonda en “Hasta que llegó su hora” de Sergio Leone), estaría fuera del concepto que se busca en estos criterios. Además, el actor aunque aparezca como villano en una saga concreta, con varias películas, tendría que aparecer en más títulos diferentes en estos roles.

Se valora especialmente la participación en géneros cinematográficos proclives a dar mucho peso a los villanos, como el terror, el cine negro, el fantástico o el superheroico.
No es imprescindible estar especializado en esta clase de papeles, ni mucho menos encasillado, pero también es algo a tener en cuenta.


PARTE I: REYES DEL TERROR CLÁSICO

LON CHANEY (1883 – 1930)



El hombre de las mil caras, la industria del cine debe mucho a Lon Chaney, pionero de los efectos de maquillaje, que interpretó a una amplísima gama de personajes, muchos de ellos atormentados y físicamente deformes, en los que Chaney recalcaba su humanidad, sin olvidar el elemento grotesco.
Con frecuencia, los efectos de maquillaje de Lon Chaney resultaban dolorosos e incómodos de llevar, pero él lo soportaba con estoicismo y profesionalidad. Ascendió de la nada, empezado con pequeños papeles que conseguía en el estudio por la ventaja que le daba su capacidad de caracterización. Ascendió hasta convertirse en la primera estrella de cine “atípica” de Hollywood.
Diversas obras de Chaney son actualmente consideradas como de terror (“El fantasma de la ópera”, “El jorobado de Notre Dame”), aunque en su momento se comercializaron más como cine épico o adaptaciones de novelas clásicas.
En general, siempre consiguió que sus villanos fueran empáticos, transmitir su dolor, y en casos como su mejor rol, y su mejor maquillaje, el Fantasma de la ópera, dotarlos de un gran carisma.
Su hijo heredó su rol en Hollywood, bajo el nombre artístico de LON CHANEY JR. y aunque es un actor memorable, con papeles como el Hombre Lobo, siempre estuvo a la sombra de su padre, y nunca alcanzó su inmenso nivel.

BELA LUGOSI (1882 – 1956) Y BORIS KARLOFF (1887 – 1969)



Se trata de dos de los mejores actores de la historia del cine de terror, que hicieron historia en las películas de monstruos de la Universal. Entre ambos actores cubrían todos los registros posibles en dicha incipiente era del terror gótico.
Bela Lugosi, el rey de los vampiros, definió para siempre el personaje del Conde Drácula, y en torno al éxito de dicha película, en 1931, se construyó la industria del cine de terror en Hollywood, al tomar conciencia los estudios de cine de que el terror era un género con potencial económico y artístico considerable, puesto que antes ni siquiera estaba introducido el concepto de vampiro en América, menos todavía el cine de terror como género próspero e independiente.
Los villanos de Bela Lugosi son elegantes y sofisticados, al mismo tiempo que transmiten una sutil sensación de amenaza.
Bela cosechó éxitos en el cine y el teatro, tanto en Europa como en América. En Europa desplegó una amplia variedad de registros interpretativos, en obras clásicas, e incluso interpretando a Jesucristo, aunque con frecuencia eran los roles de galán los que más tenía.
Tras llegar a Estados Unidos, tuvo que empezar de nuevo, y nuevamente cosechó el éxito con su “Drácula”, aunque esto le acabó encasillando irremediablemente en el cine de terror, pese a que ocasionalmente usase su peso como estrella para asomarse a otros géneros, como la comedia “Ninotchka”.
Bela usó sus rasgos interpretativos como galán y estrella de cine y teatro europeo (carisma, elegancia, un hábil dominio de la escena y una voz única), para dar vida a un Drácula irrepetible (aunque frecuentemente imitado, nunca superado). Ese año consiguió más correo de fans que el mismísimo Clark Gable, la estrella más fulgurante de la época (de hecho, Lugosi abrió la puerta a que los villanos tuviesen cualidades positivas, y él mismo tenía el estatus de galán en 1931), y al mismo tiempo se condenó para siempre a papeles de villano en el cine de terror, que interpretó con un inmenso acierto y talento, fueran mejores o peores las cintas en las que participara, considerando los altibajos de la industria. Y pese a todo, cuando pudo tener algún papel de naturaleza más heroica, también lo bordó.
Boris Karloff, a su vez, tenía un rostro con unas facciones marcadas muy características, que eran interesantes para que el legendario maquillador Jack Pierce creara su arte sobre él, en personajes toscos y deformes, pero con corazón, empezando por el monstruo de Frankenstein (o Frankenstein a secas, como se lo denomina oficialmente en la saga, a partir de la tercera película, tras un diálogo de Basil Rathbone).
En cierto modo, la dupla de Pierce y Karloff era el relevo generacional de lo que Lon Chaney hacía por sí mismo, diseñando sus propios maquillajes y luego usándolos, mientras que Bela Lugosi era otro tipo de villano más sofisticado (conceptualmente más avanzado, quizá por eso hay, en la historia del cine, más películas de Drácula que de Frankenstein), y con potencial para incorporar mayor sadismo y maldad, con la única justificación de cara al espectador basada en su carisma, frente a un Karloff cuyos principales personajes giran en torno a la compasión que despiertan.
Drácula parece un ser humano, pero es un monstruo cruel y despiadado. Frankenstein tiene todo el aspecto de un monstruo, pero en su interior es un niño asustado y confundido, sobrepasado por las circunstancias. Del mismo modo, Imhotep no es realmente malvado, sino solo un enfermo de amor. Drácula genera oscura simpatía, la baza de Frankenstein es la empatía. Lugosi tuvo una carrera con monstruos crueles, psicópatas y sádicos Mad Doctors, mientras que Karloff tenía monstruos tristes y atormentados, que despiertan compasión, y criminales que en realidad son víctimas de la sociedad, aunque sean Mad Doctors o delincuentes comunes.
Y lo interesante es que de vez en cuando jugaron a cambiarse los roles, y siempre que así ocurrió, el resultado fue perfecto también. Nadie trabajó más duro que ellos dos para construir el cine de terror como género respetado y sólido.
A título de curiosidad, no solo su legado económico supera al de su rival directo, Karloff (como recalcaba cierta película clásica de los 90 por la que Martin Landau ganó el Oscar por su papel de Lugosi), sino que además desde noviembre de 2017, un afiche de cine de Bela Lugosi, de su Drácula, ostenta el precio al cartel de cine que mayor valor ha alcanzado en subasta (no en galería), con 525.800 dólares.


VINCENT PRICE (1911 – 1993)



Otro de los indiscutibles reyes del cine de terror clásico. Vincent Price es icónico y perfectamente reconocible, y tiene también un estilo muy característico. Si parcialmente Karloff era continuista de la tradición de Chaney Sr. (monstruos trágicos y deformes en los que se destaca su humanidad intrínseca), con Vincent Price la conexión es más fuerte con Bela Lugosi. Los villanos de Vincent Price son personajes elegantes y sofisticados, de maneras suaves, pero clara amenaza subyacente. Ambos actores poseen una vena de humor sardónico, que es más visible, si cabe, en Vincent Price.
Vincent Price era un hombre culto y sofisticado, un auténtico intelectual con fuerte sensibilidad artística, y con frecuencia, su personalidad impregnó su obra, ya sea porque utilizaba sus rasgos personales positivos para enriquecer sus personajes, o por su conocimiento exquisito de las obras literarias que adaptaba o bien incluso porque le daban papeles hechos a medida para que luciera su carisma y talento, canalizando su estilo propio y su sello cinematográfico.
Su mayor éxito fue “Los crímenes del museo de cera”, taquillazo que le convirtió en estrella. Antes había asomado por diversas películas de monstruos de la Universal, protagonizado comedias como “Service de luxe”, o interpretado villanos de dramas históricos como “El barón de Arizona” o “El castillo de Dragonwyck” de Joseph L. Mankiewicz. El éxito de “Los crímenes del museo de cera” encarriló para siempre a Vincent Price en el cine de terror, con su exitoso ciclo de Poe dirigido por Roger Corman, o sus papeles del Doctor Phibes. También luchó con Batman, como Egghead (divertidísimo, “eggcelente” podría decirse, parafraseándole), e incluso tuvo un crossover animado con Scooby-Doo. El nombre de Vincent Price es sinónimo de clase, entretenimiento de calidad y buen cine de terror.
La voz de Vincent también es muy reconocible, apareciendo incluso en el videoclip de “Thriller” de Michael Jackson, y aunque el doblaje en castellano que ha recibido siempre ha sido excelente con actores de primer nivel (Felipe Peña, Enrique Pelayo, José Guardiola, Carlos Revilla, Claudio Rodríguez, etc…), vale la pena asomarse por su obra en V.O., puesto que la voz de Price es uno de sus rasgos más icónicos.

PETER CUSHING (1913 – 1994) Y CHRISTOPHER LEE (1922 – 2015)



Hammer Films salvó el cine de terror cuando estaba en horas muy bajas, a mediados de los años cincuenta, asfixiado por el incipiente cine de ciencia ficción, de marcianos y animales gigantes o mutados. Y Peter Cushing fue su primera estrella, aportando un toque de clase tanto a los héroes más flemáticos, inteligentes e inquebrantables (Sherlock Holmes y Van Helsing, como ejemplos de sus más grandes papelones), como a los villanos más malvados y peligrosos. De hecho, su primer papel de renombre fue el del Doctor Frankenstein en una versión que aunque no lograba superar al monstruo de Frankenstein de Boris Karloff, sí lograba imponerse en carisma y talento sobre el Doctor Frankenstein de Colin Clive, al igual que hizo Karloff en su día al eclipsarlo. Fue el arranque de una larga saga dirigida por Terence Fisher, manteniendo su maestría artística y técnica de principio a fin.
A Christopher Lee, la fama le costó un par de años más en llegar que a Peter Cushing, pero cuando finalmente interpretó a Drácula, pasó de ser un “complemento de lujo” en las películas de Peter Cushing (el monstruo sin voz, de gran estatura, como en “La maldición de Frankenstein” o “La Momia”), a una estrella con entidad propia que podía codearse con Cushing en igualdad de condiciones.
El Drácula de Christopher Lee es fiel al patrón marcado por BelaLugosi (tan importante e influyente que hasta después de que falleciese no hicieron una versión importante del personaje, como es la de Hammer). Pero también tiene personalidad propia, marcado por la imponente e intimidante presencia física de Christopher Lee, unida a su carisma. Christopher Lee siempre se quejó de los guiones que le dieron a lo largo de la dilatada saga de Drácula que hizo, indicando que no tenía suficientes frases de Bram Stoker (Terence Fisher, el director, directamente salió de la saga en cuanto reconoció que la calidad empezaba a flojear, y se refugió con Frankenstein). En una de las películas dijo que los diálogos eran tan malos que se negaba a hablar, y su personaje sólo gruñe (literalmente). Al margen de tener los guiones en contra, con pocas escenas y poca interacción con otros personajes, siempre demostró ser un actor inmenso (y no solo en estatura).
El éxito abrió de par en par las puertas a ambos para el cine de terror. Peter Cushing apareció en decenas de producciones, haciendo excelentes interpretaciones siempre, y también asomó en otros géneros, con frecuencia en roles de villano. Es fácil decir, sin embargo, que de entre todos los actores especializados en villanos, Cushing es aquel que más veces y mejor ha hecho papeles de héroe.
La larga carrera de colaboraciones de Peter Cushing y Christopher Lee también es legendaria, equivalente con el dúo Lugosi/Karloff, pero diferente, pues si Bela y Boris funcionaban mediante la tensión en pantalla y la confrontación de roles dispares, sacando lo mejor de ambos, en cambio Peter y Christopher eran grandes amigos y siempre mostraron una sinergia tremenda en su trabajo, fuera rivales o aliados en la pantalla.
Hacia el final de su carrera, Peter nos regaló un papelón en “La guerra de las galaxias”, donde interpretó al Gobernador Tarkin, tan memorable que hasta hubo que resucitarlo digitalmente para “Rogue One”, pues el importante rol de su personaje no podía ser ignorado. Eso sí, lo que habría sido genial es que Peter Cushing hubiera vivido lo suficiente como para que su Gobernador Tarkin hubiera interactuado (de verdad, sin trucajes digitales) con el Conde Dooku de Christopher Lee, también en “Star Wars”. Habría sido con diferencia la mejor escena de la trilogía de precuelas.
Una ventaja de Lee, pues, sobre los otros colosos del terror, sin embargo, ha sido el haber sobrevivido por mucho a sus compañeros de estrellato, entrando en sagas como “El señor de los anillos”, secuelas recientes de “Star Wars” o películas de James Bond, y apareciendo en múltiples títulos de Tim Burton, acumulando sobre sus espaldas muchos papeles que tienen un fuerte sentido de homenaje, y cimentando su sólida fama de gran experto en papeles de villano, así como de figura de referencia en el cine de terror.

PAUL NASCHY (1934 – 2009)



Genial actor español, a veces llamado el Lon Chaney español. Su inmortal papel de Waldemar Daninsky, el hombre lobo, en nada tiene que envidiar al genial Larry Talbot de Lon Chaney Jr.
Paul Naschy (cuyo nombre real era Jacinto Molina), en su faceta de actor y guionista fue un pionero introduciendo el terror clásico en España. Interpretó prácticamente al catálogo entero de monstruos clásicos (Drácula, Frankenstein, la Momia, el Hombre Lobo, Mr. Hyde, etc…), además de múltiples papeles de brujo, criminal y asesino, e incluso al mismísimo Satán (en “El caminante” hizo un gran trabajo combinando elementos de la novela picaresca española con la temática demoníaca). Sus películas estaban muy bien documentadas, de manera que eran estilísticamente coherentes y fieles con el cine clásico de terror gótico que tanto admiraba, además de que todos los aspectos de demonología que introducía eran sorprendentemente veraces frente a los rituales reales conocidos.
Pero su gran personaje es Waldemar, el atormentado noble polaco aquejado por la maldición del lobo. Un personaje de gran humanidad, con elementos de héroe de acción (acentuados en algunos de sus títulos), y lleno de carisma, que muere una y otra vez para luego resucitar víctima de su maldición (en “Los resucitados” se da una explicación, pero es dudoso definirla de canon, dado lo bizarro del producto, y la naturaleza de su filmación, aunque aparezca el propio Jacinto).
El muy carismático y lleno de fuerza de voluntad Jacinto Molina (Paul Naschy), siempre demostró un interés por el cine clásico de terror, y su fascinante mitología, espoleado por un visionado a muy corta edad de “Frankenstein y el Hombre Lobo”, película que le marcó. En su doble faceta de actor y guionista, hizo lo posible por revigorizar el cine de terror en España, aunque al principio incluso lo denostaban por pasearse de estudio en estudio, buscando financiación para su película sobre el Hombre Lobo, dado el débil interés por el género entonces. Pero cuando lo logró, el éxito a nivel internacional resonó, callando muchas bocas. Éxito que se incrementó incluso más con una de las secuelas, “La noche de Walpurgis”, que le convirtió definitivamente en un actor internacional de culto en el cine de terror, generando su cine interés en todo el globo, pero en especial en Estados Unidos, Alemania y Japón
Como personajes propios tiene además de Waldemar, al trágico y carismático Gotto el jorobado, o a Alaric de Marnac, su rol más malvado y sádico. El final de su carrera está marcado por diversos papeles-homenaje como en “Rojo Sangre”, así como un marcado reconocimiento internacional en forma de homenajes y premios a lo largo y ancho del globo terráqueo (como entrar en el salón de la fama de la revista Fangoria), incluyendo Estados Unidos, aunque en su época de máximo esplendor profesional también ganaba premios a mejor actor, como en “El jorobado de la morgue” (el premio Meliès, en Holanda), o en el del Festival de Sitges en España, en su papel de Waldemar Daninsky, por la película de la saga que tenía un desenlace más satisfactorio, con Waldemar rompiendo la maldición (quizá podría decirse que aunque se filmaron más, cronológicamente se sitúa la última) .
Más famoso y respetado fuera de España que en su patria (tristemente), incluso Forrest J. Ackerman, el coleccionista de cine de terror más famoso del mundo, le invitó a firmar su primera edición de “Drácula” de Bram Stoker, junto a los nombres de Bela Lugosi y Christopher Lee, al mismo tiempo que su imagen aparece en museos de cera americanos junto a Lugosi y Karloff. Su filmografía se edita en Blu-Ray en Alemania y EEUU antes que en España, y siguen apareciendo películas y cortometrajes inéditos, casi diez años después de su fallecimiento.
En España ganó la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, merecidamente, y Sitges le premió en un par de ocasiones, pero fue vergonzoso que no tuviera su Goya de Honor. Aún así, siempre fue consciente del apoyo y respeto de su público.