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Monstruos enamorados

Por Javier Bort Estrada


Las mejores historias de amor entre héroes y villanos del cine

Hay un refrán que dice que “por amor se pueden hacer grandes locuras”, y desde luego, más si quien está enamorado es ya de por sí un loco.

Uno de los temas más recurrentes, del cine en general, y del cine de terror en particular, es el del villano, el monstruo enamorado, que puede enriquecer mucho el relato.





La imagen de la bella y la bestia es frecuente en el cine, tanto como la del monstruo llevándose en brazos a su amada, su amor imposible: King Kong subiéndola al Empire State, el monstruo de Frankenstein, el Fantasma de la ópera, Drácula, la momia (especialmente evocador, Christopher Lee en la versión de 1959 adentrándose en el pantano con ella), Cesare en “El Gabinete del Doctor Caligari”, el Gorila del Doctor Mirakle (Bela Lugosi) en “Doble asesinato en la calle Morgue”, saltando por los tejados de París con la chica en brazos, el jorobado de Notredame (mítico e inolvidable Lon Chaney) trepando a la catedral con la gitana Esmeralda en su hombro, la Criatura de la Laguna negra, en “La mujer y el monstruo”, e incluso el Golem, arrastrándola por el cabello...Sin embargo, King Kong es el máximo exponente en estos casos.
La imagen del monstruo con la mujer en brazos, es pues, todo un icono cinematográfico, y bien puede encontrar su inspiración reciente en unos carteles propagandísticos durante la Primera Guerra Mundial, que satirizaban al Kaiser Guillermo, pintándolo de esta manera, convertido en un gorila gigante que sujetaba a una mujer asustada en sus brazos.
Este acto de violencia que evoca la imagen, también acaba concluyendo con la imposibilidad del monstruo de conseguir sus propósitos.





Los monstruos también tienen su corazoncito y ello es aplicable a casi cualquier otro arquetipo de villano de cine, incluyendo a los psicópatas (Hannibal Lecter y su Clarice) y supervillanos (Catwoman y Batman). Incluso el televisivo (y magnífico) psicópata Dexter fundó una familia, como mera tapadera para sus actos, solo para acabar encontrándose con que se había encariñado de Rita, y de sus hijos Astor y Cody. Aunque el experimento no pudo acabar bien….
Otro elemento curioso, pues, es que esta clase de historias casi nunca acaban bien. Los villanos y los monstruos están condenados a un negro destino en general (aunque últimamente Hollywood está cambiando este aspecto) y por ello, sus historias de amor están también condenadas a ser historias de amor malditas, imposibles, como la de Imhotep (Boris Karloff), en “La momia” (en 1932 o en el entretenido remake de Stephen Sommers), un hombre que condena su alma inmortal y se expone a una eternidad de sufrimientos, solo para poder reencontrarse fugazmente con la mujer amada. Sin embargo, ella no le corresponde, y acaba siendo la causa de su destrucción, tanto directamente (“La momia”, 1932) como mediante la traición y el abandono (“El retorno de la momia”, de Sommers, en una de las pocas escenas serias de la película, en la que es imposible no sentir lástima por el pobre Imhotep.
Para que el final sea bueno, en estos casos, debe haber igualdad entre las partes, como en el caso de Gómez y Morticia Addams, o en el de Herman y Lily Monster, en ambos casos, parejas de monstruos, con divertidísimos resultados para el espectador. O como Jack Skellington y Sally en “Pesadilla antes de Navidad”.

Y muchas veces, ni así, ya que en “La novia de Frankenstein”, el monstruo (Karloff también), que desea que el Doctor Frankenstein le cree una compañera, se suicida cuando descubre que su amada no le corresponde y está atemorizada, pese a ser una criatura como él. En el remake producido por Coppola, en cambio, resulta ser la novia de Frankenstein (Helena Bonham Carter) la que se suicide, incapaz de asumir el ser monstruoso en el que se ha convertido, para desesperación de la Criatura (Robert De Niro). O como en “Sweeney Todd”, donde la relación entre el barbero asesino (Johnny Depp) y la también psicopática señora Lovett (Bonham Carter de nuevo) acaba avocado a un sangriento final.

El amor también puede enloquecer a una persona normal y convertirla en un monstruo, un psicópata: Peter Lorre en “Las manos de Orlac / Mad love”, Glenn Close en “Atracción fatal”, el Dr. Jekyll de Fredric March en “El hombre y el monstruo”.... Un caso destacable es el del Doctor Phibes del genial Vincent Price, que se convierte en un asesino en serie, para vengar a su amada esposa Victoria, muerta por unos cirujanos incompetentes. A todos ellos, los asesinará despiadadamente, aplicándoles un castigo ejemplar, versionando las doce plagas egipcias. Para el último, Phibes reserva un cruel juego, que anticipa la saga de “Saw” ya que secuestra al hijo del cirujano jefe, y lo introduce en un mecanismo que lo matará si el cirujano (Joseph Cotten) no realiza una prueba, cuyo cumplimiento le redimirá. En la secuela, Phibes descubre un ritual mágico para resucitar a su esposa, y finalmente tiene éxito en su empeño.





Este planteamiento, el del amor maldito, es piedra angular en el cine de terror clásico de Universal, en el de Hammer, y en el de Paul Naschy en el fantaterror español. Su Waldemar Daninski, el hombre lobo, solo puede descansar en paz cuando la mujer amada le dé la muerte mediante la plata. Un destino al que está condenado. La saga muestra un ciclo, un bucle en el que el personaje se ve atrapado, ya que cuenta una y otra vez la misma historia, con Waldemar siendo maldecido y convirtiéndose en hombre lobo, solo para causar estragos entre los habitantes de las poblaciones vecinas, y finalmente, ser destruido por ella, que muchas veces también acaba muriendo. Una y otra vez, como Sísifo, se repite su tormento, obligado a reencarnarse, sufrir la maldición de la licantropía y finalmente morir. Solo en “La maldición de la bestia” consigue terminar felizmente. En este sentido, la filmografía en general del hombre lobo es especialmente trágica, ya que solo en “Lobo” tenemos un atisbo de final feliz, con Jack Nicholson y Michelle Pfeiffer. En las demás (“El hombre lobo”, “El hombre lobo de Londres”, “Un hombre lobo americano en Londres”, “Aullidos”, el remake de “El hombre lobo” o la versión de Hammer), el final es cruel muriendo, o la bestia, o ambos.

También es interesante el jorobado Gotto (Naschy otra vez) de la lovecraftiana “El jorobado de la morgue”, que desciende a los infiernos (metafóricamente y casi literalmente) cuando fallece el amor de su vida, y es manipulado por un Mad Doctor que le hace creer que puede despertarla.

Las notas de tragedia que esto implica hacen especialmente ricas las historias que plantean películas como “Eduardo Manostijeras” o “La bella y la bestia”, tanto en su versión animada, como en su primera versión en blanco y negro.

Y desde luego, si algo resulta tan interesante como esto, es cuando la relación se forja entre el villano y el héroe que le persigue, o que debería ser potencialmente su víctima, relación que el motor argumental de películas como “Maniac” o de las que a continuación veremos.





En este artículo repasaremos a continuación algunas de las mejores historias de amor entre villanos y héroes (o víctimas) que nos ha ofrecido el cine, haciendo un especial hincapié en el cine de terror (como debe ser), aunque sin evitar una mirada a los géneros conexos, y veremos a monstruos, psicópatas, supervillanos y asesinos amar, y cómo les fue.

 
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