Vincent Price: Retrospectiva



Sus primeros años (1939-1956)







El reinado de Price empezó en los años 40, como actor secundario de lujo en producciones de lujo. Quién se creería hoy en día que el actor principal de películas como Matar o no matar, ese es el problema (Douglas Hickox, 1973), participó en producciones de tal calibre como supone trabajar con gente como Michael Curtiz (La vida privada de Elizabeth y Essex), compartiendo protagonismo con gente de la talla de Bette Davis o Erroll Flyinn. Aunque fue un desastre, pecaba de lo que quizás pecó Price en toda su carrera, de excesivamente teatral. Se notaba su estilo teatral constantemente en el conjunto del film, y aunque su participación fue breve el resultado fue ridículo. Pero la industria empezaba a descubrir a un hombre con potencial, si más no a un caballero que ayudaba a un incompetente Flynn que no se sabía los diálogos y llegaba tarde a los rodajes, incluso Price se preparó con mucho rigor histórico su breve aparición.
Su siguiente película sería La torre de Londres (Rowland V. Lee, 1939), que aunque no es puramente de terror, si que tiene elementos del género. Esta vez compartiría escenario con su Diós Boris Karloff y con el siempre recordado Sherlock Holmes, Basil Rathbone. Una excelente película y que futuramente Roger Corman realizó un remake, esta vez con Price como protagonista.

Green Hell (1940), de James Whale fue su siguiente trabajo. Fue un verdadero desastre, considerada como la peor película del año y fue arrollada al infierno por la crítica. Posteriormente comentaré sobre ella.
Sin duda Vincent Price se veía relegado a ser actor secundario en producciones que normalmente fracasaban, y eso no le permitía encontrar su hueco en la industria. Pero la secuela de El hombre invisible, El hombre invisible vuelve (Joe May, 1940), volvía a tocar de refilón el género fantástico, pero tan fantástico que al interpretar a un hombre invisible no le vemos prácticamente.

A partir del año 1940 firmó contrato con la Universal y realizó 12 películas. Los 4 primeros años siguió buscando su hueco dentro de la industria en películas de dudosa calidad, hasta que le cambió la suerte al volver a participar con gente de alto interés histórico dentro del cine, y concretamente en producciones que supusieron grandes éxitos en bien de su carrera. Películas como Las llaves del reino (1944) de John M. Stahl fueron un exitazo de la época con cuatro nominaciones a los Oscar, y Que el cielo la juzgue (1945), también del mismo director. También realizó dos películas para otro de los grandes, Otto Preminger, con Laura (1944) (5 nominaciones al oscar) y La Zarina (1945). Laura supuso siempre para Vincent Price “la película perfecta”, que no quiere decir su favorita pero si la que considera de más alta calidad por ser nada pretenciosa, simple y brillante a la vez, un servidor le da la razón.
En 1948 participó en otro título inmortal, Los tres mosqueteros (George Sidney ,1948), una verdadera joya de aventuras totalmente reconocible y que hoy en día se está realizando un remake en 3D, pese a sus numerables adaptaciones. Price interpreta a Richelieu, y como siempre, seguía sin ser protagonista de nada.

El tiempo le iba relegando a secundario de lujo, y de hecho seguía participando en producciones de alto calibre como Soborno (1949), dirigida por Robert Z. Leonard, un film policíaco con Ava Gardner y Robert Taylor, una película que mezcla a la perfección el thriller y el romanticismo. Para acabar llegando hasta Las fronteras del crimen (1951) de John Farrow, con un Robert Mitchum como siempre totalmente soberbio y con un guión que posee grandes diálogos, pese a resultar ser un título más allá de lo anecdótico de lo que supone trabajar con Farrow y Mitchum.

Para acabar llegando al cine de terror, a Los crímenes del museo de cera de André de Toth, pero que antes de comentarla ampliamente Vincent Price participó (posteriormente) en dos clasicazos del cine que junto a Laura de Otto Preminger le convierte en más inmortal que nunca, se trata de Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956) y Mientras Nueva York duerme (1956), de Fritz Lang. Pese a ser películas en las que seguía como secundario, sus papeles acaban teniendo una importancia bastante destacable, empezaba a entrar dentro de la industria como alguien de talento, con un amplio currículum con prestigio, pero que solo le sirvió para acabar entrando en lo que él nunca quiso, el cine de terror. Como si de un estigma se tratara, Vincent Price quedó atrapado dentro de una tela de araña en el cine de terror de la que jamás acabó saliendo. Era su lugar, estaba predestinado, y por suerte hoy, podemos disfrutar de él.
Todo empezó con Los crímenes del museo de cera…