La Familia Addams: Retrospectiva



La nueva familia Addams (animación) 1992-3. Segunda serie de Hanna-Barbera

La serie, impulsada directamente por el éxito de la película de 1991, supone una mejora enorme con respecto a la primera serie de Hanna-Barbera, a todos los niveles, desde animación hasta humor y guion, pasando por el tema de la fidelidad.

Cuenta historias de la familia Addams, ya sea una con más enjundia, que abarque todo el episodio, o tres más cortas, siendo la tercera en estos casos frecuentemente un número musical o canción.

Los créditos iniciales se beneficiaban de la influencia de “Los Simpson”, al incluir diversas variaciones de episodio a episodio. Así, había un momento en el que Pugsley estaba sobre una trampa y Miércoles tiraba de la palanca. A veces la trampa funcionaba y Pugsley caía al vacío, tras lo cual saludaba Miércoles sarcásticamente al público. En otras ocasiones Cosa había desactivado la trampa, y algo malo le pasaba a ella, como que le cayese cieno a la cara o que la palanca le agarrara el brazo y la propulsara al techo. Pero lo más normal era que la palanca funcionara bien y Pugsley se estampase en el pozo o contra el pavimento (el efecto sonoro cambiaba). Otra variante era el cómo posaban los Addams al final de los créditos iniciales. En una de esas variantes, lo hacían como en la serie de 1964, y en otra de las muchas variantes, homenajeando los cuadros de Escher.





La serie introduce diversos villanos, como empresarios malvados, una ladrona que quiere desvalijar a los Addams, espías que quieren secuestrar a los niños o matar al primo Eso, o incluso un supervillano a medio camino entre los malos de James Bond y los de comic. Pero el enemigo más frecuente es Norman Normanmeyer, un bizarrísimo vecino de la familia, fabricante de calzoncillos, que odia a los Addams (en especial a Fétido) y quiere expulsar o destruir a la familia Addams sea como sea, por ser “raros y peligrosos”. Irónicamente, Norman, que se erige en campeón de la normalidad, es más raro que ellos, porque es un friki obsesionado con los calzoncillos que fabrica, hasta el punto de que tiene su casa decorada con calzoncillos, que en Halloween se viste con unos calzoncillos en la cabeza (y obliga a su hijo a vestirse así), y todo lo que hace parece estar relacionado con su empresa, cayendo con frecuencia en el ridículo más absoluto. Norman y su esposa Normina no dudan en lanzar una cruzada tras otra contra los Addams, e incluso llegan a arriesgar las vidas de unos niños inocentes, utilizando las plantas carnívoras de Morticia, en su intento de hacer quedar mal a los Addams y expulsarlos, aunque la serie no les ahorra a los Normanmeyer su buena dosis de castigos y humillaciones por sus intentonas. Norman es también un hipócrita, puesto que en el piloto cree que Fétido ha hecho un invento revolucionario, y no duda en fingir amistad con él para aprovecharse de su creación, aunque lo cierto es que la maniobra le cuesta cara y lo pone al borde de la ruina.

Su hijo, Norman Jr, N.J., está tan harto de ellos, que prefiere ir a visitar a Miércoles a la mansión Addams, y de hecho no le tiene ningún miedo (la primera vez que afirma no tenerle miedo, hábilmente el guionista introduce un péndulo afilado a lo Poe, que le pasa por detrás a N.J. mientras éste distraído habla con Miércoles, estando a punto de partirlo en dos, sin que él se entere, indicando que en puridad, sí que tendría que temer a la niña Addams si fuese sensato). N.J. es básicamente una especie de ensayo para lo que luego sería Joel Glicker, el novio/víctima de Miércoles en la película de 1993, aunque conforme avanza la serie aparece cada vez menos, dado que los guionistas no podían permitirse la mala leche y el humor negro de un final como el de “La familia Addams: la tradición continúa”.

La serie toca muchos géneros de pasada, y hace multitud de sátiras cinéfilas: en diversos capítulos aparecen en la mansión armadillos como en el castillo de Drácula de Bela Lugosi, hay una mención de un baile sobre Freddy Krueger, en un episodio Cosa se convierte en gigante y sube a un edificio a lo King Kong, etc… Mención aparte para los guiños al cine de superhéroes y los comics, y es que hasta hay una escena en la que Gómez sale vestido del Zorro.

Gómez y Morticia: John Astin vuelve y pone la voz a Gómez tras casi 15 años fuera del personaje, dentro de sus registros habituales, mientras que Nancy Linari encarna a una Morticia a medio camino entre Carolyn Jones y Anjelica Huston, aunque con más elementos de Carolyn. El mejor episodio de Gómez es uno en el que se propone seguir la tradición familiar, y fracasar. Pero haga lo que haga, por descabelladas que sean sus inversiones, por vil y rastrero que sea Norman Normeyer en su intento de ayudarlo a fracasar, por mucho que se esfuerce hasta regalando su casa, no puede y todo le sale bien. De hecho, acaba más enriquecido que nunca, recuperando su casa, y consiguiendo que Normeyer acabe con media casa expropiada y una autopista por en medio de su salón. Al final Morticia le hace ver que lo ha logrado: ha fracasado en su intento de fracasar, teniendo éxito. Puro surrealismo.

También destaca el episodio en el que Gómez y Morticia se convierten en superespías, haciéndole una sustitución al Primo Eso, que aquí es agente secreto (en la serie de los 60 sugerían la posibilidad de que buscase ese empleo). Los dos van a una misión a la España natal de Gómez, y se parodian los tópicos de las películas de James Bond, uno detrás de otro. Finalmente, furioso por la destrucción de su guarida en España, el supervillano de turno viaja a la mansión Addams para vengarse de Gómez y Morticia, con un plan a lo Duende Verde: atacar directamente a la familia de éstos (grave error). Gómez se viste de Zorro y lo derrota completa y absolutamente. Amoratado y medio achicharrado por una explosión, las mascotas de la mansión devoran sus restos, y muere de forma indudable. Paralelamente, Morticia queda tan impresionada por la demostración de esgrima superheroica de Gómez, que por primera y única vez en todos los 50 años la franquicia, es ella la que hace lo que Gómez cuando ella le habla en francés, y se pone a besarle los brazos y demás.

Miércoles y Pugsley: Debbie Derryberry y Jeannie Elias. Por segunda vez, tras la película de 1991, los niños Addams vuelven a ser adaptados correctamente, aunque al ser una serie animada, se establece hacia el principio de la serie que los juegos de asesinato entre los niños son meramente eso, “juegos amistosos”, y que en ningún momento intentan matarse realmente, aunque lo cierto es que de vez en cuando Pugsley no parece demasiado contento con perder casi siempre y llevarse la mayor parte de los palos, y se genera bastante ambigüedad al respecto, al avanzar la serie, volviéndose Miércoles cada vez más siniestra y cada vez más Christina Ricci. La Miércoles de Debbie Derrynberry suele aparecer sonriendo, pero con una sonrisa totalmente siniestra que por lo menos encaja en el personaje (es como si la acción transcurriera después de la segunda película).
Pero, desde el principio, ya se establece que Miércoles es peligrosa como en las películas, y no ingenua como en la serie de los 60. En el piloto ella engaña a un empresario y espía industrial, que quería acabar con Fétido, para que se vuele a sí mismo intentando plagiar una fórmula de Fétido, y quede sepultado y aplastado por su propia fábrica derrumbada. En el segundo episodio, una ladrona secuestra a los niños y comete el terror de estirarle de las trenzas a Miércoles. Gómez le explica las terribles consecuencias de ello, hablando en pasado de la última persona que lo hizo, como si dicha persona hubiese muerto…. Los minutos finales de episodio, de hecho no resultan nada agradables para la ladrona, por cortesía de Miércoles Addams.

Conforme avanza la serie, el humor negro se hace más negro y corrosivo y desaparecen algunas limitaciones (quizá coincidiendo con el momento en que los guionistas sabían que no renovarían la serie). Hay situaciones bastante bestias, y surrealistas, superando incluso la línea de surrealismo media imperante en toda la serie animada, como el episodio “La caperucita malvada”, de los últimos, en el que vemos la vena artística de Miércoles: la literatura. Tras encadenar convenientemente a su hermano, procede a leerle su última novela (cuyo título corresponde con el del episodio) en la que Miércoles es la Caperucita malvada y Pugsley un lobo feroz antropomórfico (empeñado en devorarla). Al lobo le ocurren mil y una barrabasadas por obra de la Caperucita psicópata, que llegan a su cénit, cuando sustituyendo el lobo Pugsley a la abuelita, Caperucita le dice “Qué ojos tan grandes tienes”, para a continuación añadir “Lo corregiré con cirugía ocular invasiva”, sacar un instrumental quirúrgico terrorífico, abalanzarse sobre el lobo (mientras aparece un gran cartel negro que dice “Censurado” y se oyen gritos), y a continuación verse el lobo Pugsley temblando totalmente cubierto de vendas (el momento más cafre de toda la serie). Cuando Caperucita añade “Qué nariz más grande tienes”, el lobo procede a desenroscársela a toda prisa y tirarla al suelo para evitar la siguiente fase quirúrgica. Lo irónico es que al final se descubre que Miércoles, del mismo modo que su madre en la serie tiene pinturas vivientes, que hace que todo lo que pinta se vuelva real, ha conseguido con magia un poder a lo Sutter Cane de “En la boca del miedo”, para que Pugsley sufra de verdad todo el daño que el lobo Pugsley recibía en el cuento. Miércoles se retira cerrando su libro y sonriendo maliciosamente, mientras Pugsley queda aplastado e inmóvil por el taxi que lo atropella una decena de veces a lo largo del relato (incluyendo al final del mismo), y por unos segundos parece que Miércoles se lo ha cargado de verdad, definitivamente, hasta que escuchamos un quejido. No es la típica escena que uno espera encontrar en una serie de animación presuntamente orientada al público infantil de hace más de dos décadas, y se agradece. Desde luego, al final los juegos no parecían tan “amistosos”.





En contraste, hay un episodio bastante bizarro hacia el principio de la serie que gira en torno a que Pugsley, harto de perder siempre, busca un punto débil en su hermana (y al final logra encontrarlo, la música pegadiza, aunque la vulnerabilidad le dura un solo episodio). Ya le habría gustado que funcionase el día de Caperucita….
En el último segmento del penúltimo episodio se explica que parte del odio de Normeyer hacia los Addams procede de que un día Miércoles tuvo la “feliz idea” de enterrarlo vivo (incluso lo llegamos a ver en ese episodio saliendo de la tierra excavada por ella, y a ella con la pala).

El Pugsley de esta serie es posiblemente la mejor adaptación del personaje jamás hecha, aunque como siempre, es una versión empequeñecida por su hermana. Hay un episodio interesante, en el que Pugsley se enamora de una chica del colegio (una estudiante de intercambio africana, los Addams no son racistas), y como teme asustarla, se toma contra el consejo de su hermana, una poción que lo convierte en “normal”. Pugsley se pasa todo el episodio recibiendo palos del macarra local del colegio, ante la mirada avergonzada de su hermana, hasta que descubre que a la estudiante de intercambio el Pugsley que le gusta es el malote y siniestro, y no el pusilánime y “normal”. Pugsley toma el antídoto, le aplica una venganza terrible al matón del colegio (en la cual la parte “light” es arrojarlo a un pozo sin fondo, literalmente) y se queda con la chica, aunque ésta acabe volviendo a su país. Como siempre, tras la oscuridad y la maldad de los Addams, siempre hay una moraleja, y aquí asoma el “sé tú mismo”, y un mensaje de aceptación propia bastante curioso, como siempre que asoma en las historias de los Addams.

El tío Fétido: Rip Taylor, es representado como el personaje más extremo de la familia, un masoquista compulsivo, que se pasa la serie haciendo explotar su cuerpo, a veces incluso hasta reducirse a cenizas, metiendo la cabeza en cepos para osos, saltando desde aviones, usando instrumentos de tortura contra sí mismo, y visitando a Norman Normayer sólo para que lo eche a patadas (algo que Fétido interpreta como una muestra inequívoca de amistad por parte de Norman). Este Fétido es extremadamente ojeroso y tiene los dientes afilados (a lo Christopher Walken en “Sleepy Hollow”), y es quizá de las adaptaciones más memorables del personaje. También es el que luce el aspecto más terrorífico.

La serie lo representa como un científico que hace inventos en la mejor tradición del científico loco clásico, como en el piloto. También escribe comics, sobre un superhéroe que ha creado llamado Festerman, inspirado en él mismo, que tiene a modo de Robin una compañera inspirada en Miércoles (un Robin femenino, como en los comics de Frank Miller). Las historias de superhéroes que escribe Fétido dan pie a episodios que son divertidas parodias del género y sus convencionalismos.

Un elemento macabro de la serie parte de que Fétido, pese a ser casi indestructible (como siempre, y más siendo un dibujo animado aquí), ha causado tanto daño a su cuerpo que tiene toda clase de cicatrices grotescas bajo su chaquetón que ni él puede regenerar. Casi parece el Kroenen de “Hellboy”, en versión cartoon, en uno de los dos episodios en el que se lo ve sin él (en el otro, no las tiene).

El resto de la familia: Lurch (Jim Cummings) es el entrañable mayordomo de la familia, que aquí demuestra una grandísima paciencia, y más considerando que no le gusta hacer de modelo para las estatuas de Morticia o “jugar” con Miércoles a que ella lo arroje desde unas cataratas, pero que tiene gran lealtad y devoción por sus jefes/familiares. El sueño de Lurch es ser vaquero, y en un episodio que parodia los westerns (y los villanos de western de los Looney Tunes como Sam el pistolas y Canasta) lo consigue durante un breve periodo de tiempo; Pat Fraley da voz al Primo Eso, que aquí es un agente secreto del gobierno a lo James Bond (parodia de su tema musical incluida), siguiendo la línea de un comentario del tío Fétido de los 60, que le sugirió a Eso que se hiciera agente secreto; La Abuela (Carol Canning) está en la versión en la que más escenas y apariciones tiene, ya sea como pitonisa radiofónica o en su programa de televisión. Destaca un episodio con guiño a “El gabinete del Doctor Caligari” en el que la Abuela hace una predicción de horribles desgracias y calamidades a una persona, para luego pedirle a Pugsley y Miércoles que vayan y se encarguen de que la predicción se cumpla….

Lo mejor: John Astin (por supuesto), además de Rip Taylor (Fétido) y Debbie Derryberry (Miércoles).
Lo peor: Normanmeyer se hace cansino como villano, y los guionistas llegan a notarlo, hasta el punto de que hacia el final de la serie es su esposa la que le reemplaza en sus esfuerzos antiAddams.

Los videojuegos: El “Pugsley scavenger´s hunt” para Super Nintendo de Ocean es una buena adaptación, a nivel de concepto y gráficos, pero difícilmente un buen juego. Muestra, con los gráficos de la serie animada, una historia en la que Miércoles ofrece a Pugsley el reto de buscar por la mansión ciertos objetos que ella ha escondido, plagándola de monstruos y trampas mortales diseñadas por ella. El jugador controla a Pugsley y el juego es absurdamente difícil, alcanzando a veces niveles de frustración a lo “Battletoads” o “Dr. Jekyll & Mr. Hyde” de NES.

El anterior juego de Ocean, basado en la película de 1991, tuvo mucho éxito, pero algunas voces criticaron que era demasiado fácil (luego va y resulta que viene el Angry Videogame Nerd décadas después y se queja de lo contrario, cuando lo cierto es que ni unos ni otros, tenía la dificultad y jugabilidad perfectas). Así que los programadores perfilaron el reto de éste hasta un nivel completamente sádico, lo que aunque iría en consonancia con el hecho de que es Miércoles la que lo ha preparado todo, lo cierto que es la dificultad es salvaje y mareante, los puzles muy enrevesados, los ítems escasísimos, y encima no permite guardar ni da contraseñas, con lo que lo habitual será ver “morir” a Pugsley una vez, y otra, y otra, y otra, hasta el hartazgo, y levantarse tozudamente a por más. En el improbable caso de que uno masoquistamente se pase el juego, la única recompensa es ver a Miércoles mirando cínicamente y desafiante, invitando a jugar a un reto más difícil (incluso aunque se consiga con la dificultad máxima). Si Pugsley fracasa (lo que ocurrirá innumerables veces), el Game Over lo muestra dentro de un puchero hirviente, con Miércoles alzando un gran mazo para atizarle con él en la cabeza, dándole la oportunidad de continuar o rendirse (y se supone, recibir el golpe de gracia, restaurando a Miércoles en su condición de hija única). Lo dicho, buena adaptación, pero mal videojuego. Que Miércoles sea mucho más lista y peligrosa que Pugsley no es excusa para ofrecer al público un producto cuya única misión parece hacer sentirse tonto al jugador.

La versión para Game Boy del “Pugsley scavenger´s hunt” es una especie de What If, que muestra a Pugsley enfrentándose a los planes de Tully Alford en la película de 1991, clonando el anterior juego, pero utilizando este nombre. Es más divertido de jugar, y tiene detalles curiosos como Pugsley dibujado con grandes ojos negros como sacado de un cuadro de Keane, y algunos escenarios con fondos completamente negros, en plan el más allá de “Insidious”.

Legado: La segunda serie de Hanna-Barberá sobre los Addams es muy reivindicable. Está eclipsada por las dos películas de la misma época, de Barry Sonnenfeld, tan ácidas y cáusticas que dejan a ésta pequeña en ese punto, pero en general es una serie de gran capacidad satírica, que por sus referencias al cine de terror y algunos momentos especialmente cazurros, vale la pena revisar.


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