Duelos de Personajes Icónicos



Fu-Manchú (Boris Karloff / Christopher Lee) VS Lo-Pan (James Hong)





Hay decenas de películas sobre Fu-Manchú, siendo las principales la versión protagonizada por Boris Karloff en 1932, y la saga con Christopher Lee. En cambio, solo hay una película que cuenta con Lo-Pan como villano, la divertidísima “Golpe en la pequeña China” (1986), de John Carpenter (sin contar a Ho Chan, de la más reciente serie animada de las Tortugas Ninja, un divertido homenaje con el mismo actor y todo). Fu-Manchú y Lo-Pan son perfectas plasmaciones de un concepto tan clásico de los relatos pulp como es el “peligro amarillo”, muy vinculado a la narrativa de una época.

En cierto modo, Lo-Pan parodia a Fu-Manchú, pero el propio Fu-Manchú es en sí mismo una parodia, en el fondo. Christopher Lee lo interpretó “en serio”, al pie de la letra de lo que decía el guión, pero Karloff, consciente de lo exagerado de la maldad del personaje, y de lo bestias que sonaban frases como “Matad al hombre blanco, y tomad a sus mujeres”, supo encontrarle el tono adecuado para convertirlo en exageradamente divertido, sin ser cómico en sentido estricto. Es decir, considerando las “perlas racistas” que de vez en cuando también suelta el detective inglés Nayland Smith, presunto héroe de la saga de novelas y películas, y “defensor del imperio británico”, puede decirse que Karloff tomó la decisión correcta, aligerando un material que de otro modo resultaría ofensivo, e incluso haciendo carismático al personaje.

Un enfrentamiento entre los dos grandes megalómanos asiáticos del cine (con permiso del Doctor No de las películas de James Bond, el Shiwan Kahn el villano de “La Sombra”, el Emperador Ming de Max Von Sydow en “Flash Gordon”, y del Mandarín, si es que alguna vez lo adaptan bien al cine), es una lucha entre ciencia y magia, puesto que más allá de este aspecto son amenazas muy semejantes, incluyendo la longevidad antinatural de ambos y la temática de sus acciones. Ambos poseen amplios ejércitos de devotos seguidores y tienen megalómanas ambiciones, las cuales podrían entrar en conflicto. Imaginemos a uno de ellos queriendo apoderarse de un artefacto antiguo que estuviera en manos del otro, o una situación semejante. O bien, recordemos que la hija de Fu-Manchú se dice en las novelas que tiene ojos verdes (algo muy infrecuente en China), y Lo-Pan podría querer sacrificarla para liberarse de su maldición. Fu-Manchú no le tiene demasiado cariño a su hija, pese a que le resulta muy útil como lugarteniente de su vasta organización criminal, pero consideraría inapropiado que Lo-Pan le robase “algo de su propiedad”, y tomaría cartas en el asunto.

Fu-Manchú, tres veces Doctor (en Medicina, Derecho y Filosofía), encaja con el arquetipo de científico loco. Dispone de tecnología muy avanzada para su época (entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, momento en el que el milenario Lo-Pan aún estaba activo) o incluso la nuestra, en la cual, de hecho podría existir aún, a nivel ficticio, pues posee una fórmula que le da longevidad antinatural (como parodió Peter Sellers en su película sobre Fu-Manchú), que no es demasiado diferente de los Pozos de Lázaro de Ra´s Al Ghul. En la primera novela, cuando Nayland Smith es muy joven aún, se dice que Fu-Manchú va camino de los 80 años, y en la última película de Fu-Manchú, con Peter Sellers, se dice que la edad del personaje es de 168 años.

Tiene a su disposición venenos letales que pueden arrasar ciudades, “rayos de la muerte”, máquinas que pueden causar terremotos o hundir barcos…. Su mente es un arma muy peligrosa, y su voluntad, de hierro. En una de las novelas, le disparan en la cabeza y es capaz de tener la suficiente sangre fría como para operarse a sí mismo y extraerse la bala. Las hordas de Fu-Manchú son amplias y tienen una devoción casi religiosa por su amo… y una incompetencia proporcional a su devoción. Suena racista (lo es), pero es así en las novelas y las películas, los chinos servidores de Fu-Manchú son muchos, y muy inútiles. Nunca logran nada salvo que estén guiados por el propio Fu-Manchú, o su hija Fah Lo See (Myrna Loy), también escrito Fah Lo Suee. Estas tropas suelen estar armadas meramente con espadas y pañuelos para estrangular. En ocasiones, con armas de fuego convencionales.

Lo de Fah Lo See es cuestión aparte. Es muy buena líder de campo para las tropas de Fu-Manchú, buena envenenando y apuñalando, maestra del disfraz y del engaño, y una verdadera psicópata sádica y lujuriosa (especialmente, y de forma sorprendente, en la película de 1932). Fu-Manchú estaría muy orgulloso de ella… si fuera un hijo varón (sí, Fu-Manchú es así de malote). En un escenario en el que esté libre, en vez de capturada por Lo-Pan, por la cuestión de los ojos verdes, Fah será de mucha ayuda para su bando, y puede que incluso acabe matando a alguno de los Tormentas de Lo-Pan.

David Lo-Pan, tras sus más de dos milenios de existencia, dispone de un gran arsenal místico, en contraste con la baja tecnología de sus seguidores (es casi más moderno el equipamiento de las hordas de Fu-Manchú en el siglo XIX que el de las de Lo-Pan en el XX, salvo en detalles como ascensores). Lo-Pan tiene múltiples monstruos surgidos de las leyendas tradicionales chinas, que cumplen diversas funciones, desde el combate hasta la labor de centinelas y ser sus ojos a distancia. No son excesivamente poderosos. A diferencia del Mandarín, en los comics de John Byrne, Lo-Pan no tiene dragones a sus órdenes, ni otros seres de tamaño y poder destructivo masivo semejante, sino criaturas místicas más “pequeñitas”. Lo-Pan es bastante más alegre que Fu-Manchú, e incluso usa su poder mágico como el control de un videojuego en una escena.

También tiene tropas convencionales, aunque ni de casualidad tan numerosas como los miles de siervos que recluta Fu-Manchú a través de la organización Si-Fan. Ello dificultaría o impediría la posibilidad de que Lo-Pan fuera el agresor e intentara invadir las tierras de Fu-Manchú, el cual nominalmente o de facto, controla amplias extensiones de Asia, incluyendo ciudades. Los dominios de Lo-Pan en el presente, fuera de la época imperial, se limitan a un barrio, aunque si recuperase sus poderes, podría ser un peligro a escala planetaria.

Pero el mayor recurso de Lo-Pan son tres guerreros de élite, los Tormentas, imbuidos de poderes mágicos relacionados con los elementos, y que son capaces de causar verdaderos estragos. A juzgar por la mortandad que causan en la batalla campal en Chinatown, hacia el principio de “Golpe en la pequeña China”, no resulta descabellado pensar que los Tormentas en solitario podrían despachar a cientos de secuaces de Fu-Manchú, sin esfuerzo, ya que pueden incluso bloquear auténticas lluvias de balas con sus técnicas de combate. Pero los Tormentas no son indestructibles, y de hecho en la película, el héroe Jack Burton (Kurt Russell) consigue matarlos de formas bastante patéticas y desdignificantes para ellos, y que estarían al alcance de cualquier ser humano convencional.

La intervención de Nayland Smith no marcaría diferencias. En pura lógica, sus virtudes como héroe son muy limitadas, más allá de hablar chino, y es como un émulo de Sherlock Holmes, si le quitas a Holmes casi toda su inteligencia, pero lo llenas de racismo. Solamente el ser “el bueno de la película” explica su supervivencia en sus encuentros con Fu-Manchú, y esto aquí no sería de utilidad (vamos, que o uno de los Tormentas, o Fah, o cualquier soldado raso de ambos bandos podría liquidarlo).

En un combate directo, Fu-Manchú es un buen tirador y luchador. En cambio, Lo-Pan es un ser maldito, incorpóreo, que no podría afectar directamente a un enemigo (salvo para infundir terror con su presencia, algo que podría funcionar, siendo muy supersticiosos los servidores habituales de Fu-Manchú). Si consiguiera romper su maldición (véase la película), dispondría de amplios poderes mágicos, pero de todos modos, sería vulnerable a ataques físicos.

Fu-Manchú parece mejor líder, en gestión y distribución de recursos, más planificador, y muy despiadado (para él incluso su hija es un recurso prescindible). Si entrara en conflicto con Lo-Pan, no le importaría sacrificar a cientos de sus servidores como maniobra de distracción, y utilizar algún dispositivo de alta tecnología, alguna de sus máquinas del juicio final, para arrasar hasta los cimientos el barrio o incluso la ciudad en el que se oculta Lo-Pan, sin importar los daños colaterales (no sería la primera ciudad occidental que destruye). Con todo destruido, incluyendo los Tormentas, caminaría entre los cascotes para encontrar a Lo-Pan. O se alzaría entre los cadáveres apilados de aliados y enemigos, gaseados con sus toxinas letales del Tíbet. Fu-Manchú jamás va en primera fila de combate, y su ventaja tecnológica le permitiría pisotear a un grupo de mentalidad más feudal, y alcanzar a encontrarse cara a cara con Lo-Pan, cuando fuera seguro ir. Incluso aunque Lo-Pan hubiese capturado y retenido a la hija de Fu-Manchú, él no dudaría en arrasarlo todo, ella incluida.

Lo irónico es que el maquiavélico Fu-Manchú, considerando a Lo-Pan inofensivo en su forma incorpórea maldita, pero útil, lo reclutaría como asesor o incluso aliado, al igual que siempre tiene a varios científicos secuestrados para proveerle de armas nuevas. Fu-Manchú sabe valerse muy bien de las supersticiones para reforzar su liderazgo, y nada mejor que tener de su lado a semejante figura histórica.





Conclusión

Fu-Manchú se impondría seguramente, pero consideraría la sabiduría milenaria de Lo-Pan como un recurso válido en su gesta de dominación mundial. Al fin y al cabo, son villanos con agendas razonablemente compatibles, aunque opuestas.

Solo podría considerarse un escenario plausible de derrota para Fu-Manchú si su hija lo traicionase (no hay que tenérselo a mal, su padre se refiere a ella como “su fea e insignificante hija”, y se pasa media vida amenazándola de muerte o abandonándola a su suerte en situaciones aparentemente mortales, de las que ella siempre acaba salvándose). En las novelas ella siempre está buscando heredar su imperio criminal, y con un poco de información interna y orientación, Lo-Pan podría idear algo específico contra el tipo de armamento y técnicas de Fu-Manchú. El problema es que la victoria de Lo-Pan sería pírrica, puesto que también acabaría bastante mal. Fah Lo See encontraría alguna otra víctima para el sacrificio de la doncella de ojos verdes, y se convertiría en la consorte de Lo-Pan. Y Lo-Pan humano es vulnerable a una buena puñalada por la espalda, algo tan en la línea del estilo de la hija de Fu-Manchú en novelas y películas, como del final canónico de Lo-Pan en su película (aunque no era por la espalda). Eso sí, que tuviera cuidado Fah, porque su padre Fu-Manchú siempre vuelve, incluso cuando parece morir. O, en sus propias palabras: “El mundo volverá a saber de mí”.


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