Duelos de Personajes Icónicos



Drácula (Bela Lugosi) VS Frankenstein (Boris Karloff)





Ambos proceden de las obras maestras de la Universal, en los años 30, y sus secuelas. En ambos casos, hay abundantes versiones posteriores de ambas películas, que son adaptaciones de joyas literarias del terror. Los dos comparten época y universo narrativo. Drácula se inspira en el personaje histórico Vlad Tepes, aunque las semejanzas son relativamente limitadas, más allá de la anécdota, pero considerarlo sirve para añadir trasfondo al Conde.

Pese a compartir universo de forma notoria, no hay un gran enfrentamiento canónico entre los personajes. De entrada, la propia Universal, en su momento más clásico del tratamiento de sus monstruos (los años 30, y la década siguiente) nunca hizo luchar a Drácula y la criatura de Frankenstein, incluso pese a que compartieron unos cuantos títulos juntos, entre “La zíngara y los monstruos”, “House of Dracula” y “Abbot y Costello contra los fantasmas”, donde como mucho se partía de un monstruo de Frankenstein inerte, bajo el control de Drácula. Por si fuera poco, las dos películas (no de Universal) tituladas así, “Drácula contra Frankenstein” compiten por ver cuál es peor de las dos (“gana” en cutrez e impericia la de Jess Franco). Luego ha habido de todo: son enemigos en el despropósito llamado “Van Helsing”, y amiguetes en la deliciosa “Hotel Transilvania”. Lo más parecido a un enfrentamiento interesante que han tenido fue los dos segundos que chocaron, hacia el final de la ochentera “Una pandilla alucinante”.

A la hora de analizarlos, hay que considerar que aunque los dos son monstruos clásicos, su naturaleza es bien diferente. El monstruo de Frankenstein es el marginado por antonomasia. Solitario, con su cerebro dañado (estamos hablando de la película, no de la novela, y mientras que en la novela es un hábil pensador, en la película a duras penas alcanza a articular palabras breves y andar torpemente), es un monstruo de inmensa fuerza y resistencia, que vaga por los bosques, perseguido y atormentado. Apenas sabe hablar, todos le odian y le temen. Su propio creador reniega de él.

En cambio, Drácula, en su castillo de Transilvania, es una clase diferente de monstruo, carismático y seductor, perfectamente capaz de pasar por humano, y de moverse entre los vivos, algo que el monstruo de Frankenstein soñaría con hacer. Dueño y señor de todo aquello hasta donde su vista alcanza. Los campesinos le veneran y le temen más allá de toda medida. Tiene a tres novias vampiras a sus órdenes, y abundantes recursos económicos, que ha acumulado durante siglos, bastantes como para comprar diversas parcelas en Londres, y habitar allí con todo lujo y comodidad. El monstruo de Frankenstein carece de recursos o aliados, en cambio. Si vagando, llegase hasta las tierras donde impone su señorío Drácula, resulta difícil saber si los campesinos le preferirían a él o al vampiro.

Hay versiones bastante “marcianas” de los personajes, ya sea el Frankenstein gigante del kaiju japonés, el Drácula con minions y que vivía dentro de un espejo de “Van Helsing”, el Frankenstein que cazaba ángeles, demonios y lo que fuese en “Yo Frankenstein” y demás cosas raras. Nos vamos a centrar en las versiones más clásicas, en concreto las de Universal, aunque lo dicho sería básicamente compatible con cualquier otra adaptación suficientemente canónica (Drácula de Gary Oldman, Frankenstein de Robert De Niro, etc…).

La principal baza de Frankenstein es su resistencia inhumana y su gran fuerza física. Podría lanzar a Drácula contra una verja y empalarlo, o bien encontrar el modo de decapitarlo. O incluso podría atravesarle el pecho de un puñetazo, es decir, de la novela ya sabemos que parece más fuerte que cualquier persona, y en novela y películas hace constantes demostraciones de fuerza.

En cambio, Drácula dispone de poderes mucho más variados, que también incluyen fuerza aumentada (puede partirle la columna vertebral a un hombre con suma facilidad, como hizo con Renfield), pero no al nivel de Frankenstein. Pero además, posee control mental, puede convertirse en niebla o en diversos animales, y demás poderes. Es mucho más versátil que el monstruo de Frankenstein. Y desde luego, no se va a quedar quieto como un pato de feria, mientras el monstruo lo brutaliza.

Los vampiros tienen múltiples debilidades, como los ajos y las cruces, pero difícilmente Frankenstein podría explotarlas, en las películas no resulta tan inteligente, ni mucho menos posee conocimientos específicos sobre el tema. En cambio, Drácula, que es muy astuto, sí podría identificar el temor irracional que tiene Frankenstein hacia el fuego. De hecho, es la astucia el as en la manga de Drácula, junto a sus amplios recursos. Puede lanzarle al monstruo a sus zíngaros, a sus novias, o confundirlo con su poderes, buscando agotarlo o dejarlo expuesto a un golpe fatal.

La saga de Frankenstein va en la dirección de mostrar al monstruo como prácticamente indestructible, dado que siempre puede ser recargada su energía eléctrica, pero también incide en que diversos ataques pueden dejarlo incapacitado e inerte, si no es recargado. Con todas las ventajas a su alcance, Drácula estaría en condiciones de causarle amplios daños, paralizarlo, despedazarlo, y desperdigar los pedazos para anular la amenaza.

Luchando en terreno neutral, Frankenstein tampoco estaría en buenas condiciones para ganar. Drácula puede pasar fácilmente por humano, y si luchasen en una ciudad, cualquier policía o incluso transeúntes, sólo verían a un monstruo inhumano atacando a un aristócrata normal y corriente, y en este caso Drácula podría recibir abundante ayuda e incluso ganar sin tener que luchar. Al fin y al cabo, en “La novia de Frankenstein”, los propios aldeanos supersticiosos lograron tumbar y cubrir de cadenas al monstruo hacia el principio de la película.





Conclusión

Salvo en un enfrentamiento meramente físico, donde el monstruo de Frankenstein tendría clara ventaja (véase el final de “Una pandilla alucinante”), Drácula gozaría en general de una ventaja absoluta en casi cualquier otro escenario, y lo más probable es que el torso del monstruo acabase empalado frente a las lindes de las tierras del Conde Drácula, como advertencia a los intrusos.

Aplicando la fría lógica, el resultado es ineludible. Aunque, obviamente, un guión de cine para la Universal sería más compasivo con el pobre Franky, y encontraría el modo de hacerlos empatar, implementando argumentalmente el derrumbar el castillo de Drácula sobre ambos, o que cayeran por algún acantilado, mientras peleaban, o hasta la “casual” intervención de Van Helsing. Es decir, con lógica “cinematográfica”, el resultado es empate. Con cualquier otra lógica, gana Drácula.


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