Sitges 2017: Resumen del día 4 ("Wind River", "Bye Bye Baby", "Mom and Dad"...)

El fin de semana se acaba y las señoras que te preguntan sobre Susan Sarandon (anécdota verídica) vuelven a su casa. Nosotros no. ¿Estamos locos? Todavía hay platos fuertes por saborear.

El entrante del día ha sido una delicia importante: Wind River, el debut en el largo del actor y guionista Taylor Sheridan (que ha escrito ‘Sicario’ y ‘Comanchería’, por si dudas de sus logros). La cinta es un cruce entre neowestern y neonoir, muy alineada en tono con la fantástica ‘Frío en Julio’, en el que un cazador de depredadores (Jeremy Renner) y una agente del FBI (Elisabeth Olsen) intentan resolver un crimen en una reserva india de las montañas. Excelente y alucinante puesta en escena, personajes y ritmo para lo que ya es una de las mejores películas del festival. Sheridan no se queda corto en la dirección y ofrece una buena dosis de contención de actores, clima asfixiante y catarsis eléctrica como si llevara toda la vida en esto. Los fans de ‘Comanchería’ podemos estar muy, muy tranquilos; al bueno de Taylor le queda un carrerón por delante.

El primer plato ha sido uno de buffet, ya que nos hemos acercado a ver la Selección Oficial de Cortos a Competición. Entre ellos, destacar el cortometraje de nuestro compañero Pablo S. Pastor, Bye Bye Baby: una pieza de cámara que invoca a ‘Scream’, Carpenter y Argento sin perder una voz y estilo propios ya vistos en anteriores trabajos (véase el genial ‘Into the Mud’). También se han colado entre favoritos ‘El Hada de los Dientes’, con una perversión minimalista sobre el Ratoncito Pérez, la increiblemente eficaz historia de ‘Goodnight, Gracie’, el plano secuencia de horror que es ‘Virgen’ o esa locura que mezcla Cazafantasmas + El Exorcista + Evil Dead que es ‘Daemonrunner’. Nivelazo de cortometrajistas que alimentarán, esperemos, las nuevas óperas primas venideras.


(BYE BYE BABY)

El segundo plato también ha sido de los contundentes: Mom and Dad, una macarrada absoluta, protagonizada por un Nic Cage cuyo nivel de autoparodia llega ya a niveles inalcanzables para el ser humano. La conocida entre el publi como ‘la memepelícula’ narra el caos derivado de un extraño virus que obliga a los padres a matar a sus hijos. Escenas de violencia sobre chavales sin ningún tipo de control (hay unos cuantos carritos tirados a objetos mecánicos) que centra poco a poco el tiro en la pareja Nicolas Cage / Selma Blair. Un reparto en sintonía con la película, es decir, ecualizada a niveles de demencia absurda. Las risas se han escuchado hasta en Barcelona y ya se comienza a hablar de ella como la película que gane el premio del público. Impagable.

El postre ha sido para Creep 2, la secuela del título de 2014 dirigido por Patrick Brice, rodada prácticamente en secreto. Decir mucho de ella sería desvelar la sorpresa, pero quedémonos con que Aaron ha vuelto y arrastra una crisis cuarentona de elefante. Necesitará ayuda para poder superarla y reflexionar sobre sí mismo, ¿qué hace un serial killer cuando se le quitan las ganas de matar? Eso tendréis que juzgarlo por vosotros mismos. De nuevo la comedia incómoda, la total incertidumbre de qué puede pasar a continuación y la bilis improvisadora de Mark Duplass convierten a esta segunda entrega en una maravilla indie a (re) descubrir. La sala ha reído y aplaudido todos los guiños, chistes y giros que se manifestaban frente a nuestros ojos. Uno de esos títulos que solo Sitges puede ofrecer ver acompañado en una sala a oscuras, con decenas de chalaos que comparten el mismo sentido del humor (macabro).


(CREEP 2)


Y después del banquete solo quedaba la copa y puro, presentado en forma de clásico desconocido del horror: Death Line (aka ‘Raw Meat’ en Estados Unidos). Una película que sirvió de inspiración a Guillermo Del Toro, según cuenta, para iniciar a hacer cine. Y es que es una impresionante lección sobre el terror cinematográfico. Protagonizada por Donald Pleasance, la película plantea unas catacumbas del metro de Londres donde habitan seres mutantes, abandonados a su suerte y casi extintos, que luchan por sobrevivir de la única manera que jamás han aprendido. Una suerte de tragedia con trasfondo social, maneras de maestro y fotografía de ensueño que ha podido ser descubierta por muchos (me incluyo) por todo lo alto. La película, presentada por el crítico Javier Parra en la sección Seven Chances, también ha ofrecido un pequeño coloquio con Gary Sherman (director) y William Lustig (director de ‘Maniac’ y ‘Maniac Cop’, que ha ejercido de productor de la restauración). Una auténtica gozada y privilegio con el que muchos hemos tenido problemas para contener la baba. Esto también es Sitges.

Y nada, ahora toca digerir un poco el buen cine entre pecho y espalda y reponer fuerzas para mañana. Al loro, que vienen curvas: Mayhem o matanza en la oficina de seguros; Brawl in Cell Block 99 o la ensalada de hostias de Vince Vaughn dirigida por el dire de Bone Tomahawk; Revenge o la peli francesa con desmayos del año; y A Ghost Story, el drama fantástico indie que está arrasando allá por donde pasa.