"Ant-Man y la Avispa": Crítica de la nueva entrega del universo Marvel

Llega la secuela de una de las pelis más amigables y cómicas del género súper heróico, y a diferencia de la primera, que se podría describir como un cruce entre la primera peli de Iron Man (John Fabreau, 2008) y Cariño, He Encogido A Los Niños (Joe Johnston, 1989), ésta nos trae una trama más rica, creativa, y novedosa, sin renunciar a todos aquellos elementos que hicieron especial a la primera parte, como los geniales secundarios cómicos, que vuelven a ser uno de los puntos fuertes de la peli.

Esta vez, Scott, nuestro Ant Man, se encuentra terminando el arresto domiciliario que se ganó al luchar con “el bando equivocado” de los Vengadores en Capitán América: Civil War (J. y A. Russo, 2016) mientras intenta levantar el negocio de seguridad que emprendió con su amigo Luis (ese cabeza hueca interpretado por el genial Michael Peña) cuando se ve inmerso en la operación de rescate de Janet, mujer de Hank Pym (Michael Douglas), operación que se verá complicada por la aparición de un misterioso nuevo villano, y la presencia de un incómodo proveedor ilegal de material científico (un genial Walton Goggins).

Atrás queda una trama corporativa en que el bueno tiene un traje muy especial, y su malvado socio calvo fabrica su propia versión (vamos, Iron Man I, como ya hemos mencionado), para adentrarnos en la resolución del más que inquietante flash-back de la primera parte: La misteriosa desaparición de Jan “La Avispa” Van Dyne, interpretada por la siempre espectacular Michelle Pfeiffer, pero esta vez, con la incorporación de la nueva Avispa, interpretada una vez más por Evangeline Lilly, que junto a Scott Lang (Paul Radd) y su padre emprenderán un vertiginoso viaje que abarca desde el pasado hasta el rincón más microscópico del cosmos, pasando por los rincones más turbios del crimen industrial, y por los recovecos más duros del ámbito de los experimentos fallidos, en una trama a tres bandas en que todos los elementos tienen su prominencia en la historia, todos saben a algo, y todos acaban tocándose en algún momento.

Los efectos especiales son, como uno puede esperar del género, presupuesto, y estudio, una maravilla, y no sólo por los esperados trucos de tamaño, ya que una vez más, Disney sigue amortizando su software de rejuvenecimiento, ya usado anteriormente en Civil War, o Guardianes de la Galaxia Vol. 2 (James Gunn, 2017) para regalarnos una Michelle Pfeifer tal como la recordamos los que vivimos los años 80.

Si os gusta el universo súper-heróico de Marvel en su versión más amable y desenfadada, esta peli no os decepcionará, y es, como muchas de la licencia Marvel , perfecta para ver en familia, aunque siempre conviene ir leído de casa, ya que en algún que otro momento se hará referencia a la situación actual del universo, tras el desenlace de Vengadores: Infinity War (A. y J. Russo, 2018), así que estáis avisados si no queréis quedaros con cara de “Ehh?? Qué es eso?? Qué ha pasado??” en uno o dos momentos de la peli.

Lo Mejor: Los socios de Scott, Michelle en todas sus escenas, la hormiga sustituta de Scott, y la historia en general.

Lo Peor: Todo lo referente al traje nuevo, con fallos de prototipo. Un detalle de humor innecesario que no está a la altura de otros momentos cómicos de la peli.

Por Francis Díaz