Crítica de "Nación Salvaje" (****). Polémica, salvaje, controvertida y divertida.

Hablar primero del discurso sería injusto, pero qué narices hablemos del discurso: ‘Assasination Nation’ (Sam Levinson, 2018) es una película feminista y sin complejos, un grito de rabia formador a una Generación Z que debe progresar o morir. Una respuesta progresista y teenager a las descafeinadas entregas de ‘La Purga’, aunque comparta con la saga de Blumhouse ese gusto peculiar por gritar la metáfora de brocha gorda a pocos centímetros de tu cara. Mientras más necesario, menos tacto hace falta, ¿verdad?

Salem, 2018. Como buena muestra de ciudad estadounidense, su preciosa estampa de ciudad suburbial oculta secretos detrás de cada precioso jardín. La ciudad se pondrá patas arriba cuando, de manera progresiva, se filtren los mensajes y fotos privadas de miembros importantes de la comunidad. Una exposición de la vida privada que estallará en un brote de violencia inesperado, reiniciando una “caza de brujas” a la que solo un grupo de teenagers podrán afrontar como es debido: a base de cuchillazo y metralleta en mano.



Sus cuatro protagonistas -una de ellas, del colectivo LGTBIQ+- son avatares defensores de un mundo opresivo, brutalmente acomplejado y de camino al abismo. Casi como un episodio de Black Mirror publicado para YouTube, la trama conecta con los vicios y virtudes de una sociedad tremendamente conservadora: es fácil ver cómo se representan los leaks de desnudos, cómo de cruel se comporta la masculinidad tóxica con según qué mensajes y lo expuesta que está una juventud -especialmente la femenina- al juicio moral permanente.

El giro de su trama hacia el caos casi postapocalíptico no es sutil, de acuerdo, pero es tan rematadamente divertido -y al mismo tiempo, terrorífico- que se le perdona cualquier atisbo de verosimilitud. La violencia estalla de mil maneras posibles y su representación gráfica, rozando el gore, sirve también como catarsis a una rabia que es imposible no compartir con sus protagonistas. Levinson, que también firma el guion, nos avisa: América es una nación salvaje y solo hace falta un empujoncito para hacerla estallar.


Rodada como un videoclip de Taylor Swift, pero filtrada por el mejor terror actioner adolescente, ‘Assasination Nation’ es, además, una película entretenida hasta la médula. Y es, también, una brutal metáfora sobre el cambio generacional, una hostia importante a las fachadas de las redes sociales y una genial película que enseñar a quién de verdad va dirigida: la generación adolescente y veinteañera que comenzará a apreciar el cine de terror como algo más que un simple pasatiempo. Quizás no sea demasiado importante. Pero sí es suficientemente necesaria.

Lo mejor: que a pesar de su brocha gorda no pierda ni un ápice de fuerza y entretenimiento.

Lo peor: el crecimiento de #notallmen en Twitter tras cada pase.

Por Carlos Marín