Crítica de "Dragged Across Concrete" (**** ½), la nueva joya de S. Craig Zahler

Blues sucio con golpes de bajo y una pareja haciendo el amor en un sucio apartamento ‘in the hood’. Los primeros compases de ‘Dragged Across Concrete’ (S. Craig Zahler, 2018) firman, de nuevo, las intenciones de un director dispuesto a recuperar el policiaco sucio, fasticoide y de héroes malhablados cuyas raíces se escapan de ‘Harry el Sucio’ a la carrera de Elmore Leonard. Un compendio de buen cine y mejores personajes que solo un loco amante de los bajos fondos setenteros podría filmar.

Dos tramas se inician en paralelo. La primera liderada por Henry (Tory Kittles), un joven afroamericano recién salido de la cárcel, deseoso de un futuro mejor para su madre y hermano. La segunda, la de dos duros policías (Mel Gibson y Vince Vaughn), oprimidos por la sociedad y suspendidos por traspasarse en sus modales con un delincuente latino. Ambas tramas convergerán en un atraco que, como debe ser en una película de S. Craig Zahler, desembocará en un estallido de violencia seca repleta de cráneos reventados.


El desarrollo de su trama desesperará a unos cuantos y encandilará a otros tantos. De nuevo, Zahler lidera una historia a golpe de literatura y no de estructura de guion, destrozando cualquier concepto de acto cinematográfico para acomodarse a herramientas más “capitulares”. Para entendernos: si esto fuera una película de Tarantino, veríamos cartelas que separen cada uno de los episodios -y epílogo- de su historia. Una característica que le permite saltar a la piscina con momentos como los protagonizados por Jennifer Carpenter, capaces de anudar el estómago por siete lugares distintos por ir en contra de cualquier tipo de expectativa.

Este ambiente novelesco pulp también se filtra en sus valores, puestos en escena con diálogos y símbolos nada progresistas. Sus personajes son racistas -y no lo ocultan-, se quejan de un mundo que les oprime por “hacer su trabajo” -llegando a justificar la brutalidad policial- y la diferencia de clases es palpable en cada set. Esto no es una crítica moral, nada más lejos de la realidad: la película mantiene unos valores republicanos que no olvidan el código del héroe, la pureza de sus protagonistas -independientemente de su color de piel- y sus aspiraciones a un mundo mejor. Es, a fin de cuentas, un western de John Wayne enmascarado en las sucias calles de Burbank.


‘Dragged Across Concrete’ es otra muesca en la culata del realizador de ‘Bone Tomahawk’, con una representación visceral de la violencia -atención a los tiroteos, rodados con una quietud alucinante- y unos protagonistas carismáticos hasta la médula. Una actualización de la serie B, los forajidos del oeste y la novela pulp en un país que, como diría aquel, ya no es para viejos. No se dejen engañar por cualquier campaña anti Mel Gibson con bigote: esta es, a pesar de lo que piensa, una de las mejores películas del año.

Lo mejor: la habilidad tras el guion y la cámara de Zahler, ya indudable.

Lo peor: su extraño desarrollo puede despistar a más de uno.

Por Carlos Marín

Etiquetas: Sitges 2018