Crítica de "Overlord" (*** ½): 12 del Patíbulo + Reanimator + Wolfenstein

Extraída directamente de tu cómic favorito de los 50s, ‘Overlord’ (Julius Avery, 2018) invoca las presencias de ‘Doce del patíbulo’ y ‘Re-animator’ para empaparte las palomitas de sudor y sangre. Divertida hasta la médula, no hay momento de respiro en esta serie B sin más objetivo que el de juntar a soldados de mandíbula cuadrada, villanos nazis de manual y monstruos mutantes en un cóctel explosivo y malhablado. Puro rocknroll.

Francia, 1944. Faltan horas para el desembarco de Normandía -también conocida como “operación Overlord”- cuando un escuadrón de la brigada aérea aterriza en el frente alemán. Su objetivo es derruir una torre de comunicaciones, pero el derribo de su avión deja a los protagonistas con un número reducido de hombres y recursos. Y lo peor está por llegar: al entrar en las instalaciones nazis, nuestros queridos aliados se encontrarán con las criaturas resultantes de un experimento que pretende esquivar la propia muerte. Como dice un oficial de las SS: “Un Reich de 1.000 años necesita soldados de 1.000 años”.


Unos primeros minutos de infarto marcan el reloj interno de la película: a toda leche y con un gusto especial por la violencia de tebeo. Las balas, al igual que en una ‘Planet Terror’ a la que le debe mucho, parecen de bazooka Con las cartas sobre la mesa y su –reducido- grupo de protagonistas en barrena, la historia se desarrolla en un ambiente bélico de sudor y tipos duros, obviando los componentes de terror hasta bien entrada su segunda mitad. No debe ser casualidad que sus primeros minutos recuerden tanto a los de ‘Depredador’, otra cinta con la que comparte intenciones de acción pulp con toques de horror gore.

Clave básica para no despegar los ojos de pantalla son sus personajes, liderados por un reparto ejemplar de caras semidesconocidas. Wyatt Russell (hijo de) es el arquetípico antihéroe duro, el líder nato que se complementa con el más humano personaje de Jovan Adepo. Un dúo que se retroalimenta para crear el único arco de personajes que su trama tiene tiempo de digerir, una falta que se complementa con el carisma de todos y cada uno de los personajes de la cuadrilla. Sus aires de ‘Salvar al soldado Ryan’ no se limitan a la violencia y el montaje desmadrado, también lo son para ese grupo de soldados sin nombre dispuestos a dejarse la vida en una misión suicida.



Quizás decepcione a los que esperaban una película de soldados contra zombies, este elemento algo más anecdótico de lo que alguno querría entrever en sus avances. Pero que no nos quiten lo bailao: el humor, la casquería, la diversión 100% palomitera de ‘Overlord’ es palpable en todo su adrenalítico metraje, un blockbuster levantado por artesanos que conocen a su audiencia y pretenden dar lo que se espera de ellos. Es una película para multisalas, pero también es una película hecha por cineastas. En un mundo lleno de universos compartidos y adaptaciones extenuantes, esta película es un cisne negro al que adorar.


Lo mejor: su montaje frenético y su violencia palomitera.

Lo peor: se echa en falta un clímax más espectacular.

Por Carlos Marín