Entrevistamos a François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell

Entrevistamos a François Simard, Anouk Whissell y Yoann-Karl Whissell, que repiten visita a Sitges tras el éxito de “Turbo Kid” para traernos esta vez una propuesta de terror, “Verano del 84”, su primera incursión en el género.

Resulta difícil veros por separado, tanto en los rodajes como en las entrevistas, prácticamente lo compartís todo, como una mente colmena. ¿Cómo habéis alcanzado esta sinergia?
Puede que suene un poco loco, pero pasamos cada día juntos, todos los días, para poder conseguirla. No hay un sólo día en que no nos llamemos al menos una vez. Somos espíritus afines, almas gemelas; compartimos la misma energía y el amor por las mismas películas, y nos viene muy bien trabajar de esta manera, en la misma onda. El cine, para nosotros, prácticamente es un negocio familiar. Empezamos en esto como un grupo de amigos hace casi veinte años, y nunca dejamos de trabajar juntos hasta llegar a donde estamos ahora.



No parece fácil, al menos desde fuera, coordinar entre varios la dirección de una película. ¿Cómo tomáis las decisiones? ¿Suele haber discrepancias?
Es inusual contar con tres directores activos en un mismo proyecto, lo sabemos, y como bien dices, no es fácil. Tienes que aprender a dejar tu ego a un lado y trabajar en equipo para escoger las mejores ideas para la película, que muchas veces no son las tuyas. Afortunadamente, a lo largo de los años hemos desarrollado una forma muy estructurada de trabajar que nos funciona bien. A veces discutimos, pero sólo cuando escribimos, y sólo cuando estamos los tres en la habitación, con las cortinas bajadas, sin que nadie pueda oírnos.

“Turbo Kid” llegó en su mejor momento, en pleno auge de la nostalgia ochentera. ¿Qué opináis de este fenómeno global del culto a los 80s? ¿Cuánto tiene de sentimiento real, y cuánto de imposición del mercado?
Creo que no es algo nuevo ni artificial, si nos fijamos en la carrera de grandes cineastas como Steven Spielberg, Joe Dante, John Landis o John Carpenter, entre tantos gigantes del cine, se nota la influencia de las películas de su infancia en sus respectivos trabajos. A nosotros nos pasa lo mismo con sus películas, que son, de hecho, nuestras películas de la infancia, lo que hace que estemos conectados en cierto modo. Sabes, cuando vemos “Indiana Jones”, ambientada en los años 30, nadie piensa: “Oh, esto es una revisión de los años 30”, sólo toma prestada la ambientación de esa época. Ahora jugamos con ese mismo concepto, pero tomando prestado el contexto del cine de los 80, que es con el que crecimos.

Sin embargo, los años 80 que retrataron en sus obras cineastas como los que citáis, o escritores como Stephen King, a quien también rendís homenaje en vuestra última película, eran en realidad idealizaciones de su propia infancia de los años 50. ¿Cuánto hay de los años 80 reales en “Verano del 84”, y cuánto de la idealización que ha perpetuado el cine y la literatura en la cultura popular?
Bueno, tratamos de hacer la ambientación lo más genuina posible, dado el presupuesto que hay detrás, que te pudieras sentir como en una película rodada en los propios años 80. Nuestros 80s no son ni coloridos ni tienen tantos neones, son los que recordamos, que no fueron perfectos ni maravillosos, sino tan oscuros como los quisimos recrear en la película. Con “Verano del 84” tratamos de evocar que algo tan idílico como un verano en un suburbio americano de largas calles y casas bonitas estaba lejos de ser perfecto o seguro. No estás a salvo en ningún sitio.

A diferencia de en “Turbo Kid” y trabajos previos, en “Verano del 84” dirigís por primera vez un guion ajeno. ¿Sentís que la película sea menos “vuestra”? ¿Qué diferencias habéis encontrado entre ambas experiencias?
No hay nada diferente, en realidad, si nos gusta un guion, si nos apasiona la historia y sus personajes, puede que suene raro lo que voy a decir, pero se convierte en algo “nuestro”. De todos modos, un proyecto nunca es enteramente nuestro, sino de todos los que en él trabajan; nosotros somos una parte de ese trabajo, y ese trabajo es una parte de nosotros. No hemos notado diferencias respecto a “Turbo Kid”, en este aspecto; nos sentimos igual de orgullosos.
De todos modos, en toda película hay cuatro películas diferentes, funciona así: guion, preproducción, producción y postproducción, y el guion va cambiando en todas las fases, el que tienes cuando empiezas no se parece al del final.



“Verano del 84” es una cinta de terror atípica. Es desconcertante que todo esté claro desde el primer minuto, que no haya misterios ni sorpresas, ni siquiera ese giro final que esperas que desmonte la descarada simpleza de la trama. Es transparente al espectador.
No te mentimos en ningún momento, ni siquiera en el tráiler tratamos de ocultar la identidad del asesino. Estamos tan acostumbrados a pensar que el villano nunca es el que nos presentan de primeras por ser demasiado obvio que ya no esperamos que en realidad sí lo sea. Esa es nuestra sorpresa: que no hay sorpresa. Jugamos con ese falso sentido de seguridad. Además, nunca pretendimos que “Verano del 84” fuese un whodunit, es más bien una partida de ajedrez entre un chico y un asesino. De esta forma conectas mejor con Davey, el protagonista, porque sabes que tiene razón, pero nadie le cree.


La secuela de “Turbo Kid 2” está en marcha. ¿Qué podéis adelantarnos?
Estamos con ella ahora mismo. Necesitamos que sea la mejor secuela de todos los tiempos, porque los fans fueron demasiado generosos con nosotros, y queremos ser igual de buenos con ellos. De hecho, me gustaría dar las gracias a todos los fans por su paciencia. Es mejor no apresurarnos, debemos asegurarnos de que todo esté bien antes de entrar en producción, y esperar a tener un mayor presupuesto. Además, hay otros proyectos en paralelo, ¿así que quién sabe que vendrá primero? Sea lo que sea, esperamos sorprenderos.

Por Narachamus

Etiquetas: Entrevistas - Summer 84