Crítica de "Nosotros" (****), la revisión del Home Invasion por Jordan Peele

Una de las líneas finales del remake de ‘La noche de los muertos vivientes’ de Tom Savini, escrita por George Romero decía “Nosotros somos ellos y ellos son nosotros” refiriéndose a los zombies que se veían atacados por un grupo de paletos al final de la película. Una cita bastante obvia, que resume el universo fantástico del autor con relación a la alegoría de sus monstruos. Sin escapar de esa misma concepción de relato moral sobre pecados que vuelven como castigo divino, natural o simplemente figurado, Jordan Peele agarra ese mismo concepto para crear un reflejo de nuestra culpa colectiva y lo materializa de una forma aún más explícita. En ‘Nosotros’ el monstruo somos, valga la redundancia, nosotros, o al menos un reflejo en forma de dobles oscuros.

Tras un impresionante y atmosférico prólogo en el pasado, la película nos presenta a Adelaide Wilson (Lupita Nyong’o) y su esposo Gabe (Winston Duke), que viajan con sus dos hijos, Jason (Evan Alex) y Zora (Shahadi Wright Joseph). Son una familia acomodada, que están de vacaciones cerca de Santa Cruz en una casa agradable. No es la típica familia con apuros económicos que podrías relacionar con afroamericanos. Quizá Peele ha elegido ese perfil social para diferenciar los temas que fluyen por debajo de su segunda obra, desde un principio evita el aspecto puramente racial que trataba en ‘Déjame Salir’, y ubicar a una familia negra en un estrato privilegiado es una forma de hacer una separación clara desde el minuto uno.



Claro que la elección también tendrá ciertas repercusiones respecto a lo que nos quiere contar, y en ese aspecto, el perfil económico sí que tiene que ver con su anterior película, con la que al fin y al cabo está más conectada de lo que parece. Pero ante todo, ’Nosotros’ no quiere ser tanto un cúmulo de opiniones como una cinta de terror clásico, puro y sin concesiones, que bebe del estilo de los maestros modernos y no huye en ningún momento de ellos, sino que lo hace explícito. Así, no esconde su reverencia a un Steven Spielberg con la camiseta de ‘Tiburón’ del niño protagonista, que es con la que va a la playa en la que, efectivamente, hay una escena construida casi en forma de homenaje al clásico.

No quedan tampoco dudas de su reverencia a ‘El resplandor’, por el punto de partida, la presencia de gemelas e incluso en su construcción de la puesta en escena, mucho más elaborada y consistente que la de su debut. La sensación de un cine con estilo personal consistente, es el gran hallazgo de un segundo largometraje que corría el riesgo de convertirse en la decepción tras irrumpir con la que ya es un pequeño clásico de la década. Y es que, aunque ‘Nosotros’ no sea tan brillante como ‘Déjame Salir’, tiene una cantidad de valores de producción superiores que, por momentos, hace preguntarnos qué habría pasado si Peele se hubiera presentado al mundo por sorpresa como director con esta obra.

Mucho de ese empaque visual se debe también a la fotografía de Mike Gioulakis (It Follows) que captura el potencial amenazante de la noche y los contrastes de luz en torno a la pigmentación oscura de los protagonistas, siendo seguramente uno de los mayores responsables junto al departamento de maquillaje del aterrador aspecto de los doppelgängers. Mismo aplauso en el apartado musical, en el que el compositor Michael Abels, hace una mezcla del coral de La profecía de Jerry Goldsmith y algo inquietante salido de Silent Hill, lleno de notas discordantes, muy absorbente y diferente, aunque quizá no tan memorable como su partitura prima con raíces africanas en Déjame Salir.



Todos los elemento creativos van girando para crear una especie de revisión del género Home Invasion que acaba tocando otros muchos subgéneros para jugar a ser, de nuevo, un episodio largo de ‘La dimensión Desconocida’, algo que hace que la presencia de Peele en el reboot tenga aún más sentido, si cabe. La historia nunca queda estancada y va creciendo con un concatenado de pequeños giros que acaba con una vuelta de tuerca que podría estar en cualquier capítulo de la mencionada serie, una resolución que no deja de revelarse satisfactoria a pesar de ser bastante predecible desde mucho tiempo atrás.

Pero eso no le preocupa a Peele, quien busca una exposición cristalina por encima de todo, manejando bien el suspense y los momentos inquietantes, aunque a veces parece que hay momentos del argumento en los que los elementos están colocados por que el autor desea hacer una escena con ello, pero no parecen crecer de forma natural. Esto además revela algunos problemas menores de ritmo. Casi dos tercios de la película son una frenética persecución, y en algunos momentos la intensidad se disipa, especialmente cuando nos percatamos de que la finalidad de los dobles no está muy clara, creando algunas contradicciones en su núcleo que afean el conjunto, que hubiera necesitado algún ajuste de guion para pulir sus engranajes. De cualquier forma, el clímax es tan efectivo que no deja mal sabor de boca.


‘Nosotros’ afronta temas de represión personal, la dualidad del yo, la pérdida de la identidad y los enlaza con una visión universal que va desde la diferencia de clases y la sociedad olvidada de la América sin recursos, los oprimidos frente a los opresores, recogido en una mitología completa, visualizada con trajes rojos, tijeras y conejos, en el estrato macro que invita a la revisión y el debate. Como sus grandes ídolos del pasado (Cronenberg, Romero, Craven), Peele ofrece una resolución narrativa impecable, a la que es difícil ponerle pegas —excepto la sobreexplicación en cierto momento y algún intento de contramontaje con una escena de la niñez de la protagonista un tanto reiterativa cuando no hacía falta— y lo hace sin resistirse a entrar de lleno en lo fantástico sin justificaciones, planteando un punto de partida mágico que no necesita más las seductoras justificaciones que se suelen pasar buscando tantos directores que quieren hacer cine de género y pasan la mitad de sus largometrajes mirando de reojo cualquier elemento que les acerca demasiado a él.

Por Jorge Loser.