Cuando en una película se vuelve a rodar metraje con otro director, casi puedes apostar las orejas a que el producto resultante dificilmente será bueno. Siempre acusan cambios de ritmo y estilo que delatan la conflictiva historia que hay detrás.
Pues bien, Invasión sufre esa tara, y lo que es peor, te hace pensar muy mal de la industria del cine. Recapitulemos: Oliver Hirschbiegel rodó The Invasion pero su productor, Joel Silver, debió considerar la película demasiado lenta. Probablemente pensaría que faltaba también un perro de mirada aviesa, así que se puso manos a la obra, y con los hermanos Wachowsky y el director de V de Vendetta James McTeigue rodó de nuevo parte del filme.
Efectivamente, el resultado le satisfizo, a pesar de no incluir al perro. Pero al espectador medio, y sobre todo el espectador que ya viera la película de Siegel o la de Kauffman (venga, la de Ferrara es un plus, pero poco más), y que se considere inteligente saldrá sintiéndose literalmente insultado.
Los primeros compases del metraje apuntan maneras, sobre todo en la manera de tratar la normalidad y posteriormente la "excesiva normalidad" que se vive tras la invasión silenciosa de los alienígenas: con un buen pulso, se desarrollan escenas de tensión con los pies en la tierra, y una sobria puesta en escena mantiene el tono de película seria. Además, poner a las instituciones gubernamentales en el punto de mira de la pandemia añade un plus de paranoia que la historia pide a gritos. Es, con toda probabilidad, la parte menos mutilada del metraje de Hirschbiegel.
Sin embargo, la historia avanza y comienza a atropellarse consigo misma. Hay persecuciones de coche, tumultos, una personificación burda "del mal", tan propio del cine palomitero más rancio (que alguien me explique, por favor, si estos alienígenas no tienen sentimientos, por qué parecen gritar de frustración cuando alguien se les escapa, y como se ve más adelante, son capaces incluso de subirse varios a un coche en marcha). James McTeigue, gracias por fastidiar algo que tenía tan buena pinta: la sensación de realismo sale por la puerta y casi esperar que Nicole Kidman coja una ametralladora, rompa los tacones, rasgue la falda y se ponga a liarse a tiros. De vez en cuando hay destellos de lucidez, como el peculiar suicidio de los amantes o la paranoia de Nicole por parecer una de "ellos", pero se esfuman rápido.
Respecto al reparto, desaprovechado. Si ponían a Nicole estaba claro que sería una supermadre cuyo hijo guardara la clave de la salvación, pero salvo un par de escenas como la conversación en la embajada, su gesto estólido no ayudan a empatizar con la supuesta desesperación que siente por su hijo. Respecto a Craig y el resto del reparto, son piezas con una utilidad concreta y poca profundidad: engranajes de la historia que no sirven para mucho más.
Y me despido con lo peor del film: el tratamiento de "estúpidos" que hace con los espectadores. A la hora de película (!a la hora!) hay un flashback con tooodo lo relevante que ha pasado hasta ese momento, subrayando situaciones que ya estaban marcadas en su contexto. Y para rematar está el final, que no duda en repetir el mensaje de la conversación de la embajada (repito, uno de los pocos puntos brillantes de esta Invasión), !tres veces! Primero de forma indirecta y luego plantándote las palabras en off. Falta un letrero luminoso diciendo: !Eh chicos, este es el mensaje de la película, prestad atención! Un entretenimiento olvidable, sólo apto para un miércoles aburrido. Es curioso que una película que denuncia, entre otras cosas, el amansamiento y borreguismo actual, sea tan fría.
Lo mejor: La paranoia inicial, y ciertas escenas deliciósamente sociópatas.
Lo peor: Los secundarios, que no nos engañemos, salvo Kidman son TODOS, muestran una personalidad plana. |