CRÍTICA DE THOR: RAGNAROK

Por Francis Díaz Fontán
 
Thor es uno de esos casos del universo cinematográfico de Marvel en que el personaje parece más diseñado para decorar unos Vengadores, que para contar sus propias historias, con permiso, quizá, de ese arquero rándom interpretado por Jeremy Renner, personaje que se queda sin nada que contar incluso a mitad de las pelis de otros.

Así, las dos primeras son lavados de cara del concepto que exploraron en su día Hércules en Nueva York (Arthur Allan Seidelman, 1970), El Señor De Las Bestias 2: La Puerta Del Tiempo (Sylvio Tabet, 1991), o nuestra añorada Masters Del Universo (Gary Goddard, 1987), regadas con un sentido del humor que nada entre lo agradable, lo gratuito, y lo absolutamente innecesario, que muchas veces parecen decirte que no hay nada más allá de la bromita de turno sobre Kat Dennings y su Taser, o enrollándose con su becario.

Muchos de los que conocemos a Thor en los cómics, y teníamos una idea clara de lo que nos gustaría ver del personaje en cine, acabamos algo decepcionados con esa versión pasivamente fiel, descafeinada, e iconoclásticamente humorística, en que el hijo de Odín dejaba caer una jarra de cerveza para reproducir la típica gracieta del bárbaro en el S. XXI. Y por eso muchos de nosotros no esperábamos encontrar en Thor Ragnarok una experiencia memorable.

Pues bien, ahora nos tenemos que morder la lengua ahora que hemos descubierto esta deliciosa rareza de fantasía futurista (algo que la saga de Thor sí nos ha sabido dar de manera espectacular), ciencia ficción colorida al más puro estilo de Futurama, mucho humor (sí,claro, no podía faltar), pero sobre todo, mucha creatividad, y muchas ganas de salirse del camino, de dejar de contarnos la versión simplona de algo que molaba mucho más en color de cuatricomía de imprenta.

Eso hace que Thor Ragnarok sea toda una sorpresa. Lleva la contraria a la mitología, el aspecto, y la pre-concepción o las expectativas del espectador sobre el producto, y nos sumerge en la que es, sin duda, la película más completa, más variada, y más estimulante de la franquicia.

El estilo visual y el tono narrativo siguen mucho la estela de la exitosa Guardianes De La Galaxia (James Gunn, 2014) Kate Blanchet interpreta a una villana al más puro estilo del General Zod de Terence Stamp, incluso en su elenco de frases, y Jeff Goldblum a uno de los antagonistas más simpáticos del género, en una cinta en que Chris Hemsworth consigue que su versión del personaje por fin cuaje y Anthony Hopkins por fin nos deleita con ese toque suyo que apenas se saboreaba en su Odín de las anteriores pelis. Mark Ruffalo y Tom Hiddleston están a la altura de sus personajes, y ofrecen una buena comparsa, aunque Hulk (¿cuenta como Ruffalo?) llena la pantalla (y no sólo literalmente) siempre que aparece. Preparaos para ver el Hulk con más riqueza de diálogo del cine.

La banda sonora merece una mención especial, que mezcla una parte sinfónica tradicional, con un rock muy setentero, y momentos de electro-pop del estilo del video-juego de 8 bits. Y sorprendentemente, todo junto queda fenomenal. Abrid boca, ¡porque esta peli os demostrará que al final es buena idea mezclar ositos de gominola con bacon!

Lo Mejor: Jeff Goldblum y Korg, el personaje interpretado por Taika Waititi, el director de la peli, que viene con homenaje a los 4 Fantásticos incluido.

Lo Peor: Sigue siendo, a pesar de lo divertido y creativo, un producto formulaico que no asume grandes riesgos ni en lo dramático ni en lo artístico, y se marca muy pocos objetivos (eso sí, los cumple todos).
 
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