CRÍTICA DE SPIDERMAN: HOMECOMING

Por Francis Díaz Fontán
 
Han pasado ya quince años desde que SONY/Columbia nos sorprendiera con SpiderMan (2002), el título que nos llegó de la mano de Sam Raimi. Quince años podría parecer mucho tiempo, pero realmente no es tanto si tenemos en cuenta que desde entonces, la franquicia se ha reiniciado dos veces, y ha dado para tres Peter Parkers, tres tías May, dos duendes verdes -y medio, si contamos con la versión de James Franco de Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007)- y cuatro versiones del traje clásico (amén de una versión muy poco inspirada del traje negro)... ¡Es demasiado poco tiempo para tanta re-escritura!

Así, después de tres pelis de Raimi, dos de Mark Webb (con repetición de origen, muerte de tío Ben, y nuevo Duende Verde), y un nuevo -y más joven que nunca- Peter Parker en Captain America: Civil War que a muchos llenó de esperanza, pero que a otros -especialmente los que habían visto en Andrew Garfield su SpiderMan preferido- les parecía un producto sobrante, Spidey está de vuelta.

Entre las críticas estaba (y está) encontrarnos otra vez ante la misma etapa del personaje en cine: la adolescencia, una etapa que el cómic deja atrás tras 30 números (todavía en los años 60), dejando camino a la etapa más canónica para la mayoría de los lectores: El Peter Parker de veintipico que ya dejó atrás su condición de “pringado de instituto”, y saborea su condición de líder de grupo, fotógrafo bien (a veces mejor, y a veces peor, claro) pagado, y héroe en ratos libres, que sale con una súper modelo.

Pues bien, esa etapa, que podría ser lo siguiente que nos habría deparado los buenos de Garfield y Webb, se pospone una vez más, y con carácter indefinido hasta que Tom Holland, nuestro nuevo Peter/Spider-Man tenga la edad de aparentar edad adulta, porque lo que toca ahora es… La etapa del instituto, otra vez. Y por si fuera poco, dada la introducción de Spider-Man en el Universo Cinematográfico Compartido de Marvel Studios, nos va a tocar ver a uno de los personajes más autónomos y con más identidad propia, como es Spider-Man,
compartiendo escena recurrentemente con el personaje más omnipresente del MCU, nuestro Tony Stark (interpretado, como siempre, por el talentoso Robert Downey Jr.).

Soltada la parte "negativa" (a priori elemento importante a la hora de enfrentarse a la película), toca analizar la película en sí misma, y ver cómo funciona, independientemente de las consideraciones epistemológicas que todo fan, con su preconcepción y expectativas, suele tener. Y es en ese análisis donde la película adquiere su propio brillo, ya que se trata de una peli tremendamente divertida, donde el protagonismo de Peter es absoluto, convirtiendo al gran Robert Downey Jr. en un mero secundario (algo que no le ocurrió en Captain America: Civil War, en que ostentaba un protagonismo superior al de Chris Evans y su Steve Rogers), y centrándose en contar una historia por encima de presentar un personaje que, considera el narrador que ya se ha introducido desde el origen demasiadas veces.

Olvidaos pues, de arañas radioactivas, muertes del tío Ben, y frasecitas de poder y responsabilidades repetidas mecánicamente, y adentraos en saborear una aventura del trepamuros que, en muchos aspectos, podría emplazarse en casi cualquier versión del personaje, y en el que tenemos uno de los mejores villanos de toda la franquicia arácnida.

Y hablando del villano, debemos decir que Michael Keaton borda uno de los malosos peliculeros del lanza-redes mejor fundamentados, aunque, como sus predecesores, tiene un problema básico de diseño: Siempre se “sobre-tecnifican” los enemigos de Spider-Man, haciendo que desde el Duende Verde hasta Electro, y exceptuando sólo al Lagarto (The amazing Spider-Man, 2012) tengan demasiado cachivache “tech” que les hace parecer más robots que duendes, o más cyborgs que buitres.

Por lo demás, la realización del joven Jon Watts es muy sólida, y tanto el cast como el tratamiento de los adolescentes de la película es delicioso, dejando atrás el trauma de la víctima de bullying y adentrándonos en un universo donde ni siquiera Flash Thompson es tan tan malo, y donde todos lucen una autenticidad que no estaba presente en entregas anteriores, donde aquellos adolescentes peinaban casi tantas canas como los de Grease (Randal Kleiser, 1978). Destaca, en este apartado, la joven Betty Brant (interpretada por una Angourie Rice que parece estar interpretando a otra chica arácnida), que deslumbra el noticiario del instituto con su adorable y sosa pasividad, y la inmensa, aunque desaprovechada Zendaya (interpretando a Michelle, la chica nueva de la mitología arácnida), que es de las comparsas más simpáticas que cualquier grupo de amigos, como el de la peli, podría tener. Y muy bien recibido Tom Holland, puede que el Peter Parker que más lejos llegue, y que, si bien no es un calco del que leíamos, y es de largo, mejor tipo, y mucho menos mezquino que el Peter de Lee y Ditko, nos deja con muchas ganas de más.

En definitiva, una película muy recomendable, donde el estilo humorístico y ligero de Marvel Studios se ajusta perfectamente, en lugar de dejarnos ese sabor de boca a parodia no solicitada que nos dejaron a muchos Thor (Kenneth Brannagh, 2011), Ant-Man (Peyton Reed, 2015) y algunos momentos de Dr. Strange (Scott Derrickson, 2016)

Si no lo teníais muy claro, nuestra recomendación es tajante, dadle una oportunidad a este nuevo Spider-Man, en el peorcísimo de los casos, habréis visto una película muy divertida.

Lo mejor: la Tía May de Marisa Tomey, que no es la de siempre, pero es de los mejores personajes de la cinta. Y el diseño de los títulos de crédito, que, como uno espera de Spidey, opta por la frescura sobre la solemnidad.

Lo peor: Realmente se sigue echando de menos al duo Garfield/Stone y la química que tenían.
 
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