CRÍTICA DE LA CURA DEL BIENESTAR

Por Sergio Tofiño
 
Ya han pasado quince años desde que Gore Verbinski llevase a Hollywood "La Señal", su peculiar visión de la japonesa, "Ringu", con las que nos demostró a todos que su particular forma de ponernos los pelos de punta. Por ello, había muchas ganas de volver a verle en este género tras embarcarse en títulos como "Piratas del Caribe" o la fallida "El Llanero Solitario".

Con "La Cura del Bienestar" Verbinski se pone al frente de una trama con una premisa interesante, que da lugar a una película aterradora a la par que inquietante. Una historia que vuelve a regalarnos la oscuridad y el misterio que tanto nos enamoró en "La Señal" y que se ha convertido en marca de la casa de su director.

En ella Dane DeHaan da vida a un empresario que debe viajar a los Alpes suizos para traer de vuelta al CEO de su compañía, el cual está pasando unas vacaciones en un balneario. Cuando llega allí, descubre que el lugar es de todo menos un idílico paraje para descansar.

Podríamos considerar "La cura del bienestar" como una versión claustrofóbica de "La invasión de los ultracuerpos" mezclada con los mejores capítulos que nos regaló la temporada "Asylum" de "American Horror Story". Durante la primera hora, Verbinski juega con el espectador a base de pinceladas de misterio y secretos, en la que se debe prestar atención a cada plano, cada gesto o cada frase de sus protagonistas. Cada minuto que avanza en la historia son pequeñas pistas de un puzzle que debes resolver en la hora final de película. Y ese quizás sea el mayor acierto de "La cura del bienestar": creer que formas parte de la trama, creer que debes ayudar al protagonista a desenmascarar a todos y cada uno de los misteriosos personajes con los que se va topando.

Además, Verbinski nos regala las mejores escenas escatológicas de toda su carrera. Esas escenas, que siempre nos revuelve el estómago y que nos deberían hacer mirar hacia otro lado. Pero no lo hacemos, seguimos mirando la pantalla porque nos encanta ¿disfrutar? con ellas. Y este balneario nos las regala todas. Gracias, en parte, a unas simpáticas anguilas que nos encontramos durante toda la película hurgando en los estómagos del espectador.

Tal vez su final, demasiado precipitado y rápido, así como su excesiva duración (150 minutos) sean los puntos negativos de una cinta, que nos sirve para confirmar que el mejor Verbinski está de vuelta, mostrando una vez más su lado más terrorífico y misterioso. Y nos encanta.

Lo mejor: Su ambientación. La banda sonora de Benjamin Wallfisch.

Lo peor: Su excesiva duración.
 
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