CRÍTICA DE OUIJA: EL ORIGEN DEL MAL

Por Francis Díaz Fontán
 
Los fabricantes de juguetes Hasbro han sabido sacarle partido de forma más que provechosa a licencias de sus juguetes como G.I.Joe (2009 y 2013) o la exitosa saga Transformers, cuyo principal responsable, Michael Bay, produjo ya en 2014 la adaptación al cine del producto de Hasbro más singular, Ouija (Stiles White, 2014).

Dos años después de la bien rodada, aunque tópica y poco inspirada primera parte, viene esta nueva entrega que, al igual que en otras sagas, como Insidious 3 o el spin off del Expediente Warren, Annabelle (John R. Leonetti 2014), se lanza a avanzar hacia atrás, y nos regala esta precuela en la que brilla el estilo visual, la atmósfera, y el tono del que carecía la primera.

La película nos cuenta la historia de la familia Zander, que en cierto modo ya se nos había contado en la pelíula anterior/posterior, pero lo hace con un gusto por la imagen que no esperábamos encontrarnos. Así, las apariciones, criaturas fantasmales, demoníacas, y macabras, transmiten mucho más que en la anterior y lucen a un nivel muy similar a las vistas en títulos como Insidious o Expediente Warren de James Wan, en que estas tenían mucho sabor, y a diferencia de otros títulos como la saga Paranormal Activity (2007-2015), en que el factor estético está muy en segundo plano.

En términos de narrativa la cosa también mejora bastante, profundizando más que bien en la construcción de personajes que ya nos habían presentado en la peliícula anterior en forma de meras fotografías, aunque el desenlace no funciona tan bien como el sobresaliente planteamiento y el más que satisfactorio desarrollo. Pues en cierto modo, si algo se le puede reprochar a Ouija: El Origen del Mal, es precisamente eso, ya que tiene un desenlace confuso, carente de un rumbo claro, y muy deslabazado.

Tiene excusa, por supuesto, ya que debe cumplir con el epílogo impuesto por los objetivos narrativos de la primera peli, en que sabemos dónde está cada personaje, y qué ha sido de cada cual, y a la vez, plantearnos una historia que saborear de forma fresca y activa, lo que ocasiona las piruetas narrativas que se dan entre los momentos que sabemos que ocurrirán, y los que recibimos como una sorpresa. Al final, la cosa acaba justo donde sabíamos que acabaría los que vimos la película anterior, pero nada nos quita el vértigo del desenlace, en que no sabemos qué pasa, ni a dónde vamos.

Los actores y los personajes están especialmente bien, ampliando lo que ya se había mencionado de ellos, y haciendo que la señora Zander presente mucha más profundidad y conflicto moral de manos de Elizabeth Reaser que lo que esperaríamos del personaje tras ver la primera entrega. Una mención especial merece Henry Thomas, al que conocimos en una película de la misma distribuidora hace ya más de 30 años, cuando interpretó a Elliot, el niño protagonista de E.T. (Steven Spielberg, 1982). Ha sido un placer volver a verle, ya que, a pesar de no haber gozado de una carrera tan privilegiada como su compañera de reparto Drew Barrymore, es un actor muy resuelto, muy plástico, y muy versátil, y en esta película lo vuelve a demostrar.

Las jóvenes Annalise Basso, que interpreta notablemente a la joven Lina Zander, y Lulu Wilson, que interpreta a la pequeña Doris, el personaje sobre el que recae la mayor responsabilidad, en cuanto a nuestro género favorito se refiere, hacen un trabajo formidable y consiguen que empatices con ellas e incluso ignorar los prejuicios que la primera peli había dejado sobre ellas.

Como decíamos, pocas cosas negativas podemos decir sobre Ouija: El Origen Del Mal, salvo una, y es su abrupto final que no está a la altura de su inicio.

Lo mejor: la nueva imaginería, con demonios, almas en pena, y monstruos mucho más estimulantes, y una ambientación mucho más rica. Henry Thomas, siempre un placer volver a verle en pantalla grande.

Lo peor: El ya mencionado final y sus continuos WTF, que se solucionan, por supuesto, pero producen cierto mareo durante la experiencia.

 
CRÍTICAS RECIENTES