CRÍTICA DE TRANSFORMERS 5: EL ÚLTIMO CABALLERO

Por Francis Díaz Fontán
 
La saga de Transformers se ha caracterizado por dividir al público desde su primera entrega. Los más puristas se quedaron bastante al margen del estilo humorístico de algunos detalles de la adaptación (como el mismo Shia LaBeouf o su perro escayolado Mojo), y de su extravagante diseño, casi macarra, que se distanciaba de la elegancia ortogonal de los juguetes y cartoons originales. Por su parte otros devoraron sin pestañear la adaptación, y mantuvieron el interés durante nada menos que tres secuelas, la última de las cuales, cambiaba a LeBeouf por el rentable Mark Whalberg, que repite en esta quinta entrega de la franquicia.

Transformers: El Último Caballero es, como pocas, aparatosa, excesiva, y caótica, y se puede decir, que, exceptuando porno, tiene de todo: Caballeros de la tabla redonda, un Merlín borracho, dragones tricéfalos, toques de sitcom con mini dinosaurios invadiendo la nevera, militares malos, militares buenos, robots buenos, malos, robots malísimos, unos nazis, y un Anthony Hopkins parodiándose a sí mismo utilizando como herramienta para ello la solemnidad y la clase que le valieron el reconocimiento artístico internacional.Transformers: El Último Caballero en un curioso landmark de la historia del cine… A menos que Hopkins decida seguir con su política de auto-parodia en tras cintas (ejem, Thor, ejem…), en cuyo caso ésta se confundirá con un inmenso sustrato de falta de respeto a la gloria pasada.

Las innumerables tramas se van introduciendo paulatinamente a lo largo de toda la cinta, así que es normal encontrarse “materia reservada a primer acto” durante todo el metraje, mientras algunos planteamientos del principio de la peli quedan en suspenso indefinido hasta que otras introducciones han sido convenientemente expuestas y les vuelve a tocar turno.

La realización exquisita de Michael Bay, artista experto como pocos con el uso de la cámara y la sala de edición, es insuficiente debido al material con el que tiene que enfrentarse, y su propia tendencia al humor fuera de momento lo complica aún más, y hace que el espectador deje de tomarse en serio la película en el momento menos oportuno para ello. Como detalle a destacar, está Cogman (doblado por el actor británico, veterano de Downton Abbey Jim Carter), el mayordomo robot psicópata (aunque él mismo confiesa preferir el término sociópata) que parece escrito por seis personas sin contacto entre sí y a las que se les prohibe ver el trabajo del resto. Así, el robot mayordomo parece lucir una personalidad diferente en cada momento de la película, y acaba dando más miedito que la villana principal, la malvada Quintessa (doblada por Gemma Chan)… que además de trazar el plan, no hace gran cosa, la pobre.

En el cast repite Josh Duhammel, aunque los diálogos y acciones de su personaje podrían haberse repartido otros personajes y la trama no se hubiera resentido. Otro que repite es John Turturro, en un rol cómico -que no gracioso- y el anteriormente citado Mark Whalberg, quien hace lo que puede en su segunda aparición como Cade, pero su rol se diluye en ese desordenado mar de situaciones, conspiraciones, persecuciones y demás interferencias narrativas.

Eso sí, la acción, muy copiosa, y presente en todo el metraje, sigue siendo de lo mejorcito, y a pesar del conjunto, hará las delicias de los más aficionados a la franquicia. Desgraciadamente pese a su enriquecedor factor visual, Michael Bay la alarga innecesariamente hasta los casi 150 minutos.

Lo mejor: El robot mayordomo/psicópata/cocinero de sushi/bouncer etc etc. Sin duda.

Lo peor: Su excesiva duración que hará que más de uno no espere a la secuencia post-créditos.
 
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