CRÍTICA DE FRAMED

Por Carlos Marín
 
El inclasificable humor negro, adolescente y pasado de roscas de ‘Framed’ representa, lo pretenda o no, a esa generación del ‘like’ cuyos antecesores miran (miramos) con cierto recelo y miedo. El chiste rápido como una subida de apuesta continua, sin límites morales, sexuales o incluso violentos capaces de rellenar el hueco maldito del telenoticias domingo. Y como los buenos chuletones de género, sus responsables lo reflejan encendiendo la sartén del splatter, cociendo un buen filete de home-invasion y marinándolo todo con el estilo de horror pasado de roscas de la nueva generación (véase Fede Álvarez, véase Jason Eisener, véase Adam Wingard).

Una nueva app acaba de salir al mercado. Su nombre es Framed y su uso, ilimitado; una aplicación de video en directo, sin censuras ni cortes de ningún tipo. Una golosina para el trío de psicópatas que deciden irrumpir en una cena de amigos y, con el objetivo de ser el video más viral de la historia, retransmitir en vivo una buena sesión de torturas, asesinatos y vejaciones que ríete tú de una banda de Drugos. Poner en contra a unas víctimas que, atrapadas y vigiladas por el mundo entero, tendrán que entrar en el juego de los asaltantes para inundar la web de aquello que sus seguidores demandan: sangre, carne y cuerpos desmembrados.

Una buena ópera prima tiene dos elementos que la distinguen entre la multitud: inconsciencia y exceso de voluntad. Ingredientes que, independientemente de su uso, la hacen mucho más interesante que cualquier cajón de comodidades con miedo a dar el paso equivocado. ‘Framed’, primer film del catalán Marc Martínez Jordan, apuesta por el primer modelo.

Inconsciente en su uso del humor burro, del gore, de subir el precio del pan en cuanto a cada set-piece de violencia que sigue a la anterior. Y exceso, de voluntad, de referentes o de pretensiones, que emborronan un poco el relato sencillo que podría haber sido para dejar paso -vía recargo de diálogos- a sentencias definitivas sobre sus temas. En ese sentido, ‘Framed’ funciona mejor en sus chistes (ese boy scout…) que en su profundidad (“La audiencia quiere…”). A cambio, el regalo de un running-gag brillante con el guapo de la película, o la demostración que la droga caníbal es un recurso cinematográfico absolutamente válido.

Obviamente imperfecta y llena de aristas, ‘Framed’ es ese buen conjunto de ideas ejecutadas con (mal) gusto que necesitas para canalizar tu odio por cualquier youtuber de moda. Una gamberrada que, cuando decide aparcar su contenido, explota su continente con las maneras del más loco mumblegore norteamericano: slow-motion, hiperviolencia, acidez y ganas de explorar los géneros de siempre con lo que la actualidad le ofrece. Un retrato de esa generación que se desencaja la mandíbula con videos de gente comiendo mierda. No estamos muy lejos de ellos y, de alguna manera, la película de Martínez Jordan los sabe unir con el mismo cordón umbilical del cine de videoclub: a través del intestino humano. A disfrutar (like si yoraste).

Lo mejor: su sentido del humor hiperviolento y gamberro.

Lo peor: quizás no hacía falta verbalizar tanto el discurso.

 
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