CRÍTICA DE GUARDIANES DE LA GALAXIA 2

Por Francis Díaz Fontán
 
Cuando en 2014 nos llegó la adaptación al cine de lo que para muchos era uno de los productos menores de Marvel, los que habíamos disfrutado de la carrera de su director, James Gunn, intuíamos que, después de algo tan brillante como SUPER, el siguiente trabajo del director era, simple y llanamente, una cita obligatoria, y una garantía de calidad.

Y eso es lo que fue Guardianes de la Galaxia (James Gunn, 2014), que nos dejó maravillados por aquella colección de momentos de humor, emoción, creatividad sin límites, acción, aventura cósmica, y sobre todo, mucho Rock & Roll. Y es que, afrontémoslo, ante un resurgir tan potente como el que Star Trek nos brindó de la mano de J.J. Abrams en 2009, Disney ha conseguido con la saga Guardianes de la Galaxia, un competidor galáctico a su altura, algo que para algunos no ha conseguido en lo creativo un Despertar de la fuerza con menos fuelle del esperado, y un Rogue One que confirmó, para muchos, que cierta saga galáctica depende demasiado de los buenos momentos del pasado.

Pues bien, el anhelado Guardianes de la Galaxia. Volumen 2 ha llegado, y es todo lo que esperamos, todo lo que queremos de vuelta, todo lo que sabíamos que nos reiremos e incluso algo más, ya que nos introduce nuevos elementos en la mitología, y, aunque en algunos casos no profundiza demasiado en ellos, como en el personaje de Sylvester Stallone, nos deja con intriga para el futuro, y en conjunto, nos brinda una historia más intimista y sencilla que la primera, y a la vez, más grandiosa en magnitud.

Volvemos a encontrarnos con nuestros guardianes, con una tensión sexual “no verbalizada” entre Gamora (Zoe Saldana, genial como siempre) y Peter Quill (StarLord). Asimismo regresa el mejor aprendiz posible de la condición humana que es Drax (Batista, quién está especialmente lucido en esta cinta), el imprescindible Rocket Raccoon (que berrea con la voz de Bradley Cooper, pero que es mucho más que eso), y, por supuesto, la mayor súper estrella de la función, lo mejor de lo mejor, Groot (una vez más, con la voz de Vin Diesel). A partir de esa primera aventurilla inter-créditos, surgirá una trama en la que la acción se combina con el viaje personal de los protagonistas, y, por supuesto, con multitud de situaciones en las que el humor estará muy presente. También volveremos a disfrutar de Karen Gillan como Nebula, y el agradecidísimo regreso de Michael Rooker como Yondu Udonta, un personaje que no decepcionaba en la primera, pero que se desarrolla mucho más en la segunda.

No desvelaré mucho más de la historia, pero si os contaré que a pesar de cierta pasividad de ritmo durante el segundo acto, las más de dos horas de película se pasan volando, y el elemento visual es de lo mejorcito que podemos saborear hoy en día. Preparaos también para una de esas pelis que merece la pena ver en 3D.

En resumen, estamos ante una secuela a la altura de su predecesora, ante lo mejor que nos puede ofrecer Marvel Studios, y de largo lo mejor que nos puede ofrecer Disney en términos de Space Opera. Estad atentos a los post-créditos (sí, 5 secuencias, nada menos, aunque, como os podréis imaginar, algunas de mayor importancia que otras), y esperemos que la espera hasta el Volumen 3 se haga lo más corta posible.

Lo mejor: Los guiños de ojo de Rocket, la narración de porcelana de Ego (no voy a contar nada sobre Ego, algunas cosas hay que vivirlas, no leerlas en una crítica), el inmenso Michael Rooker, los efectos especiales (literalmente, tocando techo), el cameo más Marvel de Stan Lee, con homenaje a Hergè incluído, y en general, la peli entera.

Lo peor: Hay personajes y situaciones que se hacen escasas, y simplemente te gustaría que la peli durase el doble.
 
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