CRÍTICA DE OKJA

Por Pablo S.Pastor
 
Una pregunta taladraba mi cabeza cuando acabé de ver Okja, ¿Cómo puede Netflix, productora de la misma, contentarse con emitirla sólo en pantalla pequeña? Estamos, sin duda, ante una de las películas más bellas y tiernas en lo que va de año. Un conjunto de espectaculares efectos digitales mezclados junto a unas bellísimas imágenes que todos podremos disfrutar en la cadena de pago a partir del 28 de junio.

Se trata de Okja, la nueva "película de criaturas" del director coreano Bong Joon-ho, una propuesta muy alejada de su obra de 2006, ‘The Host’. Estamos ante una hermosa cinta familiar de aventuras sobre una niña y su mejor amiga, una cerda gigante llamada Okja, a la que ha llegado a amar como si fuese de su propia familia. Esta emocionante, encantadora y dulce película comienza regalándonos varios conmovedores momentos en los que podemos ver como transcurre la mágica vida que ambas llevan juntas en las montañas coreanas. Es entonces cuando entra en escena la ciudad de Nueva York y un mundo lleno de cinismo, amenazas y peligros.

La criatura, cuyo nombre da título a la cinta, es un súper cerdo criado por la Corporación Mirando como una fuente de alimentos futurista, más baratos de producir y con menos impacto en el medio ambiente. Además, como dice la CEO Lucy Mirando (Tilda Swinton), "saben jodidamente bien". Como parte de una estrategia de marketing emocional, varios de estos súper-cerdos se envían alrededor del mundo para ser criados con métodos tradicionales locales. Uno de ellos, Okja, termina en una remota granja en Corea del Sur, donde vive una niña llamada Mija. Y así, Okja y Mija crecen juntas, convirtiéndose en las mejores amigas que podrían tener. La lealtad ciega, el afecto efusivo y un toque de torpeza hacen que esta protagonista nos conquiste desde el momento cero, siendo difícil no sentir el toque de la nostalgia si hemos vivido con animales.

De su impresionante elenco debemos destacar a la pequeña Seo-Hyun Ahn, que nos regala una actuación sobresaliente dando vida a Mija, la niña protagonista que ha crecido sin padres, siendo cuidada por su abuelo Hee Bong, interpretado por Hee-Bong Byun (que ya estaba presente en ‘The Host’). El destino final de Okja es volver con la compañía, ser exhibida a los medios de comunicación, desfilar junto al veterinario estrella de la televisión, el Dr. Johnny Wilcox (Jake Gyllenhaal) y acabar siendo comida para miles de personas. Bong Joon-Ho consigue, sin duda, marcarse una declaración bastante brutal y devastadora sobre nuestra actitud hacia el consumo de carne, consiguiendo que ‘Okja’ sea el tipo de película que puede convertir a la gente en vegana.

Debemos alabar también tanto la actuación de Jake Gyllenhaal como la de Swinton, así como el guión, escrito por el propio Joon-ho junto al escritor y periodista británico Jon Ronson, regalándonos varios momentos que nos recuerdan al espíritu de las obras del gran Roald Dahl. Bong demuestra, una vez más, ser un creador absolutamente único en su enfoque, pudiendo cambiar el tono en la cinta con la habilidad con la que una araña teje su red, consiguiendo pasar de ser angustioso a hilarante, pasando por momentos dulces y hasta nihilistas. Un enfoque que nos revela un mundo cruel y despiadado, pero que nunca nos deja sin esperanza.

Hay algo inspirador en la manera en que el director maneja el contraste entre el paraíso bucólico en el que Mija y Okja han crecido juntas y la selva alienígena de la gran ciudad. La dinámica narrativa es comparable a una versión infantil de la mítica King Kong y hay ciertos momentos tremendamente bien logrados, como ese improvisado rescate al comienzo de la película o la misma creación digital del cerdo protagonista, conseguida con una tremenda habilidad. Una cinta llena de pura energía, simpatía y ternura que la convierten en un placer para todos los sentidos.

Lo mejor: la niña protagonista

Lo peor: verla sin clínex.
 
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