CRÍTICA DE SWISS ARMY MAN

Por Carlos Marín
 
En uno de los instantes más emotivos de la película, el muerto viviente/navaja suiza humana interpretado por Daniel Radcliffe le dice a su mejor amigo en el mundo -el ya figura indie Paul Dano- que "es triste ocultar los peos a tu mejor amigo". Este momento, que aúna escatología con exaltación inocente de la amistad, es un perfecto y concentrado resumen de lo que uno se puede encontrar en la fantástica Swiss Army Man (Dan Kwan & Daniel Scheinert, 2016): una película que rezuma belleza en su particular universo y un recordatorio de que, en el cine, estamos todavía lejos de enterrar la originalidad narrativa sobre los temas clásicos del amor, la amistad y las flatulencias personales.

Al borde del suicidio, un naufrago desesperado se encuentra el cadáver de un joven varado en la playa. Pronto descubrirá que el cuerpo del fallecido esconde toda una serie de maravillas, como poder impulsarse cual barca a través de la fuerza de sus (ejem) gases o generar dosis ilimitadas de agua potable en su boca. Pero lo que de verdad se encontrará es a un alma gemela, una persona que descubre el mundo a través de sus ojos y con el que iniciará una bellísima historia de amistad que cambiará la vida -bueno, es un decir- de ambos para siempre.

La exaltación de lo escatológico no es más que una excusa -infantil- con la que sus directores quieren hacer una oda al cuerpo humano, honrando una sinceridad hacia nosotros mismos que lo social nos quita de pequeños. Es, en general, un tono realmente infantil sobre temas que a los adultos nos escandalizan. De hecho, sus realizadores lo plasman a la perfección en una de las escenas más conmovedoras, con un juego de puntos de vista que se cobra todo el planting colado durante sus tres primeros cuartos. Con el corazón en un puño te dicen, pobre de ti, lo que importa de verdad es lo que está dentro de ti y que le den a los demás. Quererse a uno mismo, que diría El Cordobés.

Pero lo que sí no tiene nombre es lo de Daniel Radcliffe. Hace, sin miedo a exagerar, la interpretación de su carrera: llena de una inocencia infantil en su interior, plasmando la putrefacción en el exterior, su Manny es uno de los personajes del año y el único compañero que de verdad te llevarías a una isla desierta. Sin moverse, con solo media sonrisa y un ojo medio cerrado es capaz de conmoverte hasta límites insospechados. Su relación con el personaje de Paul Dano va más allá de la fraternidad y componen un tremendo dúo que impulsa la ya de por sí brillante imaginería de la película.

Apasionante, conmovedora hasta límites insospechados y original en cada uno de sus poros, Swiss Army Man es una de las mejores películas del año, tan divertida como reflexiva, tan arriesgada como eficiente. Tocando la fibra en sitios inesperados, la película del "cadáver que se tira peos" no solo tiene muchas más capas de los que una tonta polémica podría señalar, si no que posee un universo increíble donde Jurassic Park es uno de los pilares del mundo moderno y en el que un autobús se puede convertir en el marco perfecto para un -amargo- cuento de hadas. Increíble, preciosa y única en su especie. Impensable perdérsela.

Lo mejor: que su originalidad no rompe su preciosa historia de amor y amistad.

Lo peor: que sus haters la acusarán de hipster.
 
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