CRÍTICA DE JACK REACHER: NUNCA VUELVAS ATRÁS

Por Manuel Mañero
 
La industria agota sus últimos cartuchos palomiteros del último trimestre de 2016 con esta adaptación, secuela del Jack Reacher de 2012 que ya pasó sin pena ni gloria por los titulares. Esta segunda película es igualmente monótona, pero se le pueden apreciar a contraluz retoques agradables de humanidad, como por ejemplo en una soslayada y tenue relación nada amorosa truncada, así como en el equidistante y frío desencuentro paterno que atormenta al protagonista entre tiros y peleas.

Tom Cruise vuelve atrás y lo hace con el mismo gesto: le atrae a su pasado una voz telefónica cuya dueña -de armas tomar- encuentra injustamente encerrada cuando acude a entrar a matar, y como siempre, sustituida por un tirano de moral relajada que sucumbe. El espacio-tiempo abre una compuerta al éxtasis del caos y se suceden las persecuciones, a cual más anodina, entre malos indisimulados y un jefe final, el dios de los mercenarios, que devuelve a Reacher un reflejo corrupto en su común pasado militar.

Probablemente la sombra más alargada de esta segunda película de Jack Reacher sea su indeterminación: porque, a pesar de recorrer una historia de dos horas, lo hace sin detenerse ni profundizar. Su objetivo es el entretenimiento puro sin complicaciones: sorprende, por eso, que un argumento con tantas aristas y posibilidades quede en deshilachadas tramas secundarias que se miran entre sí pero no se atreven a tocarse demasiado por si en el intento tiran por tierra el resto de naipes.

Tom se apunta otra película de héroe y su compañera, Cobie Smulders -acertada tensión sexual no resuelta para nada desde el minuto uno- le ofrece su apoyo como justiciera de honor. Aprovecha esta coyuntura para, incomprensiblemente, calar debate y speech feminista que flambea la historia con el fuego moralizador que llenará los paladares de a quienes se les atragante el paso de la tercera actriz, jovencísima, que en consecuencia apenas se destaca con un par de escenas de teen movie.

En definitiva la secuela de Reacher se queda a medio camino entre lo divertido y lo atroz; ni tan siquiera se maquillan los gazapos y agujeros argumentales, imposibles de pasar por alto la mayoría. Tiene su pase como producto sin pretensiones, aunque sea este un pase inocentón y también escasamente inspirado, pasto de esa acción aburrida que bombea más sueño que adrenalina.

Lo mejor: escenas mínimamente logradas en peleas cuerpo a cuerpo y huidas

Lo peor: no ahonda en posibilidades argumentales reales, incurre en numerosos errores que ni siquiera disimula y ninguno de los presuntos malos se hace odiar lo suficiente.
 
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