CRÍTICA DE LA LLEGADA

Por Carlos Marín
 
La llegada (Denis Villeneuve, 2016) es probablemente una de las mejores películas del año y, en una edad de oro para el género, un mastodónico referente al que acudir en posibles tiempos de sequía. Villeneuve, ese tipo capaz de dirigir una secuela de Blade Runner sin que medio Internet arrugue la nariz, resuelve la caja china de la melancolía y las emociones humanas en mitad de una "visita" alienígena sin perder el rumbo de la aventura, el descubrimiento, la presión y el tremendo, tremebundo entretenimiento de su trama. Triple salto con tirabuzón que, puro milagro, ahonda en el fondo del corazón humano, de su memoria, de lo que nos hace grandes sin sacrificar con ello el éxito en el cine comercial.

La base, un guión firmado por el experto en terror Eric Heisserer, cuadra el círculo con elementos familiares: doce naves extraterrestres se reparten por todo el planeta y todos los gobiernos del mundo se vuelven locos para saber a qué han venido. Una experta lingüista (la imparable Amy Adams) debe hacerse entender con los visitantes antes de que las presiones internacionales y la escalada armamentística acabe con cualquier forma de paz. Un misterio, el del idioma extraterrestre, al que que desmenuzar y con el que (re)descubrir los pilares con las que se construyen las grandes civilizaciones: las palabras, la ciencia y la memoria.

Montar un "blockbuster" (permitidme las comillas) con naves espaciales sin que exploten edificios emblemáticos y con las humanidades como únicas herramientas de progreso es, desde cualquier punto de vista, arriesgado. Pero de alguna manera los ingredientes encajan tan bien que no deja de ser una película importante, profunda, arraigada a grandes temas y en las que, de vez en cuando, la tensión te haría explotar las venas delcarajo. Y sí, explotan cosas. Y sí, es importante que exploten cosas, porque el mundo físico de la película, al igual que el emocional, tiene eco en todo lo que pasa en la trama. Esa chispa que a la -excelente- Interstellar de Nolan le faltaba por encender, pero sin pagar el peaje de lo melodramático. Te mancha, te toca por dentro, pero no te deshidrata como un niño pequeño recordando a su cachorrito muerto. Es... deprimente, como una película de Lars Von Trier, pero más divertida que la última Independence Day. En serio. Funciona.

Su ritmo no es pausado, es de descubrimiento; el pegamento de sus dos personajes principales -la linguista y el físico, la lengua y los números- tiene un eco tan potente en la trama que es imposible despegar a los protagonistas de ella. Los temidos flashbacks funcionan por como apuntan a las conclusiones y además porque, esta vez sí, tienen sentido a todos los niveles. Amy Adams se suma otra interpretación espectacular como una heroína que no tiene por qué saber disparar un arma para salvar el mundo, ni pilotar una nave nodriza para evitar que Manhattan caiga en una tormenta nuclear. Usa su cerebro, es valiente, es decidida y es una de las personas más inteligentes que has visto en pantalla en años. Es la protagonista que el mundo del Siglo XXI necesita.

Entender por qué La Llegada es una película impregnante es casi digno de ensayo y no de una breve crítica. Todas las piezas que la forman están limadas con tanto genio que uno se tiene que rendir a la intuición de sus responsables, capaces de realizar una película emocionante y emocional con la que contraatacar al que acusa a la scifi de solo divertimento. Un precioso monumento a la comunicación y un desgarrador ensayo sobre la memoria, con naves que desafían a la gravedad y con cañones a punto de desatar la tercera guerra mundial; un rara avis que llega muy de vez en cuando y con el que celebrar lo que más nos gusta del género cuando se pone serio. Ojalá no se pierda como lágrimas en la lluvia y le demos el culto que bien se merece tremendo peliculón. Y tan a gustos.

Lo mejor: la dirección de Villeneuve, la interpretación de Adams y el guion de Heisserer, en perfecta sintonía.

Lo peor: que algunos reduzcan su lado humano a lágrima fácil.


 
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