CRÍTICA DE THE VOID

Por Rubén Pajarón
 
John Carpenter, Brian Yuzna, H.P. Lovecraft, Stephen King, Lucio Fulci, William Hodgson, George A. Romero, Dan O’Bannon, Masahiro Ito, David Cronenberg, Clive Barker… la lista de autores referidos en “The Void” se pierde en el vacío, ni qué decir de las películas, libros y videojuegos a los que rinde homenaje explícito, de “Hellraiser” a “Silent Hill” pasando por “The Thing”, “In the Mouth of Madness”, “From Beyond” o “The Beyond” (ojo al final). Lo que vemos en “The Void” no son guiños, son ataques epilépticos, y lejos de disimularlo, es una baza que sus directores/guionistas, Steven Kostanski y Jeremy Gillespie, ostentan con orgullo.

Se dice que el tiempo mínimo necesario para que los rasgos identitarios de una década se conviertan de nuevo en moda es de veinticinco años, y no es una hipótesis descabellada; lo vemos en las calles y en las tiendas, los 90 están volviendo, la nostalgia cambia de mano, de generación, y como en toda etapa de transición, toca sacar la artillería pesada para jubilar por todo lo alto la moda vigente, antes de que la fiebre ochentera no parezca más que un resfriado.

De colocar una referencia oculta para el espectador avispado, a construir toda una película en torno al cliché, la Retro Exploitation ha encontrado un nicho jugoso dentro del fandom, y un poderoso aliado en el metalenguaje para exprimir su visión adulterada de la nostalgia estética y narrativa de los 80. Muestra de ello son las exitosas campañas de crowdfunding que dan vida a proyectos como el que nos ocupa, como también lo es la buena acogida que han tenido varios de estos collages de escenas míticas disfrazados de productos originales (más allá de aburridos remakes) como “Stranger Things”, “Kung Fury”, “The Final Girls”, “Lost After Dark”, “Cabin in the Woods”, “Worry Dolls”, y desde ya, en cabeza, “The Void”, el homenaje definitivo al terror ochentero.

Kostanski y Gillespie ya habían demostrado su amor por los 80 dirigiendo la frikada de “Manborg” y “Father’s Day”, ambas de 2011, pero esta vez han preferido apostar por el terror serio y sobrio, dejando a un lado la parodia, y sin incluir ni una sola pincelada de humor, ni siquiera del negro. Sin embargo – y se nota a leguas, para bien y para mal, es su faceta de maquilladores, artistas y técnicos de FX donde demuestran una proyección más amplia y digna de honores; por sus manos han pasado los antihéroes de “Suicide Squad”, los fantasmas de “Crimson Peak”, o los monstruos de “Pacific Rim” y “Silent Hill: Revelation”, entre sus trabajos más sonados. Un currículo que por un lado explica la profesionalidad y el mimo depositados en “The Void” en estos menesteres, su punto fuerte, y por otro trasluce el escaso interés que se le ha prestado a todo lo demás. Si rascas la superficie de maravillas animatrónicas, prostéticas y digitales corres el peligro de encontrar una historia más confusa que compleja en un guion más simple que sencillo; un sinsentido poco inspirado, aún con su exceso de inspiraciones. Cultos paganos, portales dimensionales, embarazos monstruosos, experimentos, transformaciones, mutilaciones, sacrificios... un Survival claustrofóbico y lovecraftiano, en el vago sentido actual de la palabra, donde cada premisa, cada concepto, cada trama y cada personaje adolecen de un desarrollo tibio y descuidado en favor del espectáculo visual.

Podríamos pensar, siendo generosos, que el despropósito narrativo es otro homenaje en sí mismo a los clásicos de Fulci, pero en realidad está lejos de parecerlo, y aún más lejos de serlo. Otra cosa es que realmente te apetezca rascar, que necesites un motivo para hacerlo, porque no te hayas dejado absorber por la espiral de monstruos, muertes, violencia, enfermedad, gore, rituales paganos y decorados dantescos; si el vacío te mira, y tú no le devuelves la mirada, apaga el reproductor. Y es que “The Void” es ante todo un termómetro para tomar el pulso a las modas, un termómetro que sólo funciona si tienes fiebre. Fiebre ochentera.
 
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