CRÍTICA DE UNDERWORLD: EVOLUTION

Por Emilio Martínez
 
Tres años después de su primer largometraje, Len Wiseman vuelve a ponerse tras las cámaras para dirigir la secuela del mismo. El resultado ha sido "Underworld Evolution", donde nuevamente el cine de vampiros y el de acción se mezclan con un resultado más que notable.

Manteniendo ciertas características de la primera parte (el recuerdo al ambiente de "Matrix", la atmósfera sombría...) esta segunda parte se aleja del urbano ambiente de aquella, internándose por los tortuosos senderos de un agreste bosque y sumergiéndonos en una fría e inhóspita atmósfera azul en busca de las preguntas que quedaron sin respuesta. Una localización mucho más salvaje que aisla aún más a los personajes y en el que el ambiente de persecución se recrudece en una interminable cacería cuyo fin, aunque esperanzador, posiblemente no conozcamos hasta la tercera parte (apuntándose así a la moda de las trilogías).

Lejos de seguir girando en torno a la misma historia, Lenny McBride ha sabido continuarla sin que se pierda la tensión y ha dado una vuelta de tuerca más en la relación entre Michael y Selene (qué sería de una película de vampiros sin una tormentosa e imposible relación de amor). El resultado es trepidante, ya que volvemos a encontrarnos ante una película llena de planos cortos y rápidos que se suceden vertiginosamente en una estética cercana a la del videoclip (en el que se inició Wiseman) y en el que los diálogos son breves y sirviendo más de apoyo para las imágenes que al revés.

Es una película de vampiros modernos y por tanto la estética no recuerda en nada a la época victoriana en la que nació el mito, también trasmutados aquí la seda y el terciopelo en látex y cuero, más prácticos a la hora de moverse de forma ágil y pegar tiros, y la tétrica música se ha vuelto estridente. Pero para esta renovación han buscado también un nuevo origen que aleja a los vampiros de su abuelo Drácula y que llena la historia de matices bíblicos nada disimulados.

Además de la pareja protagonista, de la que sigue siendo Selene (Beckinsale) el personaje más fuerte (se agradece tener por fin una mujer en un papel duro dentro del género vampírico, ya que pocas hay), vuelve a aparecer Bill Nighy (al que podemos recordar por su excéntrico rockero de "Love Actually" o por el malvado Davy Jones de "Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto" y alejado de sus papeles cómicos) o Derek Jacobi.

Una buena continuación, en la línea de su predecesora, sin caer en las típicas redundancias o falta de contenido, pero que deja la duda de si serán capaces de conseguirlo una tercera vez ya que han dejado el ciclo prácticamente cerrado.
 
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