CRÍTICA DE UN LUGAR TRANQUILO

Por Pablo S.Pastor
 
Si alguien había perdido la fe en el género de terror, estamos seguros de que Un lugar tranquilo le hará recuperarla. Estamos en marzo pero seguro que no nos equivocamos cuando decimos que se trata de una de las mejores películas de terror del año -y nos atreveríamos a decir de la década. Dirigida y protagonizada por John Krasinski (en su tercera incursión detrás de la cámara), junto a su esposa de la vida real Emily Blunt, Un lugar tranquilo es una película llena de ansiedades paternas y rabia adolescente mezclada con unos monstruos sedientos de sangre.

Con una premisa que puede recordar al clásico de culto Tremors, salvando las distancias, la historia comienza 89 días después de una catástrofe que desconocemos y que ha reducido Estados Unidos (y seguramente todo el mundo) a una especie de pueblo fantasma post-apocalíptico en el que los pocos supervivientes viven en un silencio autoimpuesto para no atraer la atención de unos seres horribles, casi indestructibles, bestias completamente ciegas atraídas por el sonido. Aquí entran en juego los personajes de Krasinski y Blunt, que llevan esta situación bastante mejor que la media al tener una hija sorda (interpretada por la actriz sorda Millicent Simmonds, que es absolutamente genial, todo hay que decirlo), por lo que la familia ya está acostumbrada a usar el lenguaje de señas. Decir mucho más sería estropear los muchos placeres que nos regala la película, pero ‘Un lugar tranquilo’ tiene una de las mejores secuencias de apertura que hemos visto en los últimos años y una duración de hora y media en la que el agobio de los protagonistas pasará directamente a cualquiera con sentimientos en la sala de cine.

Tras la tensión vivida en No Respires hace un par de años por sus protagonistas (recordemos que no podían hacer ruido para no alertar a un asesino ciego), aquí una tarea mundana como conducir, bajar las escaleras o hacer la colada se llenan de tensión cuando el más mínimo ruido puede significar la muerte más inmediata y espeluznante. Destacar el trabajo de los niños protagonistas y de una genial y creíble Emily Blunt, cuyo personaje vive uno de los momentos más angustiosos y claustrofóbicos de la historia del cine.

Además Krasinski mantiene a los monstruos fuera de pantalla durante los primeros dos actos, creando una expectativa y un terror brutal en torno a ellos. Él y su equipo han creado un lugar emocionante y peligroso para pasar la hora y media más larga y angustiante de nuestra vida. Cuando acabe, querrás gritar.

Lo mejor: su secuencia de apertura.

Lo peor: que no apostase más por los momentos sin banda sonora.
 
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