CRÍTICA DE SPIDER-MAN: UN NUEVO UNIVERSO

Por Francis Díaz Fontán
 
Desde que Disney se hizo con el control de Marvel, cabría suponer que la peli definitiva de animación de las licencias Marvel la haría precisamente Disney, que es rey indiscutible de la animación, y nos ha traído incontables obras maestras de la animación, que trascienden incluso al género, siendo verdaderas joyas de la historia del cine como "Wall·E" (Andrew Stanton, 2008) o "Coco" (Lee Unkrich, Adrian Molina, 2017), y propuestas súper heróicas formidables como "Los Increibles I y II" (Brad Bird, 2004 y 2018) o "Big Hero Six" (Don Hall, Chris Williams, 2014).

Pues bien, la gran peli de animación del universo Marvel nos la ha traído de forma incuestionable Sony Pictures, precisamente como hicieron con el cine de súper- héroes en general en 2002 con "Spider-Man" (Sam Raimy, 2002), película que se convirtió en la piedra angular para el género cinematográfico comiquero -con permiso de "Blade" (Stephen Norrington, 1998) y X-Men (Bryan Singer, 2000)- y sin la cual seguramente no habría llegado el aluvión de oferta súper-heróica que hemos tenido desde entonces.

Más allá de ser una gran peli animada de héroes de cómic, ya que en general, las hay muy buenas, y desde la oferta de Lego Superheroes hasta las tremendamente brillantes propuestas de Warner con los personajes de DC, que sigue siendo el referente de la animación de súpers, cabe destacar que "Spiderman: Un Nuevo Universo" se toma su propia declaración de intenciones artísticas muy muy en serio. Sólo al ver el trailer, notas que no es un título de animación cualquiera, que no se parece a nada, y que se ha diseñado de cero hasta la forma de representación de personajes y escenarios, y la linea de arte final y el sombreado -que es, una mezcla entre los acabados de cómic, con contornos de tinta oscura, y sombreados de tramas y puntos de imprenta, combinado con el sabor ambiental y de iluminación habitual de la animación por ordenador- son también algo totalmente novedoso, en que los desenfoques de fondo se representan por aberración estroboscópica fotográfica, y algunos efectos visuales son representados por abruptos acabados de cuatricomía de imprenta.

La historia está genialmente contada, y nos ofrece la posibilidad de disfrutar el concepto de multuverso súper-heróico que inició DC con El Flash De Dos Mundos, dejándonos un Peter Parker más “canónico” que el que Disney nos trae de la mano de Tom Holland y un buen puñado de versiones alternativas del héroe que sólo hemos podido ver en cómic y video-juegos, como Spider-Ham y Spider-Man Noir.

El elenco de villanos es formidable, y va desde un Kingpin como cualquier fan podría reconocer, hasta un Doctor Octopus que se sale del canon para agradable sorpresa de los espectadores, y un Green Goblin que recuerda al más clásico en determinados aspectos de lo visual, pero en lo conceptual es esa variante de Increíble Hulk que supuso el Duende Verde del Universo Ultimate.

No esperéis una versión 100% Ultimate, a pesar de la presencia de Miles Morales. Estamos ante una versión muy libre que no sigue la guía del cómic salvo cuando la creatividad lo pide, y eso es algo muy positivo, ya que nos permite descubrir a este joven Miles Morales de cero, y ver como se convierte en uno de los mejores Spider- Man que podríamos imaginar sin el prejuicio de la versión Ultimate que conocíamos.

En definitiva, y por ir llegando al final -que esto podría eternizarse durante páginas, ya sea desde lo mitológico, lo técnico, lo artístico, o lo narrativo- estamos ante una de las mejores pelis de animación de la década, la obra más relevante en la animación de Súper-Héroes de licencia desde el Batman de Bruce Timm, y uno de los mayores aciertos del año.

Lo Mejor: El factor visual, la historia y su narrativa, los personajes, el elemento mitológico, y, en conjunto, toda la peli.

Lo Peor: Lo desaprovechado del personaje de Spider-Gwen, gran personaje con poca oportunidad de brillar lo que se merece, ¡aunque tenemos todas las secuelas del mundo para compensarlo!
 
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