CRÍTICA DE FELIZ DÍA DE TU MUERTE 2

Por Jorge Loser
 
Uno de los principales problemas de la primera parte de Feliz Día de tu Muerte era que, en el fondo, creía menos en su propio concepto de lo que nos hacía creer en su campaña de promoción. Mezclar Atrapado en el tiempo con un slasher juvenil de la ola post Scream era una buena idea, pero al final era más una película de tradición Chicas Malas con una parafernalia de película de terror blandita, baja en sangre y sin mucha intención de trascender como obra original, dada su falta de escrúpulos de copiar la cinta de Bill Murray hasta en las comillas. Un remake encubierto con cierto elemento de misterio, al fin y al cabo, pero tan olvidable que dejaba el sabor de boca de que daba para mucho más.

El éxito en la taquilla de aquella ha permitido esta secuela express que, lejos de ser una repetición de la anterior sin mucho en dónde rascar, se postula como una versión mejorada, con las ideas más claras, de su predecesora. El elemento de terror se ha perdido casi por completo para abrazar lo que siempre quiso ser, una comedia romántica juvenil, de espíritu de los primeros 2000, con toques de terror, ciencia ficción y mucho, mucho humor. En realidad, tiene más que ver con una comedia encuadrada en el fantástico como Jacucci al pasado o Juerga hasta el fin que con la estirpe de cintas de asesinos en la universidad de la etapa posterior al éxito de Wes Craven. Aunque eso no es ningún impedimento, por ejemplo, para darle codazos a la escena de las máscaras de Scream 2.

Y es que Feliz día de tu muerte 2 tampoco tiene vergüenza en enseñar sus referentes, picotea sin rubor por la lógica del cine de viajes en el tiempo como Los Cronocrímenes, Regreso al Futuro 2 y comedias autoconscientes como Preguntas frecuentes sobre viajes en el tiempo, mostrando su reverencia a ellas de forma directa o no, pero logrando que su condición de película casi de explotación del género no busque nada más que eso en todo momento, buscar la acumulación de ocurrencias, gags, detalles absurdos y situaciones hilarantes en un carrusel desprejuiciado y con reglas maleables que permiten que nunca nos tomemos en serio la propuesta. Mientras, su entrega al entretenimiento sin concesiones, su voluntad de convertirse en una parodia constante de la entrega anterior, logra que su tono sea demasiado atolondrado como para no entrar en su juego de giros cogidos por los pelos.

Por supuesto, se apoya en todos los ingredientes que funcionaron en la anterior, pero logra darles la vuelta para ofrecer algo si no más grande, siempre mejorado. Por ejemplo, el montaje de imágenes a ritmo de Confident de Demi Lovato de la primera se convierte es ahora un auténtico videoclip frenético de muertes absurdas, propias de los Looney Tunes y momentos de humor tontorrón a ritmo de Hard Times de Paramore. Hasta en el gusto musical mejora. Es en esa lógica de dibujo animado en donde Feliz día de tu muerte 2 dinamita cualquier atisbo de mantener las formas y se permite chistes con gracia, sin gracia, con mala leche, incorrectos y surrealistas. Para ello cuenta con la complicidad de un personaje de cartoon como Jessica Rothe, completamente entregada a su personaje de navegante del tiempo experimentada, sin el lastre de justificar un arco de redención moralista como en su primera aventura.

El resultado es una desprejuiciada broma pesada que no se toma en serio ni los momentos en los que se pone en serio. La trama con la madre de Tree es la parte más ridícula, más almibarada e hiperbólica de la dupla, pero exagera tanto sus momentos azucarados, los lleva a tales extremos de cursilería trash, que incluso logran convertir la presencia de un pastel de cumpleaños en una especie de celebración del mal gusto. Por supuesto, Feliz Día de tu muerte 2 acusa la escasez de presupuesto, a pesar de haber contado esta vez con 9 millones de dólares, como casi todas las películas de fogeo de Blumhouse es fea y hasta descuidada formalmente. Esa falta de inquietud visual marca su caducidad a medio plazo y es, quizá, el mayor escollo para considerarla heredera del cine fantástico de los 80, como Mi proyecto científico, con los que se emparenta gracias a su diversión sin condiciones, logrando estar más en sintonía con las comedias atolondradas de esa misma etapa, como La mujer explosiva o Escuela de genios, que prestaban más atención al enredo romántico bobalicón que al sentido de la maravilla y la atmósfera propias de su condición de género.

 
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