CRÍTICA DE ONE CUT OF THE DEAD

Por Carlos Marín
 
Explicar por qué One Cut of the Dead (Shinichiro Ueda, 2017) es una de las películas del año es complicado. Lo es, porque la experiencia pura viene de entrar en ella sin saber prácticamente nada, de dejarse llevar y sorprender por una cinta inteligente, divertidísima y en ocasiones sentimental para cualquier persona que ame el arte de hacer películas. Es por eso que, si así lo prefieres, deberías de dejar de leer aquí mismo y quedarte con la siguiente idea: es tan importante llegar virgen a esta película como lo fue en su momento para ‘Cabin in the Woods’.

¿Habéis decidido continuar? Bueno. Advertidos estáis.

Estamos en una película de zombies. Más o menos. Porque en realidad lo que estamos viendo es una película “fallida” de zombies, una en la que su director no es capaz de conseguir la emoción que necesita para lo que es claramente un subproducto de televisión. Pero mientras seguimos entre bambalinas al reducido equipo sucede algo: miembros del equipo mueren y reviven como muertos vivientes, sedientos de carne y sangre, transformando una mala película de terror en una mala experiencia real de terror. Un plano-secuencia continuo que esconde muchos más secretos en sus rarezas de lo que uno podría llegar a imaginar.

El valor diferencial de esta humilde producción de 30.000 dólares es increíble por doble concepto. El primero, por su intento de hacer una simpática película de zombies con cuatro chavos y un valor adicional -el del plano único- que haría llorar a Aronofosky. Dentro de su “cutre” aproximación técnica se esconde una labor de coordinación, tempo cómico y duro ensayo-error disfrutable en más de un visionado.

Pero el segundo valor, el oculto y con el que se gana a su público, es el verdadero tesoro: convertir la experiencia cinematográfica en un juego con el espectador, hacerlo cómplice de un relato emocionante sobre la construcción cinematográfica. Sus primeros minutos y sus segundos finales no tienen nada que ver, convirtiendo un viaje metalingüístico en una de las experiencias más satisfactorias del año. Empatía sintetizada con una pureza tan, tan simple que resulta imposible verla funcionar.

‘One Cut of the Dead’ es una experiencia maravillosa, una carta al cine de terror y a los creadores que nunca han dejado de soñar. Pasará a la historia como lo está haciendo en su país natal; de boca en boca, recomendación y recomendación, siempre con la misma advertencia: ni se te ocurra leer nada de ella más allá de lo básico. Disfrútala, hazla tuya, forma parte de su equipo. Se lo merecen más que ningún estudio de este planeta.

Lo mejor: su absoluta coordinación con el público, química imposible de no salir de la pasión.

Lo peor: que su -de primeras- factura barata deje fuera al público potencial.
 
CRÍTICAS RECIENTES