CRÍTICA DE THE NIGHT COME FOR US

Por Carlos Marín
 
La historia del arte cinematográfico es aquella que permite a sus creadores lanzar preguntas trascendentales cómo “¿es el hombre un lobo para el hombre?” o “¿sería capaz una persona de seguir ahostiándose con las tripas fuera?”. Esta última tiene mucho que ver con ‘Historia de Ricky’, la famosa película de culto, pero también con ‘The Night Comes For Us’ (Timo Tjahjanto, 2018), destinada a ser otro título al que rendir pleitesía y admiración en un templo -el videoclub- que hace tiempo dejó de existir.

Ito (Joe Taslim) es uno de los Six Seas, un equipo de matones de élite dentro de las Triadas asiáticas. Pero su humanidad y redención reaparecen cuando debe decidir entre la vida de una niña inocente y la de su equipo de malhechores, decisión que lo pondrá en el punto de vista de sus exjefes y de un antiguo compañero de perrerías (interpretado por el imparable Iko Uwais). Lo que sigue es una simple pero efectiva trama de ejecuciones, desmembramientos y explosiones que deja ‘The Raid 2’ a la altura de la hora de Mickey Mouse.

La versión definitiva del cine de Tjahjanto -que ya lleva unos cuantos aciertos- es una animalada gore sin miedo a la censura o la autoparodia. Una ultraviolencia digna del más cafre anime japonés, dónde no existe escena de acción sin sus correspondientes huesos rotos, cuellos desgarrados, cabezas abiertas o matones destripados. Una orgía visceral que, por si fuera poco, no quiere dejar de tomarse en seria a sí misma. La exageración de sus “números coreográficos” está anclada en una realidad sucia, burra, en la que los machetazos duelen y la gente muere sin ningún tipo de piedad. Es como si a la escena de los 88 maníacos en ‘Kill Bill’ le desapareciera su lado cómic y solo quedaran los gritos, el dolor y la muerte.

Una estructura de escenas de acción curiosa, con set-pieces complejas y encadenadas fuera de lo común. Tjahjanto es capaz de comenzar dos mega-peleas en distintos lugares, saltar de una a otra sin perder un ápice de intensidad e incluso permitirse alargarlas para juntarlas en cierto punto. Todo esto, además, a poco menos de comenzar su segundo acto. Como ya pasaba en la mencionada ‘The Raid’, la casquería no quiere tardar en aparecer y el avance de su -confusa- trama es más un impedimento que un engranaje narrativo. La sensación es la de una continua explosión de adrenalina, viajando en un zeppelín pilotado por un demente.

El sudeste asiático amanece de nuevo como salvador de un cine de acción dominado por Disney y Marvel, aquel que prefiere el dibujo animado a la masacre aterradora. ‘The Night Comes For Us’ no es la mejor película del año ni pretende ser mejor que otros ejercicios parecidos, pero su constante búsqueda del límite y la entrega al espectáculo más desagradable y visceral posible la convierten en una imprescindible para el que constante buscador sudor, sangre y lágrimas. Cine de otro tiempo, con medios contempóraneos, directo a tu televisor más cercano. No se la pierdan.

Lo mejor: sus set-pieces de acción encadenadas sin ningún pudor.

Lo peor: se agradecería una trama algo más entendible.


 
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