CRÍTICA DE ROBIN HOOD

Por Francis Díaz Fontán
 
Robin Hood es uno de esos temas que ha sido llevado tantas veces al cine que, al igual que Tarzán, casi merecería ser considerado un género cinematográfico en sí mismo, tanto que incluso Mel Brooks nos trajo una parodia del mito.

Tanto es así, que incluso en 1991, tuvimos dos versiones del personaje en el mismo año, Robin Hood, El Magnífico (John Irving, 1991) y Robin Hood, Príncipe De Los Ladrones (Kevin Reynolds, 1991), en las que Patrick Bergin y Kevin Costner respectivamente, nos ofrecían, con desigual popularidad, dos versiones bastante diferentes, tanto en el plantel de villanos, como en la identidad de algunos personajes, como incluso en el sexo de algunos de ellos, y es que en una de las versiones, el personaje de Will es en realidad una Marian disfrazada interpretada por Uma Thurman, a lo Barbra Streisand en Yentl (Barbra Streisand, 1983), y en el otro, Will, interpretado por Christian Slater, es el hermano pequeño de Robin.

Esta versión no es una excepción, ya que es también el personaje de Will uno de los que varían, y nos ofrecen cierta sorpresa dentro del nuevo status de la mitología, pero además, esta nueva versión nos trae muuchas más sorpresas, ya que desde la estética, hasta la narrativa, tenemos una de las versiones más delirantemente frescas y novedosas de las que hemos visto del héroe.

La peli ya advierte que la cosa no va a ser igual, cuando el narrador de la historia nos propone olvidar el elemento histórico, y centrarnos en la parte más estimulante de un relato, lo que supone un punto de partida perfecto para ver un Nottingham medieval con un montón de anacronismos tanto en ambiente como en vestimenta en que las influencias del S.XX, especialmente de Art Decò y la era industrial, podemos ver un escenario que permanentemente nos recuerda a la época contemporánea, pero que tiene el detalle de no caer en un simple steampunk. El resultado es genial, porque además afecta a la forma en que saboreamos las secuencias de acción. Las escenas de las cruzadas parecen ahora una incursión contemporanea en Faluja, con arcos y flechas en lugar de rifles, pero detalles como francotiradores en altos, o aspecto de camuflaje arenoso en los atuendos, y el sheriff de Nottingham portará una gabardina muy moderna, a caballo entre la de un oficial de la SS y de un burócrata de la era Mcarthy. El resultado es absolutamente genial.

Una de las influencias más evidentes es la de otro personaje enmascarado como es Batman -e incluso podréis escuchar algún diálogo de Batman Begins transcrito literalmente- y El Zorro, ya que el juego establecido entre Hopkins y Banderas en La Máscara Del Zorro (Martin Campbell, 1998) repetido aquí por Jamie Fox y Taron Egerton, geniales en sus respectivos papeles.
Los actores están geniales, aunque merece mencionar a dos: Jamie Fox, que interpreta a un personaje muy similar a ratos al de Morgan Freeman en El Príncipe De Los Ladrones, que cumple una misión muy similar a la de Freeman en Batman Begins, con lo que quizá sin pretenderlo, homenajea aquí a Morgan Freeman por partida doble; Y Ben Mendelsohn, que se convierte en una anomalía multi- dimensional al seguir interpretando al mismo villano que ya interpretó en Rogue One (Garreth Edwards, 2016) y Ready Player One (Spielberg, 2018), como si en cada universo peliculero hubiera una versión de Mendelsohn cumpliendo la misma función de corrupción, abuso de poder, y desprecio por la gente de bien. Y lo más curioso, es que no nos cansamos de ello! Ya estoy deseando ver en un nuevo ambiente al malo de Ben ocupando un puestazo, y abusando de su posición.

La acción merece una atención especial, ya que es tremendamente estimulante, muy bien rodada, y hace que la peli se vea con muchísimo agrado, ya que es una peli que no aburre ni un poquito, y en la que no para de suceder algo, y es posiblemente eso lo que hace que la peli sea tan recomendable, la narrativa ágil, el tempo, y la acción bien llevada, algo que no todos los directores consiguen, pero que Otto Bathurst ha podido conseguir a la perfección.

Muy recomendable, para todo tipo de público, y un soplo de aire fresco entre la seriedad de la última versión de Robin de Ridley Scott, y la próxima, que no conocemos, ¡pero si cruzamos los dedos podría ser en el espacio!

Lo Mejor: Jamie Foxx, Mendelson, la acción, el factor visual en general, y Taron Egerton, un gran Batman, esto... Un gran Robin.

Lo Peor: Jamie Dornan, lleva su sosez a límites increíbles incluso en lineas de diálogo en que su falta de sabor no tenía cabida.
 
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