CRÍTICA DE BABY DRIVER

Por Francis Díaz Fontán
 
Edgar Wright está de vuelta. Es como esa cita periódica que uno tiene con ese familiar favorito al que sólo tiene la oportunidad de ver muy de vez en cuando. Un creador que siempre hace cosas diferentes entre sí, y por descontado, diferentes a todo lo que la industria del cine suele ofrecernos. Y como es habitual con sus trabajos hay un par de cosas que tenemos muy claras: No va a ser la típica peli; Y, estamos deseando verla.

Baby Driver comienza a un nivel altísimo, con un montaje soberbio, una presencia de la música increíble, y una acción rodada por auténticos figuras. Nuestro protagonista es un conductor de coches de atracos, rápido y habilidoso en las persecuciones, así que os podéis imaginar el nivel de acción de la que estamos hablando.

Desde ahí, todo se desarrolla de la misma forma vertiginosa que al principio, pero se introducen elementos nuevos, desde el clásico “Chico Conoce a Chica”, hasta el “éste será el último golpe”. Pero no os dejéis engañar por el término clásico, ya que en ningún momento lo viviréis como algo visto o manido, sino como cabría esperar del director de Zombies Party (2004), Scott Pilgrim Contra El
Mundo (2010), y Bienvenidos al Fin del Mundo (2013). Es decir, aportando su punto diferente, haciéndolo algo más raro, más sabroso, y menos convencional.

La música tiene una presencia fundamental, ya que Baby, nuestro protagonista -interpretado por el genial Ansel Elgort- quien está permanentemente compartiendo con nosotros lo que oyen sus oídos. Generalmente son la música de sus montones de iPods, y tenemos la suerte de que sus gustos atemporales nos aderezarán las escenas de acción con temazos como el Brighton Rock de Queen.

Los secundarios merecen todo un capítulo, y aunque destaca principalmente Kevin Spacey, John Hamm, Jamie Foxx y Lily James también son un ejemplo de lo que un actor puede hacer crecer un personaje no prominente. Como detalle menor, pero muy característico de la genialidad formal de Wright, destacaré el tratamiento de los flashbacks, con un factor visual de granulación y cromatografía de 16 mm al más puro estilo de los 70, al igual que la ambientación, vestuario, y marcas de vehículos, pero que al estar claramente ambientados en los 2000, podemos ver al prota con su primer iPod, lo que crea un contraste muy divertido, y una sensación muy gamberra.

En conjunto, una peli muy recomendable, muy fresca, muy bien dirigida, y con una buena proporción de acción desenfrenada y momentos de buen drama.

Lo Mejor: Baby, nuestro protagonista, y ver a John Hamm alejado de su caracterización habitual, que es casi chocante.

Lo Peor: Termina de forma algo más convencional, sin llevar toda la originalidad del planteamiento hasta el final, y desembocando en un tercer acto al uso.
 
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