CRÍTICA DE VENOM

Por Francis Díaz Fontán
 
Una peli sobre Venom lleva mucho tiempo siendo el sueño de cualquier fan el universo arácnido de Marvel, y es que el traje de Spider-Man reconvertido en villano, reconvertido después en héroe renuente, que casi de forma accidental, teniendo en cuenta lo poco planeado de su creación y desarrollo, acabó convirtiéndose en uno de los personajes más interesantes de Marvel durante los años 90, una de las décadas menos inspiradas en muchos aspectos en la historia del cómic americano.

En 2007 tuvimos la primera adaptación de Venom en cine, pero como segundo/ tercer villano en una peli con demasiados malos en el que el protagonista incuestionable era nuestro amigo y vecino Spider-Man, lo que, independientemente de la calidad propia de la peli Spider-Man 3 (Sam Raimy, 2007), era un mal caldo de cultivo para un personaje que merecía mucha más atención, y que se adaptó teniendo muy en cuenta su posición en la peli, supeditado a su función de lo que la película necesitaba de él, y al igual que Joker en Suicide Squad (David Ayer, 2016), teníamos un personaje que merecía mucho más protagonismo, pero era utilizado para el desarrollo de la gloria de otros. El exceso de auto parodia de aquella versión interpretada por Topher Grace no ayudó mucho, y aquel Venom nos dejó una sensación algo agridulce.

Pues bien, once años después de aquel ensayo general, por fin tenemos una versión de Venom destinada a mostrarnos al personaje en todo su esplendor, y venía además acompañado de unas perspectivas más que buenas. Un trailer en el que veíamos un diseño de personaje genial en lo visual, y el pronóstico de que sería tan violenta y radical como el propio personaje, llegando a rumorearse que podría tener calificación R, lo que nos dejó a muchos salivando.

Desgraciadamente, los últimos meses se han encargado de replantear esa última expectativa, y la clasificación PG-13 se ha impuesto, lo que a veces aumenta espectro de público, y a veces menos. Esa “merma” en la violencia visual esperada es bastante evidente en la película, es cierto, pero la historia puede siempre tirar sin ella, y no es algo que haya afectado demasiado.

La peli, por otro lado, adolece del mismo problema que tantas y tantas pelis basadas en cómic. Las historias de origen suelen dedicar casi los dos primeros actos a la génesis del héroe ya desde Superman: The Movie (Richard Donner, 1978), y se ha visto constantemente en Daredevil (Mark Steven Johnson, 2003), Los Cuatro Fantásticos (Tim Story, 2005), y un enorme etcétera hasta llegar a Cuatro Fantásticos (Josh Trank, 2015), y en todas ellas, a veces más, y a veces menos, la aventura principal se convierte casi en el mínimo pretexto para que el personaje que han construido en los dos primeros actos se ponga en movimiento, y suele llegar de forma accidental y obligada, más como guinda del pastel que como verdadera atracción principal.

Venom no es una excepción, y tras un planteamiento espectacular, sobre todo a la hora de presentarnos a Eddie Brock, y un desarrollo mitológico aceptable, en el que conocemos la relación entre el simbionte y Eddie en algunas de las secuencias a lo Jekyll y Hyde style más delirantes y a ratos cómicas del mundo de los súper- héroes, el desenlace se hace algo simple, directo, y normalito.

Pero es que la película tiene muy claro el objetivo que quiere conseguir: mostrarnos un personaje en todo su esplendor, dejarnos claras las diferencias respecto a su anterior encarnación cinematográfica, explorando los elementos que se ignoraron o pervirtieron en Spider-Man 3, y hacernos saborear a Venom. No sólo exponerlo para gloria de otro héroe, y eso lo hace, en mi opinión, más que bien, con un Tom Hardy que se sale de su seriedad habitual, y aprovecha todo su recurso físico, y que junto a su alter ego, se convierten en lo mejor de la peli.

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La relación entre Eddie y el simbionte se podría describir como una mezcla entre los mencionados Jekyll y Hyde y una de esas clásicas buddie movies en que dos personajes muy antagónicos se ven obligados a colaborar por un objetivo común, y ambos personajes tienen diálogos telepáticos análogos a los que esos dos polis forzados a entenderse tendrían dentro del coche por las calles de San Francisco.

La aventura principal, como ya he mencionado, es correcta, pero no estimulante, y es sin duda el punto más flaco de la peli, haciéndola interesante, pero por debajo de las expectativas en un género en el que los fans no dejan de pedir más y más envergadura, y un alcance cósmico mucho más grande que el micro-verso propio de un solo personaje.

Aunque, en conjunto, a pesar de ciertos “peros”, estamos ante una historia de origen muy sólida, y con un personaje principal con mucho sabor, que permite que la parte narrativa se desarrolle mejor en futuras entregas, en que no haya que invertir demasiadas energías en presentaciones. Mientras tanto, algunos nos quedaremos cruzando los dedos para una versión sin cortes en que podamos ver toda la violencia con la que soñábamos, y esperando que la trama que se abre en la primera secuencia post-créditos pueda llegar a nuestras pantallas.

Lo Mejor: Venom, sin duda, y la relación entre el simbionte y su parte humana.

Lo Peor: Lo ya mencionado, tras un gran planteamiento que se come la mitad del nudo, el desenlace es algo laxo.
 
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