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Entrevista con José Luis Montesinos, director de "Cuerdas"

Tres actores, un perro y un hurón. José Luis Montesinos estrenó Cuerdas en Sitges 2019 y desde entonces todo ha ido hacia arriba: ventas internacionales, decente distribución en España y magníficas referencias en público y crítica. Pertenece a esa pequeña muestra de directores de largometraje noveles con probada experiencia previa en cortometrajes, televisión o publicidad. Otro de los hijos del trabajo y del fecundo momento que vive el género de terror. Él, Óscar Martín (Amigo), Artiz Moreno (Ventajas de viajar en tren), Galder Gaztelu-Urrutia (El Hoyo) o Denis Rovira (La Influencia) han llegado, aparentemente, para quedarse. Lo cual es una excelente noticia:

Crítica de "Cuerdas". Una pequeña, claustrofóbica y muy grata sorpresa.

Asoma en el cine de terror español una forma, si no novedosa al menos sí significativamente honesta, de consumir en cintas asequibles y territorios familiares los horrores cotidianos de cuya efectividad tanto hemos oído hablar. Ese fantaterror idóneo de Paul Naschy -quizá con "La noche del ejecutor" como aliada de cabecera-, Jess Franco (imposible destacar sólo un título de entre su sádica y extempórea filmografía) o Chicho Ibáñez (sus dos únicas películas son pura ingeniería económica del terror) tiene en varios autores de generaciones no necesariamente coincidentes una buena prolongación formal. José Luis Montesinos, director de "Cuerdas", se ha apuntado a la tendencia. Óscar Martín, responsable de la excelente Amigo coescrita con Javier Botet, ya advirtió que "Cuerdas" era decididamente otra cosa además de «el Cujo español», como la había bautizado Ángel Sala, director del Festival de Sitges, semanas antes de sus pases en el certamen más importante del género en España. "Cuerdas", como "Amigo", sólo necesita tres actores y una localización. Y cuenta, efectivamente, una historia que el consumidor recurrente del terror de Stephen King considerará ampliamente reconocible. Sin embargo, añade una capa detonante de frío costumbrismo rural, aridez sentimental y remordimiento: ya es imposible que el horror, por humilde que se presente, evite apelar ese nivel base de introspección que tanto facilita la empatía y sensibilidad con los personajes.