CRÍTICA DE EL BARCO DE LA MUERTE

Por Ramón Ruestes
 
Varios buques malditos son los que han navegado por el cine, pero si de hacer aguas se trata, este supera con creces al mismísimo Titanic. Este productito del 80 es producido por Derek Gibson (The return of the living dead) quién contó para la dirección con Alvin Rakoff, un tipo forjado en la realización de productos para la televisión, series, telefilmes, cosa que se advierte enseguida en el film. Muchas carreras a cámara lenta, flashes y cambios bruscos de escenario que pueden distraernos bastante de la trama y, que no vienen a cuento en ningún momento. La vida propia del barquito se nos descubre ya al principio del film, para ello vemos ponerse en marcha ella solita toda la maquinaria y esas mismas tomas se repiten en el resto del metraje hasta la saturación del respetable.

Dejando aparte toda la gran colección de fallos de realización, gazapos y demás cutreces, podemos encontrar en el film a George Kennedy, ese especialista en películas catastróficas de los setenta como "Terremoto", "Aeropuertos" varios o "“Concorde". Otros de los nombres son el ya fallecido Richard Crenna ¿Os acordáis del coronel Trautman de Rambo? Y el también televisivo Nick Mancuso. Ninguno de ellos destaca en nada en la película. Mas bién parecen preguntarse a donde pretende llegar esa cosa que están filmando. Da bastante pena, incluso, ver a George Kennedy dar tumbos sin ton ni son por el navío, sobretodo en ese calamitoso y absurdo final.

De terror más bién poco, lo que empieza como una historia de fantasmas con un barco por escenario en lugar de una antigua mansión, pronto se convierte en una pantomima con un capitán poseído y un barco que alberga recuerdos del nacionalsocialismo, todo, para no centrarse en nada. Un par de muertes bastante atractivas, eso si, pero nada del otro mundo, no os vayáis a creer. Solo recomendable para los que como yo, alucinamos de crios con, eso si, ese estupendo cartel en los ochenta. (Cartel plagiado por ese moderno "Barco fantasma"...)
 
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