CRÍTICA DE VUELO NOCTURNO

Por Enrique Abenia
 
Laureado por muchos y, a la vez, denostado por otros tantos, Wes Craven vuelve a ponerse detrás de las cámaras tras el fiasco de 'La maldición'. Y lo hace con buena nota. 'Vuelo nocturno' es un digno thriller, muy en la línea de 'Última llamada' que, aunque se olvida nada más salir de la sala, deja buen sabor de boca. Craven demuestra que sigue siendo uno de los maestros del suspense, y que es uno de los realizadores a los que más les gusta incluir guiños cinéfilos en sus filmes.

'Vuelo nocturno' no es una excepción en su filmografía, y el espectador ve con agrado lo mucho que le motiva a Craven jugar con los diversos géneros. Lo que le ocurre al personaje de Lisa durante los primeros minutos de metraje bien podría considerarse un tributo, menos ácido y macabro, a la espléndida obra de Scorsese 'Jo, qué noche!'. Poco después Craven da un giro a 'Vuelo nocturno', y parece que la película va a ser una comedieta romántica al uso entre Lisa y Jack Rippner (evidente guiño a Jack the ripper, o lo que es lo mismo, Jack el destripador). Por último, la película se convierte en el thriller que es. Estos cambios podrían haber resultado bruscos pero, gracias a la eficiente dirección de Craven y el hábil guión de Carl Ellsworth, se consigue que el espectador se adentre en la trama y la siga con sumo interés.

Todo el argumento tiene como inequívoco trasfondo el traumatismo que sufre la sociedad americana tras el 11-S, lo que ayuda al mantenimiento del suspense. Las escenas en el interior del avión son, sin duda, lo mejor de la película. Sin aspavientos de director primerizo, Craven, con sus enfoques en casi primer plano, crea una sensación de angustia e, incluso, claustrofobia (atención a las escenas del lavabo), beneficiada por la partitura de Marco Beltrami.

Pero, por encima de la labor del popular director, si 'Vuelo nocturno' ha gustado tanto a crítica y público es por el tour de force interpretativo entre Rachel McAdams y Cillian Murphy. La bellísima actriz demuestra ser algo más que una cara bonita, mientras que Murphy evita que su personaje caiga en estúpidos histrionismos y se erige como un actor a tener en cuenta a medio plazo. Muy destacable resulta también la genial labor de la desconocida Jayma Mays como compañera de trabajo de Lisa. Brian Cox (ojo a su pelo y barba teñidos) deja atrás sus papeles de villano en 'X-men 2', 'The ring' y 'El mito de Bourne' para representar al inseguro padre de Lisa (¿reflejo del miedo latente por el 11-S?). También se agradece que aparezca en el filme el interesante Jack Scalia, rescatado de las marismas de los funestos telefilmes de sobremesa, donde parecía haberse convertido en el rey.

Quizá lo más flojo de la película sea el clímax final, ya que el juego del gato y el ratón está un poco trillado e impresiona menos de lo que debería. Con todo, 'Vuelo nocturno' supone el feliz regreso a la primera línea de Wes Craven, quien debería continuar haciendo pequeños y entretenidos thrillers como éste (donde se mueve como pez en el agua) hasta que pueda volver al género de terror con un guión vanguardista y rompedor alejado de la fiebre del susto fácil y el remake. Por lo pronto, ya nos ha hecho caso y no participará en la cuarta entrega de Scream.
 
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