CRÍTICA DE LA MADRE DEL MAL

Por Emilio Martínez
 
Sin duda, los años 90 fueron una época para olvidar a Dario Argento. El que fuese el máximo representante del cine Giallo y responsable de algunas obras maestras como Suspiria o El Pájaro de las Plumas de Cristal tocó fondo con la paupérrima El Fantasma de la Ópera, esa versión innecesaria del clásico de Gaston Leroux.

Sin embargo, con la llegada del Siglo XXI y su participación en Masters of Horror, el mejor Argento resucitó cual Ave Fenix dirigiendo Jenifer y Pelts, dos de los mejores episodios de esta serie televisiva llevando el sadismo y la locura a unas cotas al alcance de muy pocos.

Con el empujón para su autoestima (y su bolsillo) que le repercutió estos dos episodios, Argento se decidió por fin ha rodar Mother of Tears, la entrega que cierra su (hasta ahora) inconclusa Trilogía de las Madres que comenzó con Suspiria y siguió con Inferno hace ya más de veinticinco años.

Mother of Tears es 100% Argento: Damisela en apuros, primeros planos enfermizos, atmósfera casposa, brutalidad explícita y crímenes imposibles. El director italiano demuestra encontrarse a gusto llevando toda la acción a su Roma natal y dando todo el peso de la trama a su musa (e hija) Asia, la inclasificable actriz que consigue hacernos olvidar a Jessica Harper e Irene Miracle respectivamente (que no es poco).

La formula de Argento en Mother of Tears se repite una y otra vez: Sarah (Asia) llega a un lugar en busca de ayuda, la descubren, se produce una muerte violenta y escapa. No es que sea demasiado original, no obstante, es la única excusa que el director italiano necesita para amputar, mutilar, degollar, cegar o violar con lanzas afiladas a quienes se cruzan con la protagonista.

Como no podía ser menos, y algo habitual de las películas de Argento, el guión flojea por momentos y los personajes aparecen y desaparecen sin demasiado sentido a lo largo de su desarrollo. Así el policía aparece cuando nos habíamos olvidado de él, o la visita de Sarah al Padre Johaness (interpretado por el gran Udo Kier), es del todo plácida cuando al salir le espera una horda de lunáticos (¿Acaso antes estaban escondidos?).

Mother of Tears no tiene a los Goblin, ni la tensión de Suspiria, ni tan siquiera a Miguel Bosé en mallas. No obstante, esta nueva entrega de Las Madres de Argento supone la conciliación definitiva con un director al que todavía le queda mucho cine en sus venas.

Lo Mejor: Pese a lo repetitivo de su guión, es la mejor película de Argento en muchos años.
Lo Peor: Está a años luz de Suspiria.


 
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