Si has llegado hasta aquí una cosa se te puede asegurar: no te lo vas a pasar mal con ‘Mayhem’. Eso sí, es una película entregada a dos vías que no siempre riman. La primera, hacer la película más entretenida, divertida, cómplice posible. La segunda, ser la más guay del barrio. Siempre que la primera utiliza a la segunda se pone de tu bando y ganamos todos. Pero los instantes en que la segunda se interpone a la primera cae, con toda la buena intención del mundo, en ese subexploit de películas de género que algún iluminado calificaría de “EdgarWrightWannabe”. Problemas de estilo que, por mucho que ponga empeño en aguar la fiesta (te miro a ti, ‘Bloodsucking Vampires’) no consiguen machacar a esta catarsis de violencia entregada, a medio camino entre ‘The Raid’, ‘Trabajo basura’ y el ‘Crossed’ de Garth Ennis.
De este último recupera parte de su premisa, presentando un virus que anula por completo la moral y la voluntad del ser humano. Todos los instintos básicos, desde el sexo hasta la violencia extrema, desatados y sin filtros durante las ocho horas que duran sus efectos. Una oportunidad de oro para Derek (Steven Yeun, el Glenn de ‘The Walking Dead’), abogado recién despedido de su bufete y dispuesto a usar la impunidad que le otorga el virus para acabar con toda la directiva de su ex-empresa. Por el camino hará buenas migas con Melanie (Samara Weaving, la babysitter de, ejem, ‘The Babysitter’), formando un equipo mortal con el que arrasar planta por planta hasta llegar al cabronazo del CEO.
Cabe el tópico de ‘violencia desatada’ como rescate al espectador abrumado. Su primer acto es una llamada a la desesperación, pidiéndote a gritos la empatía con unos personajes que casi, casi casi casi, se nos pierden entre una trama burocrática que no le importa a absolutamente nadie más que a ellos. El carisma de su protagonista se diluye entre los movimientos y sacadas de -sí, venga, lo digo: chorra- que nos alejan contínuamente de su “cruzada”. Pero gracias a Dios, aterriza Samara Weaving. Y la comedia violenta de manual se convierte en algo más: en una odisea empresarial con buen gusto en copiar la estructura de videojuego y en uno aún más refinado para darle tiempo de respiro a su pareja protagonista.
Veréis, es una comedia tosca. No gore, pero sí burra, poco sutil y hasta cierto punto con trasfondo de dibujo animado. Las consecuencias de los actos se definen entre lo que empieza y acaba en la imaginación de Joe Lynch, un zumbao tras la cámara que si se queda quieto literalmente EXPLOTA. Una hiperactividad que quiere ser tu colega y que depende de tu resistencia al molar podrás tolerar en menor o mayor medida. Especialmente inspirado su tratamiento del fondo, siempre caótico y con una gratificante sensación de “se está liando parda” por la que sus protagonistas deben traspasar. Que lástima cuando choca actores delante de la cámara y parece no saber muy bien qué hacer con la acción más tradicional -la escena de lucha ‘entre grupos’ es floja respecto al conjunto-.
Pero que nadie se desanime: ‘Mayhem’ es la fiesta llena de alcohol, drogas y sexo libre a la que sabías te habían invitado. Algo más que una serie B de encefalograma plano, con diálogos entre chispas y una vena cómica veinteañera con la que consumir su metraje a la velocidad del rayo. Impagable si alguna vez se ha pisado una oficina, inmejorable si todavía a día de hoy odias al desgraciado de tu jefe. Pura terapia catártica.
Lo mejor: su estructura de videojuego y, por encima del bien y del mal, Samara Weaving.
Lo peor: es torpe cuando quiere probar formas más tradicionales de acción o comedia.