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Entrevistamos a José Luis Alemán

Tras acercarnos el universo Lovecraft a nuestros cines con "La Herencia Valdemar" y "La Sombra Prohibida", el director José Luis Alemán unió fuerzas con Sergio Molina y Luis M. Rosales para crear el Nocturna Film Festival, un evento que con tres ediciones ya se ha convertido en todo un referentes para los aficionados del fantástico.

Hemos tenido la oportunidad de charlar con Alemán con quien hemos repasado su trayectoria, hablado del futuro y, como no, de Nocturna.





Antes que nada, porque habrás concedido cientos de entrevistas, ¿hay alguna pregunta que nunca te hayan hecho y siempre has querido responder?

J.L.: Ninguna, la verdad es que siempre he tenido suerte en ese sentido, al ser periodistas orientados al cine fantástico es complicado que se quede algo en el tintero.

Segunda cuestión, a razón de la primera, ¿hay alguna pregunta que desgraciadamente te repitan demasiado y no te guste responder?

J.L.: Mmmm, sí, más en el pasado, cuando me preguntaban por la financiación de La herencia. Es un tema complicado para mí, porque fue algo que repercutió negativamente en todo lo que queríamos expresar. A la hora de intentar explicar nuestro deseo de llevar a cabo una propuesta independiente y alejada de subvenciones, no por el hecho de concedernos un mérito extra, sino por hacer una prueba de cómo podía salir, se cayó todo encima nuestro. Fue un lastre en ese sentido.

Comencemos por conocerte mejor en lo personal. ¿Cuándo, cómo y por qué te aficionaste al terror y al fantástico? ¿Cómo eras antes de dedicarte al cine?

J.L.: Lo devoraba todo, desde cine independiente hasta Serie Z. Hay cosas que te gustan más que otras, obviamente, pero no despreciaba nada. He sido siempre seguidor de varias revistas y medios digitales, Aullidos.com, por supuesto (risas), Imágenes de actualidad la llevo comprando religiosamente desde septiembre de 1989, cuando se estrenó Batman. Fotogramas un poquito menos, porque no está enfocada en el Fantástico. Antes de que existiese internet, o te enterabas por los periodistas o te quedabas a dos velas, algo de esa magia se ha perdido.

¿Eres director, guionista y productor? ¿En qué rol te sientes más cómodo y cuál te interesaría potenciar?

J.L.: Como productor, al fin y al cabo, reúnes a tanta gente que tu función se resume en crear un producto, no lo encuentro tan personal. La escritura del guión, sin embargo, es el terreno en el que más estoy mejorando; ahora mismo estoy con un proyecto que he reescrito varias veces, en colaboración con una guionista que me está asesorando con correcciones, refuerzos y enfoques. La dirección es la asignatura que más me interesaría reforzar de las tres patas.

Para muchos aficionados la figura del director y la del productor son como la cara y la cruz de una moneda, se tiende a glorificar al director por sus éxitos y responsabilizar al productor de los fracasos, polarizando un enfrentamiento “Arte VS Industria” ¿Habiendo trabajado en ambos lados para una misma película, qué opinas de esta generalización? ¿Tus labores de producción te coartaron la creatividad, o fue por lo contrario una ventaja?

J.L.: Me causó problemas, pues daba por hecho que tendría una mayor libertad creativa en puntos concretos de la película. No llegaba a entender por qué estábamos tan limitados en algunos aspectos, y dichas limitaciones afectaron a mi trabajo de dirección; en este caso los críticos no culparon del resultado al productor o al guionista, sino al director. La herencia me sirvió para darme cuenta de cómo funciona realmente el mundillo, un revulsivo de cómo no debes hacer las cosas, para ir mejorando y aprender.

Entiendo por tus palabras que en el hipotético caso de rodar La Herencia Valdemar ahora, reseteando lo hecho, cambiarías algunas cosas.

J.L.: Cambiaría prácticamente todo. Algunas cosas no, porque hay detalles que me gustan de la historia, pero sí factores de producción que fueron determinantes. Por ejemplo, recuerdo que se hicieron 500 cajas de cerillas para la película. ¿Para qué puñetas haces 500 cajas si luego no fuma ni Blas? (risas). Eran cosas que no entendía. ¿Qué cambiaría? Me reuniría con un guionista para hacer una historia más coherente, haría una sola película, que fue uno de los principales errores, e intentaría rodarla entera en un contexto antiguo, me divierte más.

Ese precisamente es uno de los rasgos más llamativos de La herencia. Por si no fuera suficientemente arriesgado rodar una película lovecraftiana en España, embebes los Mitos primero en un Gothic Romance costumbrista del S.XIX, y después en un American Gothic ochentero y juvenil. Tres tipos de audiencias para una sola película, ¿cómo se sostiene esta insólita mezcla?

J.L.: El problema que tuvimos fue rodar ambas películas (La herencia Valdemar / La sombra prohibida) al mismo tiempo pero desincronizadas. Rodaba en un escenario para una película y por la tarde lo aprovechaba para la otra, y eso mentalmente supone un shock bestial, te descontrola todo. Para la primera parte buscaba el look clásico del cine de los años 60, ritmo contenido, planos fijos, etc., pero luego se me olvidaba que estaba en la época moderna, de modo que terminaban faltando un huevo de planos para la segunda y sobraban de la primera, y el tiempo era el que era. Así es que existe hora y media de metraje sobrante que tengo ahí para lo que sea.



(Fotograma de Cthulhu en "La Sombra Prohibida")


¿Para aquella tercera parte qué habías pensado, quizás? (risas)

J.L.: No, no, ya no habrá, se la dejo a quien la quiera. Una tercera parte de La herencia no está entre mis proyectos.

Al margen de cruzar subgéneros y temáticas, también reúnes a varios personajes históricos en La herencia: Stoker, Crowley, Borden o el mismísimo Lovecraft, amén de introducir nombres como Valdemar o Eleonor, que cualquier aficionado asocia instintivamente a Poe. Cuéntanos sobre este propósito tuyo de configurar un universo imaginario apoyándote en elementos comunes del Gótico.

J.L.: Me divertía incluirlos en la historia, aunque no obstante, mientras investigaba para escribir el guion, me di cuenta de que la presencia de algunas personalidades estaba justificada, por ejemplo, Bram Stoker tuvo relación con Aleister Crowley, ambos pertenecían a la Golden Dawn, y Stoker llegó a presenciar algunas de sus sesiones de espiritismo.

¿Hubo personajes descartados para la versión final del guion?

J.L.: En efecto, iban a aparecer Arthur Conan Doyle, el autor de Sherlock Holmes, y también el Hombre Elefante; de hecho, originalmente Leonor no llevaba un orfanato para niños, sino para gente rara con algún tipo de problema, lo que ocurre es que por tropecientas mil cosas que vas quitando y poniendo, la idea quedó desplazada.

Pese a la actual fama de Cthulhu, a la altura de Darth Vader o Drácula en la cultura popular, su única aparición cinematográfica antes de La sombra prohibida se reduce a The Call of Cthulhu (Andrew Leman, 2005). Tú lo has adoptado incluso como mascota de vuestro festival. ¿Crees que este hecho insólito de no explotar algo tan comercial tiene que ver con falta de medios, talento, valentía u otra cosa?

J.L.: Nunca lo he entendido. Ni entiendo, por ejemplo, que un director como Guillermo del Toro se quede a las puertas de hacer algo que todos queremos ver. Hay un problema con Lovecraft, que es tremendamente complicado de adaptar. Si metes a un guionista que facilite su comprensión corres el riesgo de edulcorar las historias. Sucede lo mismo con la Atlántida; me contaba un productor de USA que existe una legión de proyectos muertos que tratan el tema de la Atlántida, todos parados, alguno de Steven Spielberg incluso, que por alguna razón prefieren mantener en un limbo.

¿Como Indiana Jones?

J.L.: Exacto, como Indiana Jones and The Fate of Atlantis.

Sobre lo que comentabas del trato cinematográfico a Lovecraft, es cierto que las mejores adaptaciones lovecraftianas son las que abordan al autor de forma tangencial. ¿Qué producciones lovecraftianas de cómic, literatura, cine o videojuegos tuviste en cuenta para dar forma al guion de La herencia?

J.L.: Cómics, en el momento en que estaba escribiendo el guion (2007), había poquísimos, encontraba más que nada fanzines sueltos. Por suerte sí se habían editado numerosas antologías literarias del círculo de Lovecraft y otros autores modernos que adaptaban libremente su universo de forma liviana, como los relatos incluidos en El Necronomicón (La Factoría de Ideas, 2000).

Da la amarga impresión de que rodar algo sobre Lovecraft en España está gafafo. Dagon (Stuart Gordon, 2001) fue la última película de Paco Rabal, y La herencia Valdemar la última de Paul Naschy. ¿Cómo fue trabajar con él? Es sabido que solía implicarse en sus películas creativamente, ¿Te llegó a asesorar en este respecto?

J.L.: Constantemente. Por desgracia Paul estaba muy enfermito en ese momento. Uno de sus consejos fue que contratara a Christopher Lee (D.E.P.), lo intentó personalmente por todos los medios, pero Lee estaba rodando algo importante y no fue posible. También me ayudó con la construcción de su personaje, Jervás, y aguantó como un campeón ciertas escenas que le costaban mucho dado su estado de salud, como subir y bajar las escaleras de la mansión repetidas veces. Una pena que no llegara a hacer un proyecto no-fantástico que le entusiasmaba especialmente: Mi perro Aquiles.

Hiciste una superproducción y luego un cortometraje. ¿Esto no suele pasar al revés? ¿De dónde surge la pesadilla expresionista y misántropa de Hotel?

J.L.: Hotel surgió de las ganas que tenía de rodar con un equipo pequeño, que aunque parezca mentira, conlleva más libertad creativa. En ese entonces había conocido un cómic llamado Hotel, del autor suizo Thomas Ott, que tiene la virtud de hacer cómics al revés, fondo negro y personajes blancos, más la peculiaridad de no incluir diálogos. Me gustó el cómic, le pedí los derechos y lo modifiqué un poquito.

Acerca de Nocturna, Festival Internacional de Cine Fantástico de Madrid. Han pasado ya tres años desde que vio la luz, ¿Tiempo suficiente para un análisis predictivo sobre su futuro con objetividad y autocrítica?

J.L.: El tema con Nocturna es que su futuro depende de cómo avance en cuestiones de presupuesto. Nuestra idea siempre es “encontrar un novio”, porque yo nunca he sido de subvenciones; tal y como está el panorama nacional creo que hay cosas más importantes en las que gastar el dinero, pero sí interesa encontrar compañeros de viaje para poder sacarlo adelante. Poco a poco se van sumando, este año nos ha ayudado Bandai, por ejemplo, y conocemos a varias empresas interesadas para la próxima edición. Otro objetivo sería, independientemente del presupuesto del festival, tratar de conseguir las mejores películas e invitados que podamos, y algo de suma importancia para mí, tratar a la prensa como amigos, como si formaran parte de nuestra propia familia, que es algo muy difícil que a veces ni siquiera el dinero te permite hacer.

¿Qué mejorarías de Nocturna?

J.L.: Hay cosas del festival que no me terminan de convencer. El Pre-Nocturna, por ejemplo, es un añadido que personalmente creo que no aporta demasiado. Por otro lado, a las sesiones de las 17:00 va muy poca gente. También habría que limar las negociaciones con las distribuidoras y sus inseguridades derivadas de las filtraciones en internet, o facilitar las cosas a la prensa. La cuestión es encontrar un punto de conexión en el que todo el mundo esté a gusto, y es muy complicado.

Complicado levantar un festival de este nivel sin apenas ayudas, como lo fue financiar una superproducción arriesgada de tu propio bolsillo; son verdaderas cruzadas. ¿Se debe el nombre de tu empresa, La Cruzada Entertaiment, a esta determinación temeraria por luchar contra molinos de viento?

JL.: Que bah, nada tan épico. En realidad se llama así porque en un principio la oficina iba a estar en la Calle Cruzada (risas).

La idea de la autofinanciación es estupenda, pero se acerca más a modelos de industria extranjeros que españoles (si es que existe uno). ¿Te has planteado saltar el charco para sacar adelante tus proyectos, como han hecho tantísimos artistas españoles?

J.L.: Muchísimas veces. De hecho, si llegáramos a producir otra película, seguramente lo haría fuera, y es una pena, porque en España hay talento a raudales, pero macho, es TAN complicado todo aquí… No entiendo por qué la gente se tiene que ir a Bratislava, como hice yo, para conseguir Bandas Sonoras. Bratislava es una ciudad donde componen BSO para películas, videojuegos, publicidad e identidades corporativas, pero no ponen tantas pegas como aquí en materia de presupuestos, recursos técnicos o burocracia. Otro ejemplo. En USA haces una película y los decorados los realquilas, aquí haces un decorado y luego lo quemas, aplicable a vestuario o maquetas.

Volviendo a Nocturna, y con total franqueza, ¿estás satisfecho con el feedback del público y de la prensa?

J.L.: Estoy encantado, no puedo estar más contento y feliz. En tres años hemos alcanzado un punto de hermandad que se ve y se siente.

Este año la gran vencedora ha sido Liza, the Fox-Fairy (Károly Ujj Mészáros, 2015), una de las poquísimas que no era de Terror. Se ha llevado absolutamente todos los galardones, puede que merecidamente, pero, ¿no deja cierta sensación de no haber tenido competencia, o de qué la salud del género flaquea? ¿Cuáles fueron tus favoritas?

J.L.: Me sorprendió que obtuviese tantos galardones, más que nada, por el horario en que se proyectó, a las 17:00, que no había tanto público. También me sorprendió el premio a mejor guion de Exeter (Marcus Nispel, 2015), porque es una historia que hemos visto cuarenta mil millones de veces. Sin embargo hubo algunas películas de género que sí me gustaron, pero bien por estar fuera de competición u otras razones, quedaron desplazadas, como It Follows (David Robert Mitchell, 2014) o The House on Pine Street (Aaron Keeling & Austin Keeling, 2015). Confieso que me suelen atraer más los cortometrajes, de esta edición me encantó concretamente el corto de ciencia-ficción Aún Hay Tiempo, de la ESCAC.

¿Puedes adelantar algo de esa “gran sorpresa” que anunciaste para Nocturna 2016?

J.L.: Poca cosa, es secreto. Sólo puedo decir que tiene mucho que ver con el poster del festival y con el público.

Festival a un lado, háblanos un poco de esos otros proyectos que tienes en mente.

J.L.: Uno de ellos trata sobre un tema que me divierte mucho, los hombres lobo. Sería una historia de corte clásico, costumbrista, situada en el contexto de los años 20, que cuenta cómo un especialista en licantropía y su hija acogen en su casa a una chica lobo para estudiar el proceso de transformación. Un planteamiento original, diferente a lo que nos tiene acostumbrados el cine de licántropos.

Muchas gracias por tu tiempo, José Luis, y suerte con todo.

Rubén Pajarón.