Sitges 2019: Día 7 ("Adoration", "Come To Daddy", "Synchronic"...)

Siete días completan ya una semana sin descanso de cine fantástico, thriller y terror en los cines de Sitges. Cada vez más cerca de su fin, la selección agota sus mejores cartuchos para los que serán las olvidadas, las joyas o las rarezas a recordar en los próximos años.

Probablemente el peor día de la presente edición, de no ser por un par de títulos que han salvado la función. Uno de éstos ha sido Come to Daddy (Ant Timpson, 2019), la ópera prima del productor de títulos como ABCs of Death, Turbo Kid o The Greasy Strangler. Protagonizada por el siempre interesante Elijah Wood, la película cuenta en forma de irónico thriller el reencuentro entre un hijo (Wood) y su padre (Stephen McHattie) tras el abandono familiar del segundo hace más de treinta años. Pero este retiro paterno-filial se tambaleará cuando papá comience a actuar de forma cada vez más extraña y violenta. Lo que sigue es un juego de violentos giros y peores consecuencias deudoras del cine de los Coen o el After Hours de Scorsese. Notable en conjunto, la película ha gustado en general, aunque no ha apasionado a un público que la categoriza, mayormente, de “simpática”.

Cine de terror marroquí es lo que ha continuado con el despliegue de la sección oficial. Achoura (Talal Selhami, 2018) es la historia de un monstruo infantil, uno que marcó la amistad de un grupo de niños para toda la vida y al que tendrán que enfrentarse una vez pasados los años. Si lo primero que has pensado es en IT al leer esto… probablemente tengas razón. Otros la categorizan como un Stranger Things exótico. Pero casi todos, por desgracia, lo hacen con bastante falta de entusiasmo. Título menor que inauguraba la jornada de decepciones que se venía a continuación.

El belga Fabrice du Welz es un viejo conocido en Sitges. El impacto de películas como Calvaire o Alleluia lo hacen una siempre interesante opción a la hora de elegir apostar por su visión de la maldad del ser humano, la violencia o las relaciones tóxicas. Y todo esto parecía tener Adoration (Fabrice du Welz, 2019), su película sobre el amor fou de dos adolescentes (él, un chico sensible; ella, una chica con esquizofrenia) y su huida criminal a través de la naturaleza. El resultado ha sido digno de la hora en la que se programaba: la de la siesta. Un drama bastante aburrido y simbología obvia (ese pájaro…) que ha machacado a la audiencia de la tarde. Grave bajón.


(Adoration)


Pero había más. Portadora del premio a mejor dirección en el pasado Fantastic Fest, las apuestas por Pelican Blood (Katrin Gebbe, 2019) eran de las que hacen sonar el río: la madre adoptiva de una pequeña de cinco años se verá en una encrucijada cuando su hija comience a practicar actos cada vez más violentos y anti-sociales. De nuevo, dramón familiar rodeado de frío demasiado cercano a algunas tv-movies del mismo país de origen (Alemania). A pocos les ha parecido interesante; a demasiados, un pinchazo.

Menos mal que la noche ha dejado al festival con buen sabor de boca con Synchronic (Justin Benson & Aaron Moorhead, 2019), la nueva cinta de los directores de las estupendas Resolution, Spring y The Endless. La película, una modesta historia sobre dos paramédicos cuyas vidas se cruzan con una droga capaz de hacer viajar tu mente atrás en el tiempo, ha recibido una calurosa acogida en todos los pases de Sitges hasta el momento. Una bonita historia sobre la amistad, simple y original, como ya nos tienen acostumbrados sus directores.


Hoy aterrizará una de las propuestas más raras del festival con lo nuevo de Quentin Dupieux, Le daim, así como la japonesa We Are Little Zombies, el body-horror intimista de Swallow o el terror indie de Girl on the third floor.