Imago Mortis y allí entrevistamos a Alex Angulo.' />

Entrevista a Alex Angulo


De baja estatura y con aspecto algo cansado, Álex Angulo parece a punto de marcharse cuando me presento para entrevistarle. Sin quejas de por medio, me lleva hasta el sofá donde había contestando las mismas preguntas, o muy parecidas, durante más de una hora y se sienta cómodamente junto a mí, como si fuéramos amigos que se han encontrado después de un par de meses hasta el cuello de trabajo: con las piernas cruzadas, una mano sobre ellas y el otro brazo apostado cómodamente en el respaldo, contesta a las preguntas solícito y apasionado.

Lo más llamativo es que el tono decidido con el que hablan muchos de sus personajes, ese poso autoritario que su personaje de “Caligari” en Imago mortis exhibe en las escasas pero importantes líneas de diálogo que tiene, desaparece. Álex se entrecorta, demuestra ser una persona inquieta y afable, bastante alejada del papel por el que le entrevisto. Mira a los ojos y se desvela como alguien sencillo, en las antípodas de lo que uno podría esperarse de un actor de su carrera y talento, que nunca pierde de vista su vida personal.


¿Qué es lo que te llamó la atención de tu papel en “Imago Mortis”?


Me gustó mucho el guión que me ofreció Stefano. Y luego hablando con él me pareció una persona muy interesante. Creo que es su segunda película… bueno, no me fijé si era su primera o su segunda, o si era un buen director, pero me parecieron muy interesantes el guión y él como persona, así que me tiré a la piscina.





Entonces, ¿no tenías ninguna referencia de él como director?


No, pero luego empecé a buscar información de él en Internet. Supe que también era dibujante. Es muy tímido, y no se atreve a presentarse: nunca nos enseñó su currículum. Me gustó, al buscar, su mundo tan personal, y creo que la película es muy suya… el personaje de Amarilla me recuerda a él.

En la película todos los personajes están obsesionados con algo… su personaje, en concreto, está obsesionado con cualquier forma de cine.


Cuando leí el guión no me pareció una película de terror, aunque tenga hechos terroríficos, y se ve hasta donde llega uno por sus convicciones: ese punto macabro que todos tenemos en la cabeza, en nuestras fantasías…

Mi personaje no tiene límites, ha traspasado la barrera en que deja de ser una fantasía para ser una macabra realidad. Encima, incita a otros a hacer el trabajo sucio para no involucrarse.

¿Tenía algún referente para su personaje, dada la pasión de éste por el expresionismo alemán? ¿Cómo construyó su papel?


Por supuesto, el propio expresionismo alemán, que forma parte de la carne y el pensamiento de este personaje… su escuela se llama Murnau, a él le apodan “Caligari”… Él está anclado en esta época, y la película evoca este tipo de cine. Los personajes han pasado de ser mitómanos del expresionismo a ser unos oficiantes, por así decirlo.

Para la construcción de un personaje he llegado a basarme en objetos. He tenido algún personaje al que le daban coherencia sus gafas, el vestuario que me habían puesto…

¿Se siente cómodo en el cine de género?


Sí, me parece un ámbito interesante para trabajar y crear personajes. Tampoco hay que obsesionarse, no hay que acabar en Bela Lugosi o quedarse en Tarzán… es muy sano hacer otro tipo de cine, igual que darme algo de tiempo para descansar y evitar traspasar ciertas fronteras.

Estamos entreteniendo a la gente, y creo que los directores imaginan estos mundos para hacer pensar a la gente, no para que se cuelguen.

Le hemos visto en cine, cortometrajes, series… ¿hay algún medio que prefiera hacer?


Empecé haciendo teatro, y llegué a creer que mi vida era el teatro. El caso es que llevo mucho tiempo haciendo televisión y me gusta este medio, porque es más inmediato, una mezcla entre teatro y cine. Por otro lado, en el cine prima más lo visual y es más un trabajo de equipo, cuenta la luz, la música, el vestuario... te pone en tu sitio, al ver que hay tanta gente detrás y tú sólo ayudas a que todo sea bueno. Así que cada medio es diferente y tiene sus normas. En el teatro, por ejemplo, preparas más los personajes, es una interpretación mucho más profunda y tienes que interiorizar más tu papel.





De todos modos, me gusta ir cambiando, y las tres cosas te enriquecen. No me gusta anclarme, y también es importante no perder de vista tu vida personal. Por tanto, no sabría decantarme, cuando trabajas en un medio añoras el otro y deseas volver al anterior.

La suerte que tengo es que trabajo con directores con mucho talento, que enriquecen mucho los personajes de sus historias. Stefano es un tipo privilegiado.

¿Sabe si el director le tenía en mente a la hora de crear el guión? Parece escrito para usted.


(Risas) No sé si esas cosas se deben decir, pero sinceramente no lo sé. Mejor que se lo preguntes. Muchas veces se intenta dar glamour a estas cosas, pero hay veces en que la casualidad es un elemento importante.

Recuerdo alguna película, y no voy a decir cuál es, en la que yo dije que no porque no me gustaba, y luego resultó ser un éxito, y el actor que hizo el personaje fue un acierto. Si lo hubiera hecho yo la hubiera cagado. Esa casualidad en la que dije que no provocó que el personaje fuera interesante.

¿Nos puede hablar de sus próximos proyectos? ¿Va a seguir haciendo cine o volverá a la televisión?


Quisiera seguir en el cine, y voy a seguir haciendo cortos como llevo haciendo siempre, porque es mi pequeña aportación al cine y a la gente que empieza, que se piensa que teniendo a un actor consagrado le va a dar mayor serenidad. No soy la solución de nada, ni voy a solucionar su película, pero me parece un detalle para ellos.

Estos principiantes luego pueden ser unos grandes maestros, y al fin y al cabo todos estamos empezando con cada nuevo proyecto. Hay que aceptar estas cosas.

También hay que aceptar el paso del tiempo: ya no puedo aceptar un papel de galán, en todo caso de padre del galán (risas). Esta es el toro que tenemos que torear en estos momentos.