Terror Botánico



1. La pequeña tienda de los horrores (Little Shop of Horrors)

Dirigida por: Roger Corman (1960) / Frank Oz (1986)

Una Venus Atrapamoscas del espacio exterior, enorme en tamaño y carisma, protagoniza este clásico de Corman, transformado más tarde por Frank Oz en un glorioso musical que también encontró su hueco en los teatros.

Seymour, un retraído florista desafortunado en el trabajo y en el amor, ve como su suerte cambia tras comprar una pequeña planta carnívora en un bazar chino. En teoría la planta procede del espacio, teletransportada a la tierra durante un eclipse solar.

Sea como fuere, Audrey II (como Seymour la bautiza en honor a su compañera de trabajo) hace que la tienda se llene de curiosos y el negocio suba como la espuma. Cuanto más crece la planta más clientela atrae, pero no todo son buenas noticias. Seymour descubre que Audrey II puede hablar (y cantar) al tiempo que conoce sus macabras exigencias. Para crecer necesita alimentarse de sangre, y para obtener dicha sangre necesita que Seymour le lleve cadáveres al sótano.

Valga de anécdota, la película de Corman fue explotada previamente en la espantosa cinta softporn “Please Don’t Eat My Mother" (1971), donde la planta carnívora comparte metraje con aleatorias escenas subiditas de tono.



2. La Semilla del Espacio (Day of the Triffids)

Dirigida por: Steve Sekely (1962) / Ken Hannam (1981) / Nick Copus (2009)

Nadie conoce el origen de los Trífidos. Algunos dicen que sus semillas vinieron del espacio, otros que fueron producto de experimentos bioquímicos. Al principio se usaban para extraer de sus tallos un aceite mejor y más barato que el del pescado; más adelante, al comprobar que se alimentaban de moscas y otros insectos, todo el mundo quiso tener un Trífido en su jardín.

Las extrañas plantas evolucionaban rápidamente, cimbraban para comunicarse, y pronto empezaron a moverse con autonomía propia. La gente estaba demasiado entusiasmada con sus nuevas “mascotas" para darse cuenta de que los roles estaban cambiado. Los Trífidos (bautizados así por su base triangular) habían adquirido una malsana inteligencia, y podían cegar a las personas clavándoles el aguijón de un largo apéndice que enroscaban en lo alto del tallo.

El Gobierno obligó por ley podarles el aguijón, pero como al hacerlo su aceite perdía calidad, algunas empresas optaron por fabricar trajes reforzados para sus trabajadores.

Una noche millones de luces inundaron el cielo. Gran parte de la población mundial quedó ciega al contemplar el extraño fenómeno, sólo unos pocos conservaron la vista. Los Trífidos crecieron hasta alcanzar 2 metros, y siendo mayoría, aprovecharon para masacrar a los humanos y devorar su carne descompuesta.

Tanto la película como las miniseries de la BBC son adaptaciones de la novela “El Día de los Trífidos" de John Wyndham, que encontró su secuela literaria en “La Noche de los Trífidos" de Simon Clark.