El Nombre de la Rosa


“Todos los libros nacen para ser probados, algunos para ser degustados, pero muy pocos para ser tragados y digeridos”
Umberto Eco

En toda época de la humanidad, existe una batalla de intereses por establecer un dominio simbólico o concreto sobre las poblaciones. A partir del siglo XVIII, por medio de la Ilustración, o incluso antes, la batalla se juega en el tablero del discurso científico, quien puede probar más hechos sea de manera racional o empírica es quien se queda con el discurso. Al día de hoy sólo confiamos en lo que podemos ver, o al menos en lo que creemos que nos pueden probar, y sentimos que la salida de estos lugares, que son base de nuestro pensamiento, nos deja sumidos en nuestro infierno, es decir la irracionalidad o la incoherencia del error, el peor castigo posible para una ideología que colocó al hombre en el centro del pensamiento.

Sin embargo en la Edad Media los valores que se manejaban eran sustancialmente distintos, a pesar de que el hombre era el mismo; con esto me refiero a que a pesar de que la forma de pensamiento y los valores que movilizan al ser humano eran otros ese afán de poder siempre recorrió a las personas, al menos a una buena parte.
Pero dado que el pensamiento era otro, la forma de dominar las instituciones más importantes de un estado, también era muy diferente, si hoy tememos caer en el error como es sabido en la Edad Media el miedo era caer en el infierno, el fin del mundo, el castigo eterno, tan magníficamente retratado por Dante Alighieri.

La iglesia ejercía un atosigante dominio sobre su rebaño, a finales del siglo X gran parte de los seres humanos esperaba de manera resignada el fin del mundo. Debido al el horror a la muerte la posibilidad de salvarse a través de la religión y la vida supraterrena eran el único consuelo posible, el terror engendraba miedo, el miedo engendraba la copa de poder de la cual bebía la iglesia. El Quiliasmo (o mileranismo, denominación del año 1000) cargaba ese miedo al Apocalipsis que supuestamente se acercaba, esta fecha fue un poderoso propulsor de la fe cristiana, y la iglesia movía las montañas de la fe la gente.



(Un fotograma de la película de Jean Jacques Annaud)


Como sabemos el mundo siguió siendo mundo, y las profecías apocalípticas quedaron como una falacia, la reacción fue de tranquilidad, pero luego se dio paso a un acontecimiento crucial en lo que sería el arte y la sociedad en lo que quedaba de la Edad Media, el carnaval; la muerte del miedo a través de la risa. Como recupera Mijail Batín en su estudio La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento el orden de la sociedad se invertía y las categorías desaparecían, las jerarquías de perdían, el pobre podía burlarse del rico, el esclavo de su amo, y el bufón de su rey. Por supuesto que el nuevo pensamiento, mucho mas valiente y arrogante que antes de la supuesta llegada del Apocalipsis había perdido el miedo a la muerte, el paraíso cristiano se había devaluado notablemente, el carnaval fue un poderoso estímulo para muchas formas de arte.

La literatura, lugar por excelencia de la subversión del poder, por supuesto no se iba a quedar de brazos cruzados, gran parte de las obras que recorren la edad media llevan impresa en sus letras la marca distintiva del carnaval, ese rasgo burlesco que descaradamente ridiculizó los postulados mas solemnes establecidos durante tantos años por el pensamiento secular.

Como recupera Bajtin, Francois Rabelais es uno de los que mejor expresó en su obra la hilarante sensación carnavalesca, muchas de las operaciones literarias que podemos encontrarnos en Gargantua y Pantagruel dejan en claro el espíritu de gran parte del pueblo, el miedo al infierno, si bien no se había extinto del todo (nunca lo hace) ya había atenuado mucho sus flameantes llamas de punición.

Por otra parte, varios siglos después Umberto Eco, a través de la maravillosa ficción que permite reinsertarse en cualquier época de la historia, escribiría un libro “anterior” a Gargantua y Pantagruel que daría cuenta de lo que sucedía en Italia en el siglo XIV, gran parte de los conflictos que sucedían en los distintos niveles sociales quedan retratados en El Nombre de la Rosa.

A continuación realizaremos un análisis de la situación referida, que puede verse reflejada en la novela de Eco y a pesar de estar escrita 400 años después, puede dar cuenta de lo que sucedería en la obra rabelesiana. Para esto recuperaremos los artificios literarios llevados a cabo por Rabelais con los cuales se altera la idea secular de infierno, y por ende gran parte de la estrategia de dominación clerical.