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Nocturna 2015: Resumen del día 4

Si en la variedad está el gusto, este cuarto día de Nocturna 2015 debió de gustar mucho. A las 11:00, como cada mañana, se convocaron tres presentaciones en el saloncito de la FNAC. La primera fue sobre literatura, Javier Cosnaba explicó, no sin cierta excentricidad, el proceso creativo que le llevó a escribir Zombies en Leningrado, editado en la línea Z de Dolmen. Justo después, a puerta cerrada y con prudente secretismo, comenzó la charla de The Last Showing, que vino con sorpresa; el protagonista de la película, Robert Englund, acompañó a ese joven director que tanto idolatra, Phil Hawkins, y entre ambos nos hablaron de los orígenes de la película, de la influencia del postmodernismo en el cine de terror actual y en la propia The Last Showing, que establece una comunicación sutil entre el cine clásico y el moderno, acompañada de mil referencias y guiños estético-narrativos a títulos conocidos del género. Hawkins aprovechó para adelantar algo de su inminente "The Four Warriors", y dejó caer que ya estaban trabajando en el guion de una secuela de The Last Showing. Finalmente, Luis Rosales presentó a los chicos españoles de Don’t Speak, que se proyectó el mismo día, Amadeu Artasona (director), Melina Matthews y Liliana Cabal (actrices) y Francesc Prat (productor). Esta ópera prima, levantada con gran esfuerzo y prácticamente nulo presupuesto, está influida, según Amadeu y Francesc, en Tiburón o La semilla del diablo, aunque por la descripción a muchos se nos pasó por la cabeza Quien puede matar a un niño.

La mentada variedad de la parrilla comen"zó en las primeras proyecciones de la tarde. En la Sala 2, sección Focus, la mexicana "Paciente 27 (Alejandro G. Alegre, 2010), una historia sobre trastornos psicológicos y tratamientos experimentales que vira a cuestiones más turbias; según comentarios, este giro en el tono y en la historia llega un pelín tarde, se pone interesante a pocos minutos de acabar, pero aun así se deja ver y tiene algunas escenas escalofriantes.

Mientras, en Sala 1, pondría la mano en el fuego asegurando que todos y cada uno de los espectadores que vimos Liza, The Fox-Fairy, del húngaro Károly Ujj Mészáros, salimos enamorados a su término. No de terror, aunque con una fantasía oscura envolviendo las subtramas que nutren el hilo principal, esta fábula japonesa contada por un húngaro con dejes del francés Jean Pierre Jeunet, es fascinante en continente y contenido, una comedia romántica surrealista y entrañable que anima al aplauso y a la risa sana, aun subyaciendo en las formas una tragedia descorazonadora que hace que funcione tan bien.



(Imagen de Hellmouth)


Las dos siguientes, "Infiny" y "Hellmouth", igualmente dispares en todo, ofertaron al público ciencia ficción y terror fantástico respectivamente. Bueno no, en todo no, si algo tienen en común es que ambas se hicieron pesadísimas y densas, a sus distintas maneras, pero densas. La una por su exceso de cháchara confusa e intensa, pese a no pasar nada realmente en la mayor parte del metraje, la otra por ser la intro CGI de videojuego más larga y cansina de la historia, quien ha jugado a cualquier Hack&Slash de la anterior generación de consolas ya ha visto Hellmouth, solo que sin la gracia de la jugabilidad, y con más infantilismos si cabe.

Don’t Speak, tal y como avanzamos en el primer párrafo, se proyectó a las 21:45 de la noche; quienes que habían sido advertidos de la modestia presupuestaria y técnica de la película se llevaron una sorpresa, no precisamente para bien, aunque a sabiendas de ello, bastante han conseguido moviéndolo por festivales.

Al otro lado del cuadrilátero, la superproducción palomitera de Marcus Nispel, Exeter, cumplió con su cometido, aunque a primera vista no pareciese una parodia del cine de posesiones. Esta subnormalada enorme para adolescentes tiene puntazos de humor y gore que hizo que aplaudiéramos con sinceridad en muchos momentos, quizás por el agradecido contraste con las oscuras, baratas y sombrías indies que dominan la parrilla. Chorradas a mansalva, acción palomitera de manual y gore de diseño, como viene siendo habitual en el director, que no defrauda porque tampoco se espera más de él a estas alturas.


Exeter
(Imagen de Exeter)


La sesión golfa, por fin en Nocturna, se inauguró con la mejor película del día para el que escribe estas líneas, consciente de ser de los pocos a los que no les ha desagradado por lo uno o por lo otro. El spinoff de Found abre las puertas a una comparativa, ya posible, entre el retro de mentira y el de verdad, y entre el gore de mentira y el de verdad. Doble hito, conseguido con creces en ambas ambiciones. Con una cartelera saturada de retroexplotaciones grindhouse en los últimos años, se agradece una que salga del edulcorado homenaje postmortem que le dan muchos autores, alumnos de la escuela de Tarantino y Rodríguez, ya no para establecer guiños nostálgicos, sino para arrimarse a esas películas perdidas y prohibidas de los 70 en todos los aspectos. Headless no fuerza lo retro a base de meter sintetizadores bonitos, un puñado de efectos vintage en la sala de montaje o ponerle pantalones de campana y hombreras del Zara a la nueva niña pija del Disney Channel, nace fuera de su tiempo para arrimarse visual y espiritualmente a películas infames, apestadas y nasties de los 70 como Mardi Gras Massacre, Bloodfreak, Three on a Meathook, Carnival of Blood o Drive-in Massacre. Películas que hoy día (y en su tiempo) no son del agrado de los espectadores, ni siquiera de los seguidores del género, por la guarrería y cutrez. El rechazo masivo al terminar la proyección concede el broche que necesitaba Headless para triunfar en su cometido y ratificar el excelente trabajo de Arthur Cullipher como imitador. El gore que ofrece, por otro lado, es excelente, enfermizo y abyecto, gore del incómodo, no del de mentira, ese gore de diseño (valga la mencionada Exeter de ejemplo), que busca las risas, los aplausos y la complicidad del público, y no el asco y el rechazo, que recordemos, es el verdadero objetivo del gore.